viernes, 30 de junio de 2017

padres



  Separense de una vez, se los pido por favor
  Firmen los papeles, no vuelvan a llamarse
  No hablen de mí
  Tampoco hablen de mi hermano
  No discutan sobre dinero, ninguno de los dos tiene ventaja
  Olvidense de todo
  Los años se esfuman rápido
  Algún día van a olvidarse que existen
  Por el momento solo sigan la burocracia
  Firmen
  Paguen abogados
  Pero por favor
  Solo el divorcio podrá salvarlos
  El mundo no necesita más gente que se odie

jueves, 8 de junio de 2017

otro texto de cuando tenía novio



No hablemos de las cosas que tengo que devolverte, no hablemos del sweater azul que me prestaste un día que hacía frío, tampoco mencionemos que me dijiste que me lo llevara y te lo diera cuando quisiera, como si hubieses entendido que ese sweater podría estar conmigo una eternidad. No quiero mencionar esas mañanas donde al despertar tenía tus brazos alrededor de mi cintura. Prefiero omitir el primer beso, en esa fiesta ruidosa y oscura a la cual solíamos frecuentar. Me besaste tan vorazmente que apenas pude responder, estabamos borrachos, moldeamos como plastilina aquel suceso.
Perdí la cuenta de la cantidad de cigarrillos que fumamos antes y después de tener sexo. La cantidad de botellas de vino que te hice tirar por no poder terminarme un vaso. No puedo contar los millones de jugos Ades que tomamos, los Subway que comprabas los domingos, los chocolates y golosinas que me regalaste. Me enseñaste a amarme a pesar de todas mis inseguridades, me mostraste que realmente es bueno tener un compañero en la vida, me amaste rota, entera, a medias, pero por sobre todo
me amaste libre.

mis viejos




    Veinte años de matrimonio, dos hijos, más de diez mudanzas, muchas crisis económicas, varios viajes, fiestas divididas entre familias, peleas con los suegros, problemas de salud, cuentas que pagar, varias veces con el cable cortado, buenas épocas, una supuesta traición, una infidelidad confirmada, una separación de seis meses, un nuevo comienzo, romance, otra separación (la definitiva), él empleado sin ganancias, ella desempleada, una hija que estudia en la facultad, un hijo en plena transición de la pre a la adolescencia; tres perros en diferentes ocasiones.



esto lo escribí cuando tenía novio pero ya no lo amaba



   Se juntan a las once de la noche, cocinan, ven televisión, se besan y garchan, tras realizar el acto se separan, ella duerme por su lado y él también. Lo que verdaderamente ocurre es que la cama tiene una temperatura de tres grados bajo cero, y a pesar de la compañía, el colchón es un pedazo de hielo que flota en el océano. Los besos, las caricias, abrazos y lágrimas, se disipan ante la paulatina implosión del desamor. Los cimientos se desmoronan, el tic tac del reloj sigue marcando, y los días avanzan violentamente. Los labios se besan, las manos se tocan, pero están lejos. Hubiese deseado que la última vez fuera como las primeras: apasionadas, tiernas, delicadas y fuertes, donde jadeabamos y nos decíamos al oído que nos amabamos con tal intensidad que las piernas parecían gelatina, y el corazón bombeaba melodiosamente.
   

Luna llena en sagitario




   Hoy es uno de esos días donde mi corazón es un torbellino de aire seco y árido. No hay mucho por decir, tampoco por sentir. Me recuesto en la oscuridad y miro la vida de los demás, todas tan interesantes por internet, tan dinámicos, llenos de filtros y boomerangs. Un momento en Instagram tiene veinticuatro horas de vigencia. Un día entero para existir y luego desaparecer, así de frágil es la realidad.
   Almuerzo sola y a pesar de salar en exceso el brocoli, esté no tiene sabor. Los colores de la habitación son fríos aunque la estufa este encendida. Una luz blanca alumbra el living del departamento, me siento a comer con la televisión encendida. Los sonidos circundantes hacen que me sienta menos sola. Mastico indiferente, tomo agua, veo tres capítulos seguidos de Girls. Sigo sola. Me siento sola. No me acostumbro a estar conmigo misma. Tener demasiado tiempo libre puede causar estragos emocionales.
    En otra época de mi vida me vi rodeada de personas que me hacían compañía pero no me respetaban. Hablaban encima de lo que decía, y para no herir mi pequeño ego, terminaba las frases aunque ya nadie me estuviera escuchando. Cada escena de ninguneo quedó grabada en mi cabeza. A veces, cuando estoy hablando, tiendo a sorprenderme si me prestan atención. Me acostumbre por dos años a hablar para rellenar, como ahora, que pongo Girls al máximo para sentir voces en la habitación.
   El sin sabor de crecer es un mareo constante. Nauseas y hambre. No tengo un plan y la ansiedad me aniquila las neuronas. No sé que voy a hacer al final de toda esta búsqueda. Leí por ahí que buscarse es alejarse también de nosotros mismos. Es como vivir la vida de alguien más, pero por alguna extraña razón, sabes que es la tuya. Me extraño. Extraño mi brillo, mis ganas de abrazar el mundo. Hoy soy ese tipo de personas que odio: las que no se encuentran.

