domingo, 10 de mayo de 2020

Cuarentena 2020

  Cuando llega la noche mi cerebro funciona de maravilla. Me embadurno de ideas que vienen a mi como soldados en guerra, dispuestas a morir a la hora de combatir con mi realidad, con mis ideas limitantes, con mi persona que se encierra en sus propias posibilidades. Toda idea muere cuando tiene contacto con mis miedos, que son chiquitos pero depende de la perspectiva donde los mire. Cuando los ilumino, la sombra se hace gigante. Entonces siento que se viene sobre mí un espectro denso, una energía que desconozco, un vórtice que no entiendo.   Tengo que buscar mi lugar. Escribo por todos lados, soy una máquina que vomita conceptos, que no deja de analizar, que da vueltas una y otra vez sobre el mismo lugar. La gente que me conoce en serio sabe de mi ansiedad, sabe que estoy siempre a dos años de mi presente, me dicen que medite, me dicen que tenga paciencia, me dicen que no todo empieza de una, que tengo que bancarme justamente eso "el estar empezando". El sentirme amateur.
  Por primera vez siento que estoy empezando algo solo para mí. Cada día que pasa me siento más segura de que mi vocación si es comunicar, y que las ramas que abarque van a ser exitosas si yo lo hago con amor.
  Ya no quiero trabajar más en marketing.