viernes, 29 de mayo de 2015

Libertad



  Tengo ganas de ser un caos incontrolable en tus brazos; de que me entiendas por debajo de las escamas de mi piel, de que me sostengas la mirada y seas capaz de llegar a tocar mi alma. Tengo ganas de tener ganas de vos, de que esas ganas no se difuminen con el tiempo, de que seamos eternos en el sentido infinito de la palabra. Tengo ganas de volar con los pies en la tierra, tengo ganas de tu humo, tengo ganas de tus ojos impredecibles y tu humor ácido y perspicaz. Tengo ganas de dormir en tu cama y que no pase nada, y a la vez todo. Tengo ganas de que me acaricies el pelo mientras cierro los ojos y disfruto de tus dedos. Tengo ganas de que nunca me leas pero que a pesar de todo sepas esto. Tengo ganas de que te quedes a mi lado, o de que vuelvas (porque ya estuvimos en otra realidad). Tengo ganas de que te rías hasta llorar, y que me beses despacio a modo de confidencia. Tengo ganas de que no me broten estas cursilerias de los dedos, pero ocurre, sin querer, por arte de magia, a modo de disculpa a mi corazón. Esté no quiere enamorarse... pero es tarde.

martes, 26 de mayo de 2015

Enfoque acuoso



  Mi punto de ebullición creativa culmina rondando las doce de la noche, aunque generalmente siempre tiendo a escribir sobre lo mismo. Soy monotemática, sí, pero porque mi cabeza fabrica amor constantemente. Ilusiones. Nací para vivir en la luna. Hablando de nacer para algo, sé que nací para algo importante. Eso espero. Eso quiero. Tengo tantas ganas de triunfar en la vida, que a veces ese mismo deseo me apaga el hoy. Tengo la objetividad de una mosca, voy de sopa en sopa. Y hablando de objetividad, de enfoque, también quisiera decir.....

lunes, 25 de mayo de 2015

BBV



  Buena
  Bonita
  Virgen

 Hay un lema que más o menos dice: Bueno, bonito y barato; pero en mi caso, de afuera los hombres ven doble b uv. (BBV). O eso me dicen mis amigas, o más bien una amiga. Quisiera creer que esa no es la descripción que define en totalidad mi manera de ser, aún así, la imagen que uno supone que esta proyectando, más bien es una cosa borrosa frente al agua.
 Soy una tonta niña rosa. De esas que de tantas películas de amor que vieron en el transcurso de sus años, terminaron con el cerebro teñido en idealizar lo que sería algún día el amor de mi vida. Romántica empedernida. Romántica estúpida digamos. Considero que hay un punto de autodestrucción que llega luego de una crítica, es decir, no hay manera de tocar fondo a menos de que alguien te lo haga notar (o eso supongo).
  Me equivoque, o tal vez no, quien sabe. Lo único que sé es que creo demasiado rápido en lo que puede llegar a ser el proceso de enamorarse. Será que para mí no es necesario que pasen tres meses para decirle a la persona que lo amo. Y con esa misma intensidad, mueren las cosas en mí. Por que nunca volví a querer a alguien como ese día que me encontré al chabon en el boliche y le rogué por poco que me abrazara. Le rogué que me quisiera sabiendo que estaba con otra. Le rogué que me diera besos. Rogué. Rogar. Que palabra de mierda. Uno en el amor no debería rogar.
  Buena. Esa palabra medio que se mimetiza con BOLUDA. Soy buena y boluda. Buenuda.
  Bonita. Ponele.
  Virgen, y si, con esas dos cualidades anteriores, es obvio que mi virginidad sigue intacta hasta que alguien deje de tratarme como una buenuda linda, y empiece a decirme que soy hermosa e inteligente.
   Estoy enojada con mi fantasía interna.

