viernes, 31 de julio de 2015
Primero lo primero
Quiero existir en tu mundo, convertirme en la brisa que acaricia tus mejillas, ser el sol que se esconde en tus parpados caídos, el aroma que rodea tus colores. Quiero ser tu seguridad, tu incertidumbre, el silencio y tu sonido. Quiero convertirme en canción, que seamos músicos. Quiero que me quieras más del límite querer, quiero que me ames más que un amanecer. Quiero quedarme en tu cama un sabado a la mañana, y que sea todo lo que necesites. Quiero ser tu alimento y que no necesites comer para vivir. Quiero robarte el alma. Quiero posar en tus pupilas, recostarme en tu alma, descansar en tu corazón. Quiero primero aprender a amarme, para que luego me ames a mí.
Mía
Estoy manejando desde Luján a Ciudad. Hace un mes y medio que salimos, ella es espectacular - puta madre otra vez alguien que no pone el guiño - vive medio lejos pero no me molesta estar una hora conduciendo solo para llevarla a tomar un helado. Soy de los románticos. Me gusta verla entrar al auto, siempre rompe el silencio con alguna frase graciosa, y me besa de una manera que hacía mucho que no me besaban; porque hay besos y besos, y los de ella son de esos que te dan ganas de que te explote el corazón - ¡menos mal que nadie escucha mis pensamientos!.
Nos divertimos tanto. Cantamos. Comemos. Cantamos y cantamos. Tiene unos impresionantes ojos marrones, que al darle la luz se tornan en topacio liquido, y sus vibrantes pupilas me miran infinitamente, y me vuelvo a hundir en su mundo, en su galaxia personal. La quiero, realmente lo hago, pero hay algo en ella que no me deja entrar. Cuando naufrago en su mundo siempre me deja llegar hasta cierto límite, y luego, cierra las puertas, dejándome varado entre la incertidumbre de su totalidad en sí.
Estamos recostados en mi cama, su cabello lacio y brillante enmarca su rostro de porcelana. No nos decimos nada, compartimos el amor por el silencio y charlamos con la mirada. Ella sonríe, se le achinan los ojos, a mi también. Se acerca lentamente y a un centímetro de mi boca respiramos el mismo aire, caliente y espeso. Coloco mi mano en su cintura, la acerco a mi cuerpo, esta vez ella no se resiste. Nos seguimos besando, sus dedos juegan con mi maraña de rulos castaños. Me encuentro recostado sobre su cuerpo. Puedo ver como me observa con una especie de temor, sabe lo que quiero, pero yo no sé que es lo que ella desea:
- ¿Qué te pasa linda? - Corro un mechón de su mejilla.
- Nada.
- No me mientas - Le besó la nariz - sé que algo te pasa.
- Es que nunca estuve con nadie - Confiesa y corre la mirada.
- No importa eso, yo te voy a cuidar.
- Ya me dijeron eso una vez.
- Pero esta vez no es mentira, mi amor, te lo prometo por lo que más quieras.
- ¿Me lo prometes por vos entonces?
- ¿Yo soy lo que más queres?
- Sí - Le tiemblan las pupilas pero su boca esta tranquila.
No puedo evitar quererla, no puedo evitar que su piel sea tan suave y frágil. No quiero tener sexo con ella, quiero hacerle el amor, quiero hacerla mía, quiero que sea mía todas las veces que ella quiera. Y quiero que me quiera, que me ame, por más tonto que parezca. Aunque juro que ya nos queremos sin querer.
Su blusa blanca en el suelo, su corpiño beige también. Mi pantalón tirado en la otra punta de la habitación. Sus piernas enrolladas en las mías. Su torso desnudo sobre mí. Sus costillas apareciendo. El hueso de su pelvis sobresaliendo. Su aroma a frambuesa. Su respiración entre cortada. Sus labios carnosos. Sus ojos que se aprietan con fuerza. Sus uñas que se clavan en mi espalda.
