jueves, 25 de septiembre de 2014

Olas voladoras

Estábamos en un hueco subterráneo, bajo las sedas azules del mar. Las olas rugían al morir con la costa. Golpes abruptos se difuminaban con los chasquidos de las gotas saltarinas. Cierro los ojos y viajo.
El viento besaba mis mejillas, mientras una rama me balanzeaba en lo infinito del verde. Cierro los ojos y vuelo.
En mi lengua baila un sabor dulce, meciéndose, para la izquierda... Para la derecha. Mis ojos apenas veían, pero mis pupilas corrían por la pradera.
Al caer las doce, monte en mi estrella, blanca, con destellos plateados, volando en el abismo del tiempo. Los truenos giraban alrededor de mis alas. Cierro los ojos y me despierto.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Hoy en día


   Camino por la vereda, solitaria, siento nauseas, es el aire contaminado que respiro; tal vez la mezcla de odio, humo y envidia me provoca algún tipo de rechazo, como si estuviera enferma de mi propia ciudad.
   No es fácil tenerle alergia al mundo, pero hay algo peor, y es tenerle rechazo a las personas. Mi sistema inmunológico responde sin titubear ante cualquier amenaza, y es triste, pero real, tenerle alergia a los falsos.
   El único momento donde puedo estar sana es al día a día, cuando no me anestesio, porque sobria soy mas insensible y racional. Duele ser sensible, duele cuando nos involucramos con la realidad y nos pican las costras del momento, esa herida abierta que tiene contacto con todo lo que nos hace mal.
   A veces vomito verdades, mucho tiempo en el estómago de mi cabeza hace que se alteren, no es fácil mantenerlas encerradas. El remedio único que hay en esta vida son los músicos callejeros, las sonrisas desconocidas, el olor a bosque, el calor del sol en las mejillas, el jugo de una fruta, el abrazo de un amigo, el amor de los padres, la soledad de la música, los besos robados y el dolor de panza al reír; lo demás es prescindible... en esta vida solo necesito amar, para trascender como ser humano. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Calaca


 Un día esa tan temida presencia vino a visitarme. Mis piernas tiritaban del éxtasis, y al mismo tiempo, de miedo.
  El embriagador espesor del humo, recorrió mi boca como un suspiro, llevándome al borde de la locura.
   Sus ojos infinitos me miraban despacio, y me comían con sus pupilas nebulosas. Era la misma muerte la que me besaba, arrebatándome el alma.
   Bese sus vertebras y el blancuzco hueso, donde en alguna vida fue un pómulo carmesí. Lo acaricie nostálgica, tal vez porque sabía que iba a ser la última vez.
     Como caramelo, interminable, me saboreaba. Una simple mortal seducida por la majestuosa calaca, hipnotizada por el frío bosque de su iris.

 Despertándose del trance, se toca los labios y vuelve a soñar.

jueves, 4 de septiembre de 2014

Espacio en blanco


 Atarse los cordones nunca fue una tarea tan lenta, el dar vuelta cada extremidad para luego enroscarlas y dejarlas en un simple moño, resulto durar años para mí; estaba pensando que era lo que iba a hacer de mi vida, a donde me llevarían mis decisiones... la verdad es que me inculcaron tantos miedos que hoy mismo los estoy viviendo. Estudia para ser independiente. Estudia para poder mantenerte sola. Estudia carreras como medicina, ingeniería, esas que son dinero seguro. Del arte no se vive, del arte no se come. Sé más inteligente, recibite, No cometas los mismo errores que nosotros, y así, infinidades de frases que no hicieron más que cavar hondo en mi mente, hasta el punto de atormentarme y llorar, por sentirme tan perdida en esta realidad venidera.
  Me duele la cabeza, pero más me duele el orgullo, porque tengo miedo de fallar y decir: "Lo acepto,tenías razón". Detesto esta realidad, pero más detesto tener que lidiar con ella, porque no hay forma de escapar, y mucho menos de arrancarme la piel.
   Brota sangre de mis poros, y lagrimas de mis dedos, y estoy tendida en mi cama con los pensamientos corriendo a un bosque, de esos donde entras y no podes salir. Sentirse un ser desdichado es mucho más triste que ser infeliz, porque el infeliz sabe que hay algo que en algún lugar del mundo pueda devolverle su alegría, mientras que el desdichado dejo de proyectar soluciones el día que se dejo ganar por la crudeza del mundo adulto.
   No quiero sonar pesimista, no lo soy, pero en este momento me siento tan agobiada y confundida que quiero gritarle al mundo mi descontento, pero sé que nadie me oirá, porque estan demasiado ocupados en sus problemas, y lo entiendo, pero me gustaría que por primera vez en la historia, la tierra se detuviera para escucharme.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El arte de mentir


  Hay dos tipos de mentirosos, los natos y los débiles. Los débiles mienten en ocasiones de extrema necesidad, cuando la situación lo demanda, únicamente regidos por el miedo que los impulsa a decir hechos falsos (generalmente siempre salen bien, al no mentir les creen); pero... estan esos mentirosos natos, aquellos que nacieron con la mirada doblada, con la lengua atragantada, con la parla suelta y los ademanes livianos, de esos, sí que hay que cuidarse.
  La mentira es como hacer la cama, puede que abajo solo haya un colchón, o unas pequeñas sabanas hechas bollos, pero al poner una manta linda y larga sobre este, pareciera que todo esta en su debido lugar, armoniosamente simétrico a la vista humana.
  A veces mentimos sin querer, y en otras solo obviamos hechos, más bien, los omitimos.
  El humano nace con esa necesidad de resguardarse ante cualquier circunstancia de peligro, por eso se creo la mentira, para cuidarnos, para tapar.
  Sé reconocer a los mentirosos por la mirada, esa de ojos redondos y sentenciosos, capaces de mirarte la pupila y el alma, con tan solo tratar de hacerte creer lo que ellos quieren. Podemos equivocarnos al escuchar con los oídos, porque estos son tan torpes como nuestro sentido común, lo mejor para saber si nos mienten o no, es escuchar con los ojos, medir sus gestos, la forma en la que la boca se curva con miedo a que te des cuenta, las manos revoloteando o apretandose entre sí, la postura desafiante.
   El ser humano es el arma misma de la mentira, todo lo que nos compone ayuda a eso.
   Cuando miramos programas de televisión y les creemos a los actores, ¿es por qué saben mentir?, la respuesta es no, nadie es capaz de creer una mentira, más bien la vive, y ellos viven mentiras para hacernos creer en verdades que no lo son, pero que podrían serlo, si fueran verdad.
    Entonces personas como yo se avivan de la gente y comienzan a ver cuando mienten o no, y se vuelven más infelices y precavidos, porque no hay verdad que te amargue la vida, ni mentira que dure una eternidad.