lunes, 8 de octubre de 2018

Carta a nosotros

Daián:
Escribo esto con anticipación, porque me conozco y sé que cuando llegue el momento,las palabras van a estar revueltas en mi cabeza.
Primero quiero agradecerte por esperarme, por amarme con todo el tiempo del mundo, por crecer a mi lado y también dejarme crecer.
No sé que nos espera, solo sé que tenemos que tenernos paciencia y tratarnos siempre con amor. No va a ser fácil desde el principio, van a haber cosas mías que no te gusten, cosas de vos que no me agraden. Deseo que al final de la noche me abraces para descansar, sea cual sea el resultado del día entero.
Que nunca nos vayamos a pelear dormidos, y que no nos olvidemos de pedirnos las cosas con amabilidad.
Nuestra relación siempre se basó en la confianza y en el respeto. Tiene que seguir siendo así.
Vamos a encontrar cosas nuevas, un  país y otra cultura. Seamos permeables, no juzguemos sin antes conocer, probemos distintas bebidas, leamos otrxs autorxs, veamos películas representativas de México, vayamos a museos, caminemos por barrios, veamos cada detalle de otras cosas. Seamos amables con los desconocidos.
Esto es muy importante para mí, por el hecho de que lo estamos haciendo juntos, y nos estamos animando a más.
No sé que hay detrás.
Solo sé que quiero algo, vos y yo, la casa y el perro. Un pasaje en mano, un compañero a mi lado. Juntos siempre, aunque sea un cliché. Sos el ser humano que más amo en este planeta.
Gracias por elegirme como tu compañera.

martes, 2 de octubre de 2018

Un poema que no sé escribir


Si supiera hacer poemas, le escribiría uno al licuado de banana. Soy hija de padres separados, y eso para mí representó por muchos años la ruptura de lo que significaba tener un hogar. Cuando era chica mamá solía hacer licuado, era una época, un momento específico del año en donde tomábamos los cuatro, un vaso cada uno.
Los días de calor mamá le ponía cubitos de hielo a la mezcla, para que quedara fresco y espeso. Fue así que por muchos años merendamos eso, y su combinación lograba ser infinita; tostadas con queso-mermelada y licuado, galletitas dulces y licuado, tostados de jamón y queso con licuado.
Cuando mi hermano y yo crecimos, cada uno logró hacer su propia mezcla. A todos nos salía distinto. Había veces que Luccas se hacía una jarra entera para él, con la comida siempre fue un poco egoísta, después en los demás aspectos de la vida se mostró como una persona generosa.
A veces mamá hacía licuado y me dejaba un vaso en la heladera, porque tal vez yo no estaba en casa y esa era su manera de decirme que me quería, o que había pensado en mí.
Mientras volvía del trabajo me di cuenta que el día estaba lindo, y que había comprado unas bananas hacía unos días. Ahora soy yo la que toma licuado sola, y entiendo que el hogar no es un espacio físico, sino una sensación, como cuando te quedan los bigotes blancos después de terminar un vaso.
Creo que ser feliz era eso, tomar licuado.