jueves, 26 de julio de 2018

NO TOMARME LAS COSAS PERSONALES


 Tengo un problema: me tomo todo personal. A veces las personas están remercandome algo que puede ser para mi desarrollo y mejora como ser humano, y yo, egocentrica, me lo tomo como una agresión. Y ahí reacciono, defensiva, a tratar de protegerme de algo que no tiene sentido. Donde la enseñanza queda en segundo plano y yo estoy ahí, dolida, como un pichón que se le rompió la pata al caerse del nido.
¿En que momento estoy de mi vida?. Falta un mes y algo para cumplir 22. Siento que logre cosas significativas como salirme de la zona de confort, aprender, perdonar el haberme ido tan abruptamente de Mendoza. Sanarme. Entendí que me fui porque necesitaba crecer, y eso es valioso. La gente que me quiere de verdad, siempre me apoyo. Les voy a estar agradecida la vida entera.
Tengo proyectos, ganas de hacerlos, un burbujeo en el pecho que me dice "sí". Y de la misma manera que me siento, también tengo la cabeza volando. Flotando.
Hoy mi jefe me ofreció 10.000 por ir a trabajar 3 veces por semana a Maschwitz. A veces pienso que
estoy un paso adelante en mis metas personales como comunicadora, o lo que sea que soy. Que es eso, no sé que soy, que hago, con que fin.
Ahora tengo ganas de hacer una fiesta, siempre lo quise hacer. Pero es eso, quiero todo, soy ambiciosa y desorganizada. Ni siquiera pude terminar el proyecto de las entrevista. Abro premiere y siento que estoy frente a un monstruo gigante que me controla. Tengo miedo de que no le guste a las pibas, y por eso estoy bloqueada hace meses. El tiempo se me pasa y tengo que hacer algo. Cerrarlo, darle un fin. Lo necesito.
Tengo que valerme por mi misma.
En el 2020 nos vamos a ir de viaje con Daián, ya estamos programando las cosas, soñando, pensando. Para eso necesito plata. Es la primera vez en mi vida que de verdad no pienso en tirar todo por la borda, solo porque el trabajo no me cierra o mis jefes son unos pelotudos.
Se me acaba de romper el cristal de mis lentes aéreos. Es una vergüenza que ande con los lentes rotos, pero ya no tengo cara para pedirle a mi tío que me compre o me de la plata para otro par.
Me siento bien conmigo, solo que sin querer me deprimo. No hay razón para eso, pero yo que sé.