miércoles, 27 de diciembre de 2017
2017
Hay momentos de mi vida que están en negro, como un filmíco mal usado, como un rollo quemado, como fracciones de tiempo que se los comió la luz. Por meses lloré en el baño, era el único lugar de la casa que podía acunarme, darme esa sensación de bunker, de comodidad, de tristeza absoluta, intocable, casi como una tumba de cuatro paredes, de azulejos, de humedad, de calor que se evapora y limpia todos los males con agua hirviendo.
Lloré mientras me lavaba la cabeza y me sentaba en la bañera, en silencio, deseando que alguien me dijera que tal vez lo que me pasaba no era tan terrible, que crecer duele mucho, que no saber que hacer con uno mismo es parte de esta broma de mal gusto, que nadie te preguntó si querías nacer pero ya que estas, vas a tener que armarte de valor, salir a la vida, tomar un par de birras y tratar de no llorar en público.
¿Vicki estas bien?
La respuesta era no.
Por mucho tiempo fue no.
martes, 19 de diciembre de 2017
primera cita
Son las siete de la tarde y quedamos en juntarnos a las cuatro. Me tomo un micro, me encuentro en un punto de la ciudad que no conozco. Subo a un taxi por cinco cuadras, entiendo que estoy perdida en Buenos Aires. Lo veo del otro lado, todo vestido de negro, excepto por su campera de jean tan de los noventa. Se acerca y me saluda con un beso en la mejilla. Caminamos. El se ata los cordones de su zapatilla derecha. No tengo idea donde estoy y esa es la parte divertida. Lo sigo porque sé que sabe a donde ir.
Nos quedamos en un boulevard de concreto que simula ser una plaza, hay banquitos y la gente de Palermo sale a pasear perros. Él saca de su bolsillo un pica-pica rojo, arma un porro y lo prende con un encendedor amarillo. Se sostiene los rulos con la mano "siempre me quemó el pelo" dice.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)