lunes, 19 de marzo de 2018
sábado, 17 de marzo de 2018
Coger
Quiero que me cojas intenso como nuestra relación al principio, donde me buscabas, masturbabas, y penetrabas incansablemente. Donde me cogias en la cama, en cuatro, en la mesa, boca abajo, arriba tuyo. Donde me filmabas porque no podías creer lo que estábamos haciendo, y me chupabas las tetas, la concha y me hacías acabar una y otra vez. Quiero que me cojas, de nuevo, como antes.
Olivos
"Lo que pasa es que a vos no te gusta estar sola, y tampoco te gusta estar al pedo. No estas hecha para esta vida" dijo medio en broma, medio en serio. Era un día pesado en Olivos, la luz del sol se colaba por las hojas de los árboles frondosos y viejos. En una cuadra del barrio esta la casa donde vivió Scalabrini Ortiz, tiene rejas negras y está muy descuidada, hay hojas que trepan por el techo, y adornan la fachada oligarca y antigua. En la entrada, una estatua blanca de una virgen, al lado de ella, otra escultura tamaño real, de un ángel con Jesús.
ser adulta
Hace poco sentí la necesidad de traer plantas a donde vivo. Me molesta eso de que solo hayan libros, discos y nada más. Preciso de algo que tenga vida, que sea verde, que parezca que necesita de mi para ser cuidado, para que le de el sol y pueda realizar la fotosíntesis.
Ayer hablaba con una conocida sobre el proceso de convertirse en adulto:
- Quiero irme a dormir y que alguien decida por mí.
- Esos son los padres - le digo con aires de tener una respuesta para todo.
- Pero no quiero que sean mis papas.
- Por algo estamos decidiendo por nosotros mismos.
Voy al trabajo de mi novio, llevo un vino, comida, tengo ganas de cocinar y que comamos juntos, que veamos una peli, que conectemos. "¿cuanta plata gastaste? aprecio un montón el gesto, pero no quiero que vivas en base a nosotros". Cachetada, simbólica, pero al fin y al cabo fue una cachetada de realidad. ¿Vivo en base a nosotros?.
"Nos vestimos parecido" me dijo el otro día. ¿Me estoy perdiendo a mi misma?. Recuerdo cuando le decía a mi mamá que saliera de su casa, que conociera gente, que hiciera una actividad, que se valiera por ella. Pienso en todas esas cosas y me veo a mi misma, comprando vino y comida. Me convertí en eso que le decía que no fuera.
Me vine temprano al barrio donde vivo, donde estoy con mi tío, que desaparece de vez en cuando y ya no nos llevamos fenomenal como al principio. Desde que me puse de novia lo deje de lado. Volvi a San Telmo a buscar mi ropa en el lavadero de Chinos. Desde que vivo en Buenos Aires, mi ropa es lavada por extraños, en el departamento no entra un lavarropas. No me gusta la sensación de que mi ropa sea lavada ahí. Siento que se arruina.
Hablando de ropa, odio lo que tengo. No es que lo odio, pero ya me canse. Creo que estoy cansada un poco de mí, y para sumarle drama a todo eso, el año recién empieza. Hace una semana que estoy cursando y ya quiero que se termine el año. Pareciera que no tengo fuerzas. Me siento tan abatida por momentos.
"Seguramente vamos a hablar cuando esté por Palermo, no flashees mierda, y trata de no deprimirte" me dijo él cuando estaba esperando el 59 en Olivos. "¿Deprimirme por qué?" le pregunte medio confundida porque no recuerdo haberme deprimido. "Ayer estuviste luchando para no deprimirte" contestó, y me dio un beso, esos besos llenos de boca, medio húmedos, con sabor a casa. Ese pibe es todo lo que quiero en el mundo.
El circo sigue, estoy tratando de conseguir trabajo desde principios de marzo. Sin llamada alguna, solo una entrevista desde que empecé la búsqueda. Quiero irme a vivir con él, y aunque es un gran movimiento y una apuesta enorme, ambos estamos comprometidos y con ganas. Me gusta la idea, la pienso y la quiero. Deseo plantas, y un espacio en común para los dos. Tener la misma llave y dormir en la misma cama.
sábado, 3 de marzo de 2018
Acá estoy, en casa, un sábado. Un sábado en casa. Una casa que no es mi casa hace más de un año. Pero todos necesitamos un lugar para vivir, para crecer, para recostarnos después de un largo día. Solo que no se siente como casa. Aunque lo intente, aunque limpie, aunque coma, aunque respire y llore. Esta no es mi casa.
Acá estoy, llenando mis datos, en una página que dice llamarse "Bolsa de trabajo de la Comunidad Judia", y pienso que no soy Judia pero que tal vez tengan buen corazón y me llamen de algún lado. Que necesito dinero y quiero hacer cosas con ese dinero. Quiero vivir con mi novio. Mi novio que amo y que me gusta estar con el todos los días.
Necesito conocer gente igual. Necesito tener un espacio donde conviva con otros seres humanos. Hace más de un año que vivo en Buenos Aires y no tengo amigos. Mi novio me dice que es normal, que justamente me vine al lugar más hostil a intentar ser alguien. A veces pienso que tuve una suerte de la puta madre en conocerlo, pero que si dejo que un chabón me cambie la vida, voy a terminar siendo como mi vieja.
Al final el miedo más enorme de los veintis, es convertirnos en nuestros padres.
Estoy llena de miedos. Una bocha de miedos. Es como si cada vez que tuviera que arriesgarme por algo, una bolsa llena de concreto se ajusta a mis tobillos. Más que anclada, estoy estancada en mi misma.
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