miércoles, 27 de diciembre de 2017
2017
Hay momentos de mi vida que están en negro, como un filmíco mal usado, como un rollo quemado, como fracciones de tiempo que se los comió la luz. Por meses lloré en el baño, era el único lugar de la casa que podía acunarme, darme esa sensación de bunker, de comodidad, de tristeza absoluta, intocable, casi como una tumba de cuatro paredes, de azulejos, de humedad, de calor que se evapora y limpia todos los males con agua hirviendo.
Lloré mientras me lavaba la cabeza y me sentaba en la bañera, en silencio, deseando que alguien me dijera que tal vez lo que me pasaba no era tan terrible, que crecer duele mucho, que no saber que hacer con uno mismo es parte de esta broma de mal gusto, que nadie te preguntó si querías nacer pero ya que estas, vas a tener que armarte de valor, salir a la vida, tomar un par de birras y tratar de no llorar en público.
¿Vicki estas bien?
La respuesta era no.
Por mucho tiempo fue no.
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