martes, 2 de octubre de 2018

Un poema que no sé escribir


Si supiera hacer poemas, le escribiría uno al licuado de banana. Soy hija de padres separados, y eso para mí representó por muchos años la ruptura de lo que significaba tener un hogar. Cuando era chica mamá solía hacer licuado, era una época, un momento específico del año en donde tomábamos los cuatro, un vaso cada uno.
Los días de calor mamá le ponía cubitos de hielo a la mezcla, para que quedara fresco y espeso. Fue así que por muchos años merendamos eso, y su combinación lograba ser infinita; tostadas con queso-mermelada y licuado, galletitas dulces y licuado, tostados de jamón y queso con licuado.
Cuando mi hermano y yo crecimos, cada uno logró hacer su propia mezcla. A todos nos salía distinto. Había veces que Luccas se hacía una jarra entera para él, con la comida siempre fue un poco egoísta, después en los demás aspectos de la vida se mostró como una persona generosa.
A veces mamá hacía licuado y me dejaba un vaso en la heladera, porque tal vez yo no estaba en casa y esa era su manera de decirme que me quería, o que había pensado en mí.
Mientras volvía del trabajo me di cuenta que el día estaba lindo, y que había comprado unas bananas hacía unos días. Ahora soy yo la que toma licuado sola, y entiendo que el hogar no es un espacio físico, sino una sensación, como cuando te quedan los bigotes blancos después de terminar un vaso.
Creo que ser feliz era eso, tomar licuado.

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