Es mía.
Sonríe.
miércoles, 29 de julio de 2015
Bitácoras amorosas
Soy muy enamoradiza, tengo que admitirlo. Soy capaz de recrear toda una vida junto a una persona, con tan solo mirarla. No me hace falta escuchar su timbre de voz, lo puedo imaginar, recrearlo en mi mente. Las personas a veces se sorprenden de como me emociono cuando cruzo miradas con alguien, o la manera en la que un día pienso intensivamente en un desconocido, y al otro me olvido por completo de su existencia. He sido así desde los ocho años, o mejor dicho desde los cinco, cuando me enamoré por primera vez. Iba al jardín y me gustaban dos compañeros, casualmente se llamaban Ramiro. Luego a los siete me enamoré de Tincho (quien en verdad se llamaba Jorge), le pregunté a mi mamá si me podía poder de novia con él y ella me respondió:
- Sos muy chiquita para eso.
A los ocho años conocí a Francisco, tenía un hermano gemelo (o mellizo), eran de Buenos Aires, y en ese entonces parecía un niño muy maduro, restando que era completamente hermoso. Llegue al punto culminante de mi enamoramiento en donde sentía que no podía callar más aquello. Entonces decidí que le iba a escribir una carta anónima, quería confesarle todo mi amor. Recuerdo que trate de escribir lo más desprolijamente posible, pero me delate haciendo un dibujo muy característico (en ese entonces solo dibujabamos 3 del curso). Recuerdo la secuencia como si hubiese sido ayer:
Era Miércoles, en la primera hora teníamos matemática con Delia, una profesora vieja y arrugada que me hizo llorar por primera vez en mi vida, al sacarme un uno en una prueba de fracciones. Era mala, o yo creía eso. Antes de entrar a clases, saludábamos a la bandera, por lo tanto tenía una apenas unos segundos para poner mi carta en el cuaderno de Francisco. Lo hice.
Cuando entramos al aula él encontró la carta, pero no la abrió, sino que se la dio a la profesora, y ella prosiguió a leerla enfrente de todos mis compañeros. Quería llorar. El chico que amaba era un pelotudo (tal vez ahí comienza mi mala racha). Tocó la campana del recreo, y salí corriendo de la vergüenza, y también de la decepción. Todos mis compañeros se habían enterado de que la autora anónima era yo.
Cite a Fran detrás del kiosco, y pude ver mientras corría a esconderme, como él iba acompañado de sus amigos. ¡Qué falta de respeto hacía su admiradora secreta! Imagínense si yo realmente hubiese ido.
Una compañera me delató, le dijo que me había visto poner la carta en sus cosas (creí que eramos amigas).
Todo mi amor se vio desvanecido con sus actitudes, pero soñaba casarme con él en los pasillos del colegio, y no miento, realmente soñaba estar vestida de blanco y el con un mini traje, caminando por una alfombra roja. ¿Fantasía o trauma? No lo sé.
La historias de amor después de los catorce se vuelven nebulosas, sé que en realidad me enamoré dos veces en mi vida: Giuliano y Nicolás. Y por una infinidad de hechos desafortunados, nunca volví realmente a creer en el amor. Entonces ¿soy yo la que esta mal o son los hombres?, si debo psicoanalizarme les mentiría. Tal vez es que el verdadero amor esta bloqueado por mi parte. Pero creo que hoy me enamoré, volví a proyectarme con un desconocido.
Es muy parecido a uno de mis cantantes preferidos: Luke Pritchard. Tiene rulos castaños, y un corte de pelo muy lindo que no soy capaz de describirlo, pero que me encantó. Él me encantó. Labios carnosos, rosados. Canta muy bien y escucha las mismas bandas que yo (leo lo que escribo y siento que tengo diez años). Me gustan los músicos, siempre me gustaron. Me encantan los hombres, me encantan tanto que no estoy con ninguno (había escrito ninguna, puede que a veces me guste alguna que otra chica- pero es porque la mujer es hermosa de por sí- aunque nunca estuve con nadie del sexo femenino). ¿Puta? No, sigo siendo virgen, lo que menos hay en mi vida es sexo. ¿besos? tampoco, soy algo así como una novicia pero sin rebeldía por mi parte, realmente no sé si tengo mala suerte o es que me empecine en dejar de relacionarme con personas que no me hacen sentir valorada.