Serendipia



 Estamos en una ciudad que algunos conocemos y otros no, pero al fin y al cabo, recorremos. Conocemos. Es la despedida. Estamos manija. Nos cambiamos, arreglamos, maquillamos y salimos. Hay que hacer previa. Subimos al primer piso del hostel y están todos en un pequeño espacio tomando. Botellas de alcohol sobre una mesa de luz de madera. Limones cortaditos en rodajas. Sal. Vamos que se viene el primer shot. Segundo. Tercero. ¿Fume? Fume. Dicen que fume. No lo recuerdo. Empieza el momento en blanco que no logro recordar. Dicen que mostré mis tatuajes, no me quiero imaginar que hice... tenia un vestido y estos están escondidos.
  Hay un pibe que es la misma ciudad que yo, lo fiche, al principio me pareció agrandado, porque tenia una campera de cuero y fumaba puchos arriba del micro. Pero la primera noche hable con el, no es como parecía ser (o yo me imaginaba). Ya me incerte en conventillo mendocino, ahora parezco uno de ellos, prejuzgando sin conocer. Que mal. Que mala actitud. El pibe me pasa tequila, y yo ya me había tomado un vino o dos sola. No recuerdo.
  Salimos del hostel y vamos a un festival (esto va por reconstrucción de la gente), me quede con el pibe. Me enamoré de él. Me cuida. Me quiero ir y me persigue. Estoy borracha y loca en una ciudad que conozco, y tengo un chabon que me cuida. Que lindo.
  Acá empiezan mis recuerdos.
  Estamos en una esquina, esperando el micro para ir a una fiesta. Estoy abrazada a él. Dicen que me colgué de su hombro y no me solté en toda la noche (puede que sea verdad). Vamos a la fiesta y estoy cansadisima, en algún momento el cuerpo cede. Ser joven a veces no es sinónimo de energía en mi. Me alimentaron a base de ensaladas. Estoy haciendo un esfuerzo sobre humano por recordar. Flashback. Estamos en la cocina y el toca la guitarra. Uh, con lo que me gustan los músicos. Los malditos músicos son mi debilidad. Canta. Encima canta. Y me sonríe. Creo que acepte un fernet. No sé como pero terminamos en un sillón abrazados. Y el me habla de cosas que ahora recuerdo a medias. Somos de la misma ciudad y nos conocemos en la capital, pero vivimos en otro lugar. Es un flash. No puedo dejar de flashearla con él. Siento una conexión. ¿Nos conocemos de antes?
   Su campera a cuero tiene olor a cigarrillo. El maldito cigarrillo que tanto odio pero que por momentos me gusta dependiendo la persona que lo fuma. Toda su coraza de James Dean se desarma a medida de que pasan los minutos. Como me gusta que me cuide. Me gusta él. Nos volvemos en un taxi al hostel. Llegamos. Le doy un beso. Le digo que me voy. Me dice que durmamos juntos. Lo miro mal. Ya no confió en los hombres cuando hablan de dormir. El me dice que confié, que solo vamos a dormir. Tiene razón. Me abraza y únicamente dormimos. Quiero dormir por siempre con el. Flasheo amor. Flasheo fuerte. ¿Esto es real?.
   El amor. Amor. Amar. Idealizar. Enamorarse. Querer. Cuidar. Sentir. Besos. Abrazos. Dormir. Cruzarse. Nunca volver a ser los mismos. El viaje de la serendipia.

sábado, 16 de mayo de 2015

51 naranjas



  Las personas incompatibles pueden llegar a coincidir en tiempo y espacio. Los polos opuestos se hallaban bailando en un metro cuadrado bastante próximo y considerable.
>> Tenías una camisa a cuadros que quisiera quemar en lo posible, y en el planeta tierra sos y serás el peor bailarín que se podría pedir, aún así no podía ignorar el hecho de que algo más allá de lo físico me atraía. Una conexión magnética e invisible, casi palpable de hecho. Sabía que nunca ibas a dar el primer paso, o tal vez soy tan ansiosa que lo quise dar yo... ¿o fue mutuo?. No lo sé, porque aunque no tomé demasiado, varios recuerdos se encuentran ensimismados. Mi memoria no funciona tan bien como antes, sin embargo hay un recuerdo que te conté, pero para llegar al hecho, primero tengo que seguir  con nuestra secuencia.
   Nos besamos, te bese, me besaste. Sé que cuando pasó no podía despegarme de tus labios. Sé que tenía más ganas de encontrarme recostada sobre tu torso, que escuchar la música industrializada de ahora. Nos fuimos ¿cómo?. Tampoco lo sé. Sé que caminamos a la salida y minutos antes de atravesar el umbral, una compañera no tan compañera se río y me dijo "¿te vas con el chabón?" (juraría que por un momento sentí vergüenza). "Con las manos en la masa" - pense.
>> Pasamos al lado de un taxi y dijiste de tomar uno. "No tengo plata" te respondí, "no importa", me contestaste. Nos subimos, y le diste tu dirección al chofer. De repente mi corazón comenzó a palpitar con más intensidad ¿acaso estaba yendo a la casa de un hombre a la madrugada?. Nunca lo había hecho, tampoco me negué desde un principio. En realidad quería, aunque tenía la perfecta excusa de que vivimos a dos cuadras, lo cual sigo deliberando si es suerte o no.
  Recuerdo que la última vez que me subí a un taxi con un hombre, fue con mi primer amor de la adolescencia. La escena era realmente similar. >> Ambos luego de una noche de alcohol se encuentran en un auto ajeno dirigiéndose a una dirección que poco importa. En realidad el trayecto es lo divertido. Sentir como se mece el vehículo debido a la velocidad, y como la imagen del exterior se difumina si me enfoco en tu rostro, o como el estrecho asiento trasero es perfecto para acortar distancia entre los dos. (me fui de tema, como de costumbre relaciono recuerdos con personas que no tienen nada que ver en común)
  Volviendo a anoche, perdí el celular, mi billetera, también un poco de mi dignidad. Sí, cuando nos tiramos al sillón color ocre de tu casa naranja. Por momentos me irritaba tu falta de charla, a veces me preguntaba si en realidad yo en ese preciso momento te gustaba. Supongo que sí te gusto, lo que ocurre es que soy tan perfeccionista que no puedo tener las cosas tan enquilombadas, y vos me acabas de dar vuelta el tablero. Ahora mismo tengo abierta tu conversación de facebook para ver si me escribís. Todavía no. ¿Cuándo te vea te saludo con un beso en la boca o en la mejilla? Duda existencial.
Quisiera creer que esto es una fase y que después vamos a avanzar. Ya estoy hablando en plural... perdí todo mi albedrío del yo. Te odio, te odio, te odio. Odio que tus besos sepan tan bien y que aún así no seas capaz de preguntarme como estoy al día siguiente (horas antes me chapabas como si no hubiera un mañana). ¿El mundo de los adultos es así? Porque últimamente en la semana no hice más que recibir bofetadas de la señora vida, a lo que mi vieja responde "siempre te vas a encontrar gente así", "bienvenida al mundo", "así es la vida", entre otras frases reiterativas que me dan ganas de tirarle café en la almohada.
   Gracias por pagar el taxi y acompañarme a mi casa. También por esos besos. Nos vamos de viaje el jueves. Tengo que aprender a dejar que las cosas fluyan. Enseñame. Siento que te quiero. Tu perro se llama Bobby, y es tan bueno como vos. Te gusta el color verde. Tus ojos son verdes. Te dejaste la barba porque sabes que me gusta. A veces nos encontramos en el micro verde. Verde, tu aura es de ese color, pero cuando nos besamos somos naranja.
   