martes, 6 de junio de 2017

Estrategias para todo





   Me preguntaste si hacía mucho que estaba en la ciudad, te respondí cuatro meses y exhalaste un suspiro que pude traducir a: qué duro, o qué lío, o tal vez ese aire no dijo nada y yo me inventé todo. Idee una cantidad infinita de planes estúpidos y adolescentes, todos con el único objetivo de que me notaras. Aunque sea que sepas mi nombre, de donde vengo, cuales son mis sueños, que música me gusta, o si prefiero mirar películas o series. No pido demasiado.
   "Hace unos días se cumplieron diez años desde que vivo acá" me dijiste, y yo te pregunté de donde eras. Respondiste naturalmente "Entre Ríos", y me pareció una coincidencia hermosa; dos personas de distintos extremos del país, se encuentran en una ciudad que no es de ellos, pero que sienten suya. Me gustan las coincidencias, aunque charlar con vos nunca lo fue. Como te digo, genere estrategias para que me notaras. Primero bailé desenfrenadamente, luego te hice reír y por último, cuando creías que el interesado eras vos, me relaje por completo, y te dejé preguntarme todas las cosas que siempre quise que supieras.
    Lo curioso de mi obsesión es que un día te encontré en una fiesta, y juro que estaba tan borracha que me pareció una buena idea saludarte. Me acerqué, roce suavemente con la yema de mis dedos tu brazo, y nunca reaccionaste. Agradezco aquello, estoy segura de que me hubieses mirado con los ojos desorbitados pensando "más vale que no me pida un tema esta boluda". Por lo menos ahora sabes quién soy, de donde vengo, qué cosas dejé atrás por un sueño.
     Antes de terminar nuestra esporádica charla, me dijiste si tenía música para recomendarte. Juro que fue como si me hubieses preguntado qué cosa me gusta más en el mundo. Te dije "Tito, buscalo en Bandcamp", y me emocioné por el hecho de saber que tal vez en algún momento libre, vos ibas a  escuchar mi disco preferido de domingo. Cuando terminó nuestro encuentro me despedi con la incertidumbre de besarte o no la mejilla. Todavía siento esa cuenta pendiente en mi boca. Espero que nos volvamos a ver, y me digas que te pareció el álbum, el color de mis ojos y si te puedo pasar mi número de teléfono.
     Lo que quiero es simple: alguien que me acaricie el pelo, me bese el hueco que se forma entre el cuello y el hombro, me acompañé a conciertos, me ame. Alguien que piense que los lugares son más brillantes con mi presencia, y la merienda más rica si es compartida. Alguien que me tome la mano cuando cruzamos la calle y cuándo no. Alguien que me diga que me extraña aunque hayan pasado cinco minutos de vernos. Alguien que baile conmigo cuando haya música. Alguien que me abrace y calme mis demonios. Alguien que sea mi mejor amigo y mi amante. ¿Crees que podemos darnos el lujo de elegir a quién amar?

Linea H




    La boca del subte está tranquila. El monstruo se ve pacífico a pesar de que son las cuatro de la tarde. Un cartel led reza con letras coloradas: "Linea H suspendida por arrollamiento de persona". Bajo las escaleras, pago el boleto, me quedan dos con cincuenta. Mugre pegoteada en los azulejos de las paredes. Vacío. Silencio. Los televisores anuncian que alguien murió, esta vez un zocalo naranja dice: "Linea H suspendida por arrollamiento de persona". Nadie parece alarmarse. Cinco personas esperan, yo soy una.
     De lejos se escucha el ronroneo de la máquina acercándose, con aquella velocidad y pesadez tan característica. Nos subimos los pocos que somos. No dejo de pensar que alguien saltó a las vías. El impacto, el dolor, los huesos que se quiebran, los órganos que se desdoblan como plastilina con el acero caliente que genera la fricción de los cuerpos. El impacto. Seguramente murió al segundo. Me pregunto porque, ¿por qué justo las vías? ¿por qué el acto desesperado de lanzarse ante una muerte inminente?.
     A mi izquierda hay una chica que se mensajea con una amiga, le dice que se va a comprar un Eva Test, que está muy segura de estar embarazada. A mi derecha una mujer, delgada, con su hijo regordete y rozagante, sus mejillas tienen ese rubor brillante que solo poseen los bebes. Ella lo mira y le dice a su amiga: ¿podes creer que pesó más de cuatro kilos? ¡un chanchito!. Por otro lado, una mujer rubia llora, y me pregunto si es porque también leyó "Linea H suspendida por arrollamiento de persona".
      Todos alrededor están tan vivos que asusta.
      También están tan muertos que no me sorprende que alguien haya tomado coraje para saltar.