Llega un momento en la adolescencia-casi adultez donde todos se ponen de novios, hasta una de mis mejores amigas que resultaba ser la más anti amor del grupo, hoy en día lleva casi ocho meses. Siento un poco de envidia, quisiera estar así de enamorada, también estoy celosa, desde que está de novia no la veo nunca y cambió totalmente su forma de ser, ahora es plástica y divina. ¡Como cambia la gente cuando esta en pareja!, igualmente es fácil sentarse frente a un ordenador, ponerse los lentes con 0,75 de aumento, y escribir como una portadora a la bandera: "No cambies a tus amigas por una pija", pero perdón, soy la persona menos indicada para juzgar. No entiendo nada del tema ¿y lo peor? o más bien gracioso, es que quiero entender. Quiero saber que sienten esas personas cuando después de un largo día, escuchan la voz de su amor y se tranquilizan. Necesito comprender que tienen de bueno las relaciones, que magia conlleva todo eso (y no piensen sobre el sexo, yo hablo en lo espiritual).
Estoy pensando alguna buena frase para rematar todo este descargue, pero no la encuentro, estoy haciendo una catarsis exclusiva de lo desafortunada que me siento por no tener a alguien que me ame. ¿Es tan complicado encontrar un amor puramente recíproco?. Charlamos luego, voy a consultar mis incertidumbres con una almohada.
domingo, 26 de julio de 2015
Ambivalente
Que complicado es plasmar con palabras lo que a veces no tiene forma. Es tan difícil poder explicar la ambivalencia entre la vida y la muerte. Entre el comer o no comer. Entre sentir que alimentarte te mantiene viva, pero al mismo tiempo te mata. Un placer dentro del sentimiento de culpa. La pulsión constante que emerge a la superficie, buscando satisfacer el hueco en tu estomago, y al mismo tiempo, la evasión a esos llamados.
Creí que con el paso del tiempo esta "cosa" se había ido de mi vida, pero ahí esta, esperando en la oscuridad, escuchando cualquier comentario negativo sobre mi cuerpo, para así, volver a la superficie, esta vez, de manera más arrasadora. Es complicado cuando te amas, pero al mismo tiempo no podes evitar luchar contra tus pensamientos. La maldición de vivir en una sociedad totalmente esteticista, puede llegar a matarte, sin que te des cuenta.
No se puede cambiar de pasión
Hay un momento preferido en mi vida, un lapso de eternidad que nadie puede pagar, una sensación invaluable, espiritual; se trata del segundo donde mis pies tocan el suave suelo de un escenario. En donde las cosas son abordadas con otra perspectiva, donde me siento infinita, música, canción, melodía. El mundo ahí es menos doloroso, pero más oscuro, no puedo ver la cara de la gente que me observa, pero en parte eso es lo divertido, lo que me anima una vez más a cantar. Toda mi vida busque un refugio de la realidad, y lo encontré, casi de casualidad. O mejor dicho, esta pasión me encontró a mí.
jueves, 16 de julio de 2015
El origen
Dicen que a la hora de morir, la última visión que tiene el ser humano, queda impresa en la retina, y por ende, a la hora de renacer, uno permanece en un estado de familiaridad con el entorno. Tengo mi propia teoría de que las miradas con otros también se quedan grabadas en los ojos, por eso cuando conocemos a alguien y nos resulta amistoso, caben infinitas probabilidades de que se hayan mirado en otra vida (quién sabe por cuanto tiempo).