>> Hay una especie de comunicación pactada cuando estamos en el momento de silencio. Hablamos despacio, y en lo posible no llegamos a emitir palabras, pero te quiero decir cosas, y quiero que vos me digas cosas lindas.

- "Cuando iba al colegio, me tomé el 51, vos también, nos miramos un rato. Nunca más te vi"

Bobby



   Me besa sin querer en la comisura derecha, y por un momento recuerdo "el beso escondido" de Peter Pan. Ambos compartimos uno de esos. Considero que son más poderosos, porque se encuentran debajo de la piel o mejor dicho, al lado del alma.
   Naranja, nos besamos y me siento de ese color. La habitación también lo es. Los dos somos naranjas, tal vez serán nuestras energías que se complotaron, tal vez un par de flasheadas en base al "séptimo regimiento" que tomé. No lo sé, solo tengo la certeza que me gusta estar durmiendo pegada a su piel, sentir su aroma, que me bese con esa delicadeza que hacía años que no sentía. Es raro, pero nos besamos como si ya lo hubiésemos hecho, como si fuera una vez más, y dormimos, como si ya hubiésemos dormido.
   Ojos color verde, esmeralda, barba rubia tirando a pelirroja, nariz respingada, blanco como el invierno, suave, menta. Estamos en silencio, por horas nos mantenemos así, y no hace falta hablar, no ahora, no justo en el momento que su boca se encuentra con mi cuello, no justo en el momento que mi mano se hunde en su pelo. No ahora. No hace falta.

