Siempre
fui de mudarme de provincia, nunca pertenecí en lo absoluto a un solo lugar.
Recuerdo con claridad como llegaba un momento en donde le rogaba a mis padres
cambiar de aire, de gente, de tierra, y tal vez como por arte de magia, ahí
estaba, despidiéndome de gente que me amó, aferrada solo a las cajas que
contenían lo que a veces se puede llamar hogar.Lo que sigue es inevitable, crecer,
adaptarse, ser uno más del montón (aunque nunca era así). Vivir en un lugar que
no conoces a veces se vuelve abrumador. Hay tantas cosas nuevas y bellas, que
con el tiempo se tornan cotidianas y hacen que se pierda la magia.
Todas
las calles llevan a un destino diferente, y se conectan; así siempre fueron mis
relaciones con las personas. A lo largo del camino parecía que íbamos en la misma
dirección, pero luego nuevas intersecciones se presentaban, y yo debía escoger
otra ruta para explorar. Soy una
corredora solitaria, con una fuerte adicción a la libertad, esa sensación de
frescura veraniega en el rostro, con el corazón tan grande que en cada
palpitación parece explotar. Siempre insatisfecha, buscando más allá
del horizonte, con la excusa de viajar. Me dejé llevar por la cornisa de la
oscuridad.