Lo supe en el momento que nuestras miradas colisionaron - nos habíamos visto antes en alguna otra dimensión - fue prácticamente innegable que nuestras pupilas se habían quedado pegadas, a fuerza de voluntad propia. Entre los dos se creo un magnetismo inevitable. Y desde ese entonces sueño con poder descansar sobre su abismo ocular.
Luces azules. Alcohol. Música al palo. Bailar, bailar, bailar, reír mucho. Mi vaga visión se balancea sobre la multitud, inspeccionando quienes estan a mi alredor, y entonces, ahí esta de nuevo. Sostiene un vaso de cerveza, que a diferencia de los demás, en sus manos parece oro liquido. Me mira esta vez de manera invasiva, tanto, que debo esquivar el trayecto de su interes; pero no quiero ser cobarde, y lo vuelvo a mirar - una vez leí que si dos extraños se miraban ocho segundos de manera fija, se enamoraban - siete, seis, cinco, se esta acercando, nos seguimos mirando, tres, dos, me toma la mano, uno, me saca de mi grupo de amigas y yo lo sigo sin rodeos.
- No hago estas cosas con nadie, perdóname, pero no nos conocemos y necesito saber como te llamas.
Cada palabra que articulaba su lengua, me hacía observarle (de la manera más disimulada posible) sus labios redondos y rosaceos.
- Victoria.
Sonrió.
No hizo falta nada más. Nos enamoramos perdidamente, como dos almas que se vuelven a encontrar en su destino final.
jueves, 9 de julio de 2015
El culpable tiene nombre III
Ahí esta de nuevo, esa mirada sin retorno, vacía, esquiva, ahuecada. Tiene la mejilla recostada en su mano izquierda, observando algún punto fijo, poco interesante, con la cabeza en Júpiter pero el cuerpo en tierra, en el maldito planeta que por coincidencia divina debe habitar. Escuchar música resulta un método efectivo a la hora de omitir sus propios pensamientos, pero en ese momento, realmente no funcionaba, la canción solo era un soundtrack de su vida peliculera, llena de ficción y poco romance. Ese era el problema fundamental de su ausencia en tiempo y espacio, el amor. Las cuatro letras más temidas de toda la historia, ese poder absoluto donde el ser humano no ha llegado a dominar por completo, donde todavía quedan incógnitas sin resolver, y por más universal que sea, a todos les toca de manera diferente, y ese era otro problema; a ella no le había tocado el amor como a los demás.
El verdadero comienzo de la historia, se remonta a un verano lejano, donde ella tenía catorce años (pasaron cinco años de aquel hecho). Se enamoró de un chico dos años mayor, en un tiempo record, y de la misma manera en que lo amo, también se desilusiono y decepcionó. Todo ese cariño incondicional que sintió por el, se vio esfumado ante la cruda realidad que a cualquier persona le toca, la ruptura. Entonces es así donde se toca el pecho con ambas manos, y se recuesta en su cama, tratando de no llorar tan fuerte, esperando que los pedazos de su corazón no se escaparan en cada lágrima ardiente que desprendían sus ojos de rubí. Pidiendo a gritos callados, que alguien la reparará.
Así fue como nunca más volvió a creer en el amor, y vivió infinidades de utopías, divinas cual diamante, y falsas como una imitación de barrio Chino. Mientras tanto, la gente a su alrededor fue madurando, creciendo, y a medida de que el mundo rotaba para cambiar de estación, aquella mujer seguía con los ojos posados en el sol de verano. Pero luego su estación interna comenzó a helarse, y esos días de calor no eran más que un simple y vano recuerdo, que más que ayudarla a vivir, terminaron por causarle una hipotermia absoluta, y adormecerle por completo todos los sentidos.
¿Cómo vivir día a día con el alma congelada?, siempre tan sensible al frío, abrigada en exceso, tratando de calentar el cuerpo, cuando el asunto era mucho más interno de lo que imaginaba. Hasta ese día, ese momento que hirvió tanto la llama del amor, en su ser, que pudo devolverle por completo a su corazón, esa sensación de tibieza, que creía haber perdido.