domingo, 3 de mayo de 2015

Una navidad cualquiera



    Había una vez una nena de diez años muy feliz. La época de la historia se remonta a un verano muy alejado a sus recuerdos, rondando el 2005 o 6. Ella se encontraba en la finca de sus abuelos, su lugar preferido en el mundo, aquel donde los días se tornaban más largos y el sol la acompañaba hasta las ocho de la noche.
Había una represa del tamaño más enorme que se les pueda ocurrir, y alrededor de ella una infinidad de olivos que en su momento para la niña eran innumerables, perros, caballos, rosas, una huerta, conejos, tractores, el paraíso mismo; en la parte central de la represa, una isla, un pequeño espacio flotante de tierra y pasto, conectado por un largo y noble puente de madera. A veces nadaban peces y patos allí. A veces se los cazaba a ambos y estos no aparecían por un largo tiempo, hasta ser sustituidos nuevamente. Cuenta la leyenda que la isla tenía el nombre de la nieta primogénita, y que por esa misma razón era aquel su lugar favorito.
          Un medio día como cualquier otro, estaba andando en bicicleta por el sendero de los álamos, yendo y viniendo, pedaleando sin rumbo, hasta que algo extraño sucedió. Unos chirridos casi inhumanos llamaron su atención por completo. Un grito de auxilio ensordecedor e impronunciable hizo que se acercara aún más a la fuente proveniente del sonido, tal como en las peliculas de terror. Cien por ciento cierto.
La razón de todo esto era que se avecinaba navidad, y tal vez un niño no asocia las fechas festivas y una cerda gorda con hijitos. La escena fue clara y concisa. Bañaban en agua hirviendo a los cerdos, estos chirriaban desesperadamente y nadie notaba que una pequeña de diez años observaba la situación (o tal vez sí y nunca les importo). Entre dos hombres tomaban por las piernas a la cerda mayor, la acostaban boca arriba enfrente de su patrón (en ese caso el abuelo) y la mataban. La mataron. Frente a los ojos inmaculados de una niña. Clavaron un cuchillo en su garganta, y lo deslizaron de manera prolija. Abrían el cuerpo y sacaban órganos como si fuera algo natural. Como si de verdad no estuvieran pensando que lo que hacían era matar, era asesinar, era sacarle la vida a un animal que quien sabe que sentía o pensaba. Ese día la niña pedaleo llorando a la casa de sus abuelos. Ahogada entre lágrimas quería contar que le pasaba, pero no podía. Cargar en la retina el asesinato de un inocente es algo difícil de soportar.

   - <<La mataron... la mataron>> - Repetía entre sollozos violentos y desesperados. 

Aquel 23 de diciembre el cuerpo sin vida del animal se encontraba colgado de un árbol, por razones desconocidas por falta de conocimientos culinarios. Acto seguido, la noche del 24 el cerdo se encuentra en la mesa, burlescamente tiene una manzana en la boca, esta en el medio de la mesa y todos comen de él. Mirarla era casi un acto de violencia, no podía con la culpa de saber que había visto todo el proceso de matanza. Se sentía una sucia cómplice, y nada nunca iba a cambiar eso. 

 - Dale come un poquito, esta riquísimo - Le dijo su madre insistiendo con un pequeño plato y un pedazo en él. 

        Constantemente en el noticiero salen crónicas sobre asesinatos a mujeres, sobre violaciones, robos, y lo que instintivamente se obtiene del lado de la audiencia es desaprobación: ¿Cómo mataron a esa inocente chica sin motivos? ¿Cómo es capaz de que hayan hombres que violen a mujeres? ¿Por qué se llevaron toda la riqueza de esa familia? ¿Por qué no?, ¿Por qué el ser humano se sorprende ante los infortunios de su sociedad, pero no se replantea lo que le hace a los propios seres vivos que nos codean día a día?.
        Si estuviéramos en India sería un pecado matar a una vaca, ellas son tomadas como seres superiores entre nosotros, sin embargo en China matan perros y nosotros nos sorprendemos. ¿Hay acaso una lógica en el asunto? ¿Una coherencia? Juzgar a los Chinos por matar a animales que amamos y tenemos de mascota, y estigmatizar como locos a los Indios que veneran a esa misma especie de la cual nos juntamos a celebrar y comer, de manera rutinaria todos los domingos. No me malinterpreten, viví toda una vida de carne, de sus nutrientes que aportan en menor o mayor medida. Disfrute de hamburguesas con amigos, asados y demás, pero luego de que algo en mí se acciono ¿es pecado querer defender solitariamente mi postura?.   

          Cuando somos niños no nos venden la cruda realidad de que lo que comemos fue criado, alimentado y luego asesinado, para que esté ese día en tu plato. Cuando somos niños acompañamos a nuestros padres al supermercado y nos tapamos la nariz en la sección de carne, porque instintivamente nos produce nauseas el olor. Cuando somos niños nos dan patitas pero no nos explican que son miles de pollitos triturados. Cuando somos niños no nos explican cuanto dolor siente el animal, cuanto sufre, cuanto deja de sufrir. Cuando somos niños crecemos con la realidad de que las verduras son feas, y que cuantas menos comas, más rebelde sos en el jardín. Cuando somos niños nos llevan a granjas a visitar vacas, y ordeñarlas, pero no nos dicen que tarde o temprano va a ser asesinada como una de las tantas hermanas que tuvo. Cuando somos niños Mc Donald's es nuestro mejor amigo. Cuando somos niños no podemos decir "no quiero comer carne", porque creerán que es un berrinche, y para poder ser vegetariano y decir NO, uno debe crecer para ser tomado en serio (o a veces a medias).
>> Cuando somos niños nos inculcan que el comer muertos es algo totalmente normal, pero tal vez, si todos vieran en carne propia lo que es convertirse en un festín… tal vez, tal vez en el día de navidad cambies de parecer.