No se sabe como, ni en que momento, él apareció. Ojos infinitos, cigarrillos Parlament, sonrisa amarillamente perfecta, unas manos firmes y suaves, rulos cobrizos, abrazos llenos de perfume, su risa que repiquetea en su cabeza al momento de dormir, sus besos húmedos, su boca redonda, regalos, su humor ácido, sus princesa y mi amor, su piel de porcelana. Su todo. Calor, quema, se derrite su interior ante el mínimo contacto, con Agustin.
lunes, 6 de julio de 2015
El culpable II
Estamos recostados en nuestro infierno personal, ese que mide dos plazas y media, y tiene sabanas azules. Cierro los ojos, siento el latir de su corazón, tan tranquilo y galopante, se me hace parecido al rítmico tic tac del reloj, en su mesita de luz. Acaricio su enmarañada melena rubia, dejo hundir mis dedos en sus rulos aplastados, y con mi mano izquierda, trazo finas lineas sobre su ombligo perfecto. Esa es la última palabra que se queda prendida a mi lengua, luego de besarnos... "perfecto".
Una vez creí que nunca me iba a sentir así. Creía que había amado, y como todo resultó ser un fiasco, no volví a arriesgarme. Pero entonces soñé y soñé con el corazón abierto, el que llegaras, y te esperé, y en el camino elegí mal, no te conocí hasta que decidí que debía pasar, que ya me sentía lo demasiado enamorada como para seguir esperando a que te aparecieras en mi vida. Y así fue.
Y por arte del destino, del universo, o de cualquier otra entidad super poderosa, apareciste. Me colmaste de pasión, me enseñaste a querer de nuevo, a vivir de a dos, me elegiste, me acariciaste, me abrigaste del frío invernal que había en mi alma, y yo solo te amé, tan de repente, que no me diste ni el aliento para que pudiera suspirar ante tu contacto. Me arrebataste la oscuridad, me llenaste de luz, de sol, de risas, y te amo, tan simple como suena, pero tan complicado de entender.
Estamos recostados en nuestro infierno personal, y te siento vibrar, antes de que volvamos a tocar el cielo.
domingo, 5 de julio de 2015
Lo sentencio culpable.
Siempre se había etiquetado en el papel de "un fiasco para las relaciones". Chica linda de corazón roto. No había manera de pegar los pequeños pedazos esparcidos en ella. Aún así, después de muchos años pudo reivindicarse, o por lo menos parecer un poco más sensible, pero a medida que corría el año, ya había fallado en relaciones prometedoras, porque eso era lo gracioso, todos sus respectivos candidatos eran buenos (unos más que otros).
A principio de año sale dos meses con un baterista, estudiante de ingeniería. Medio rollinga. Tranquilo. Muy inteligente por sobre todo. La relación parecía ir encaminada, pero ella estaba tan cansada de visitar plazas. En el fondo quería algo más. Pasaron dos meses y las cosas comenzaron a ponerse serias. El "vos y yo", era "nosotros", y digamos que el plural es algo aterrador cuando se es una rompe corazones. Así fue, que rondando febrero, decidió terminar con él. Una de las tantas excusas que le puso, era que había comenzado la universidad, y realmente se sentía atraída por aquellos hombres que observaba en el pasillo.
Hubo un culpable en esa decisión.
Luego del baterista, vino el skater, pero ese tiene un pequeño papel en la parte de la historia. Él, un año más chico. Al principio fue pura atracción física, pero luego volvían sus insatisfacciones. No quería un hombre que le pidiera cinco pesos porque le faltaba para pagar la cerveza. "Hombre", porque a pesar del año que difería entre ambos, una gran grieta se podía percibir a la hora que entablaban una conversación. Ella ya había entrado a la facultad, y él apenas terminaba el secundario. La razón de su detallada búsqueda en el hombre perfecto, no solo se basaba en estar maldita bajo el signo de Virgo, sino también en sus padres, quienes la criaron toda su infancia diciéndole que era maravillosa, por lo tanto, a la hora de buscar un par, se necesita que ese compañero llegue a las expectativas de lo que "adecuado", significa para sí.
Mientras el ciclo lectivo transcurría, apareció lo que para ella podría llegar a ser la definición de "compañero ideal". Unos cinco años más grande, sofisticado, ojos verdes, simpático. Habrán estado hablando un par de meses, hasta el momento que se vieron encontrados en un pequeño boliche de la ciudad. Era la noche, debía suceder. Por iniciativa propia se acerca, y lo besa (porque las niñas maravillosas tienen iniciativa propia). "Vamos a mi casa", fue lo único que pudo decir con claridad el Ruso. Esa noche se tomaron un taxi. Esa noche ella perdió su celular, la billetera, y todos sus documentos. Esa noche se besaron hasta el punto límite, del sillón de su casa. Y ahí vuelve el problema, ella no quería ser besada en un sillón, a escondidas de la madre de él. Sentía en ese momento que no estaba para esas cosas. Quería que un hombre la valorará de la manera en la que ella se sentía mujer.
Él nunca la volvió a llamar.
Transcurrió lentamente el año. La desilusión amorosa desemboco en un mal rendimiento facultativo. El incentivo nulo que sentía experimentar por todos los cambios bruscos, en los últimos meses, parecía afectarle más que a otras personas.
Había un viaje programado para despejar todos sus males. (Porque las niñas maravillosas aman viajar). La finalidad de dicha actividad, únicamente iba con el fin de conocerse más con una de sus allegadas amigas de la facultad, Camila. Sin embargo, a la hora de encontrarse en un momento de desventaja (darse por rendida con los hombres), conoce a Lucas. El momento donde sus vidas se encuentran, es en un micro subsidiado por el gobierno. Viajando a la capital de Buenos Aires. Fue amor. O más bien intriga. Todo sucedió tan rápido y natural, que en su momento no era extraño verlos pegados como figuritas.
Así es como entra un personaje importante en el año. Ella quería que alguien la tratará como creía merecerse, que le dijeran lo fabulosa que era, lo inteligente y carismática que podía llegar a ser. Lo hermosa que era aún sin maquillarse. Una sarta de datos que ya sabía, pero que era necesario recibir halagos por parte masculina, para alimentar su frágil ego de porcelana.
Pero a pesar de todo eso, seguía incompleta. No salían nunca a lugares distintos, y parecía que solo en el viaje, se habían divertido.
Pero hubo un culpable en su decisión.
El culpable en la decisión de cortarle a todos, tenía nombre y apellido, pero solo eso era información accesible para ella. Lo había visto caminar por los pasillos pero nunca habían entablado una charla amistosa. O si, en realidad solo una vez, pero no cuenta realmente. El culpable de cabello rubio y sonrisa perlada, no sabía que tan catastrófica podía llegar a ser para aquella confundida chica, el encontrarse insatisfecha en una relación, deseándolo a él. Utópico y enigmático.
Un día cualquiera, se sube al micro rutinariamente para ir a la facultad. Ese día rinde su primera materia libre, esta nerviosa. Antes de subirse se fuma un Virginia, y sube demasiado relajada. Pasa la tarjeta por el lector, y mira para saber si hay algún asiento disponible, y entonces lo ve. Esta al fondo, y a pesar de que el transporte público se encuentra lleno de personas, el resalta completamente en la multitud. Sus miradas colisionan, y un burbujeo de éxtasis recorre sus pupilas.
Eso fue todo. Basto una mirada de un extraño, para cuestionarse todo lo que estaba viviendo con Lucas. Bastaron fugaces tropiezos continuos entre ellos dos. Cruzarse una y otra vez luego de ese día. Soñar con sus labios rosáceos y redondos. Soñar con su sonrisa. Soñar con tenerse en redes sociales para poder chusmearse. Soñar que él la invita a salir, la pasará a buscar. Soñar con que besa mejor de lo que se ve. Soñar con que hace el amor mejor de lo que parece. Soñar con que por fin alguien podrá reparar sus añicos. Soñar (y confirmar luego) de que el sí era el amor de su vida.
Entonces el culpable siempre había sido él. Solo que ellos no lo sabían. El no sabía que tarde o temprano su vida se vería topada con la de ella, y ella no sabía que él la deseaba con el mismo fervor indescriptible e irracional. Magnetismo cósmico.
Haberse equivocado tantas veces en el año, fue una bendición, una preparación para lo que vendría. El saber que para conocer a alguien se requiere más de un mes, el entender que estaba todo en la paciencia, pero también en la diversión. El hecho de que nunca haya pasado nada más allá de lo sexual con Lucas, era una señal de que debía esperar... al indicado. Y el había llegado hace tiempo, solo que no tuvieron el placer de presentarse, hasta ese día que fumaron un cigarrillo juntos.
miércoles, 1 de julio de 2015
No existen las casualidades, existen las causalidades.
Siempre me cuestione si en verdad el destino está escrito, o si es solo un suceso de acciones propias, que nos llevan al lugar en donde estamos ahora. No lo sé, tan simple es responder eso. Los días últimamente en mi vida se volvieron rutinarios, la vida del estudiante universitario tiene un pico de soledad bastante complejo.
Ese día comí algo a las apuradas y salí de mi casa. Tome el 52 rumbo a la facultad, y me senté al final del micro, con una amiga. La escucho hablar sobre su novio, lo cual en el fondo poco me importa, porque de repente soy absorbido completamente por una chica.
Cabello lacio, alta, ojos marrones, boca fucsia, se sube al micro, saluda al chofer y paga de manera instintiva. Inspecciona los asientos en busca de uno libre, y nuestras miradas colisionan. Sé que podrá sonar cursi o patético, pero en el fondo siento que le gusté. Porque hay miradas y miradas, eso es cierto. Hay miradas vacías, otras mas fraternales, hay miradas lujuriosas, otras rencorosas, sin embargo, en sus ojos vi curiosidad.
Ya la había visto en otras ocasiones, pero ese día estaba absolutamente hermosa. Fue todo el viaje leyendo apuntes, escuchando música, y de vez en cuando moviendo suavemente sus carnosos labios, para memorizar, o cantar. Una de dos.
El viaje esta por llegar a su fin, y ella se levanta del asiento. Recorre el pasillo como si fuera una pasarela, y me ignora. Se baja rápidamente y comienza a alejarse de mí. Que buen culo... como me gustan sus piernas alargadas y musculosas.
De repente la pierdo de vista, y en un instante, se encuentra detrás mio. Abro la puerta para mi amiga, la miro a ella y la dejo pasar. Mis padres siempre me educaron a ser muy caballero. Ella me sonríe pero esta vez no me mira a los ojos. Luego de eso, la pierdo mientras observo que sube las escaleras a zancadas.
Cuando creí haberla perdido de vista por completo (ya que al entrar en la facultad todo se vuelve un agujero negro), subo las escaleras y la veo fumando con una amiga. Sus labios apenas rozaban el fino Virginia. Otra vez, me ignora, pero esta vez sonríe y mira al piso.
Al terminar de rendir un final, voy con mi mejor amiga al buffet, donde otra vez me la vuelvo a cruzar. Tres veces en un día, tal vez existían las coincidencias, pero en ese momento no podía dejar de pensar que quería cruzarmela en todos los lugares posibles.
Anonado con su belleza, esa noche me dormí soñando con besarla.
DÍA DE COINCIDENCIA 2:
Se sube al micro otra vez, y me mira.
Quiero que sea mía, y lo voy a lograr.
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