domingo, 30 de octubre de 2016
viernes, 21 de octubre de 2016
El remisero
Decidí verte, luego de dos años sin tener noticias sobre tu existencia, te escribí. Siempre tengo malas ideas, y vos siempre fuiste una. Entonces te dije que nos viéramos, hablamos como siempre, me baje en la plaza España y me escribiste un inocente "¿qué haces?":
- Tomemos unas birras - te respondo, porque siempre fui muy directa y bruta para encarar todo.
- Te paso a buscar en tres minutos.
De repente estabas ahí, manejando un auto negro que poco distingo si era un gol o un corsa. Sacaste el torso por la ventana y sonreíste. Me subí, te miré, estabas cambiado pero parecías ser la misma persona. Aún así yo no te conocía, en lo absoluto, solo sabía que como siempre tenías novia, pero me mentí y dije "voy a ser su amiga", puedo ser su amiga, mentalicé:
- No nos vamos a bajar del auto. Me encanta manejar. Ahí vamos a comprar una birra.
- Comprame puchos, un Marlboro 10 - te entregue el dinero y desapareciste.
Volviste, me entregaste el atado y prendí un pucho. Lo hice instintivamente, tenía miedo de que hubieran baches incomodos y silenciosos; para los fumadores siempre es una buena excusa si la conversación no va encaminada. Pusiste disclosure, abriste la cerveza con el encendedor, y hablamos de nuestras vidas. Ahora estudias psicologia, y estas de novio, pero me decis que no la queres, como siempre me dijiste con todas tus novias. Me comentas que la miras y no te gusta, y que a veces te parece irritante su risa constante.
Costeamos el parque San Martín, nos adentramos a las profundidades de los bosques artificiales de la ciudad, y salimos por quien sabe qué calle. Me contaste que trabajabas de remisero, y me reí, debes ser el remisero más hermoso del mundo. Te pregunte si tenías alguna anécdota graciosa sobre tus trabajos, y me mencionaste una vez que un gordo quiso que lo llevaras a un prostíbulo y te termino pagando en dolares:
- ¿Vamos al casino?
- Vamos - nunca pude decirte que no.
Entonces era viernes por la noche, o miércoles, o tal vez no fue ningún día de esos y te soñé, pero aparecimos en un casino, y antes nos fumamos un porro, el primer porro luego de cinco años de conocerte. Estaban sonando los Arctic, bajé la ventanilla, suspiré, me prendí otro cigarrillo, te reíste y dijiste:
- Fumas como una enferma.
- ¿Qué?
- Mira como estas, con los dedos en la ventanilla, escuchando una canción que te gusta, fumando un Marlboro. Te encanta, fumas como una desquiciada y me gusta.
No pude responderte nada.
Entramos al Casino, apostamos a la ruleta, ganamos una vez y perdimos la otra. Me contaste que tus amigos iban siempre y se gastaban alrededor de tres mil pesos. Las personas dentro del lugar me daban lástima, muchos viejos, mucho olor a tristeza y demasiadas luces obnubilantes. Salimos de allí, tal vez estuvimos una hora. Volvimos a recorrer la ciudad. Nos paramos en una estación de servicio.
- Voy a mear - me dijiste.
Seguimos el transcurso y terminamos en una calle paralela de mi casa. Te hablé de cine, te dije que me encantaba mucho Xavier Dolán, te mostré mi escena favorita, con el sonido al máximo. Me dijiste que era lo mejor que veías en mucho tiempo. Sonreí. Me dejaste en casa, ahora yo vivo donde antes vivías vos.
Te vas a cambiar a una casa, con la novia de tu papá. Siempre fuiste un chico de pavimento y me comentas que te da miedo, te sentis desprotegido y desconcertado. Tenes 20 años, o un poco más, ya no sé cuantos años tenes Nico.
Luego de todas las secuencias que parecen no tener sentido, pero estuvieron englosadas en una misma noche, me bloqueas y nunca más volvemos a hablar. Volvió a pasar lo de siempre. Te extraño, pero nunca vamos a poder ser.
miércoles, 19 de octubre de 2016
Epistolar
Mariano está de novio con Jazmín, quién actualmente se fue a vivir a Buenos Aires. Él, amante de Tierra del Fuego, decide quedarse en la ciudad, aún así deciden mantener una relación a distancia. Lo singular y extraño de todo esto, es que pactaron únicamente comunicarse por cartas, para así mantener el romanticismo y toda la mítica que conlleva esperar en el correo. Es así, como llega la primera carta.
5 de Septiembre, 2005
Mariano:
Debe ser una tarea muy ardua el amar constantemente la distancia. No nos conocemos, pero tu carta llego a mi puerta por sorpresa. Al principio me alarme, luego, la leí, no pude evitarlo y te pido disculpas por eso. Voy a tomarme el atrevimiento (ya rompí todas las reglas protocolares posibles) y responderte varias cuestiones que le preguntabas a Jazmín, quién por clara deducción, debe ser tu novia.
Buenos Aires es hermoso, mucho más en otoño. Lo lindo de la ciudad es sentarte en un bar que tenga una ventana que de a la calle, esa es mi parte preferida. Para ello primero hay que abrigarse, en lo posible tener una buena bufanda, y pedir un café doble. Para acompañar toda esa secuencia, lo ideal es tener un buen libro, no mencionaré a Cortázar porque perdería todo el encanto y recaería en lo común, pero si se puede, tal vez algún libro de poesía, de algún autor que no tenga nombre y su tapa sea más fea de lo que crees.
Me olvide de presentarme, me llamo Paulina, soy diseñadora gráfica y tengo treinta años. ¿Cuántos años tenes amigo Mariano?. Lamento nuevamente haber interceptado la carta tan romántica y nostálgica que le enviaste a tu enamorada, pero dadas las circunstancias, esto ya esta escrito, y pronto llegara a tu domicilio.
Le preguntaste a Jazmín si sentía sola por las mañanas. Que tramposo de tu parte, ¡seguro querías hacerla llorar en esas líneas! tal vez esperabas que en los versos próximos de su respuesta, te dijera que te extrañaba tanto que no podía respirar. En lo particular, Mariano, yo sí me siento sola, pero por suerte tengo un gato que se llama Elvis, y le gusta mucho el rock and roll y mirarme desayunar.
¿Vos te sentís solo por las mañanas? o mejor dicho, ¿te sentís solo por las noches?. Mariano, te invito a desayunar a Buenos Aires, si es que decidís mantener una relación epistolar conmigo. Podemos hablar de música, literatura y política, podemos hablar de los misterios del universo y porque siempre la ley de murphy se aplica a todas las aristas de la vida. Mariano, que lindo nombre, te dejo mi dirección y le reenvió la carta a tu novia, viva donde viva.
Tal vez luego de esto me contestes, o tal vez estas palabras queden suspendidas en el vacío. Lo único que me deja tranquila es que me anime a escribirte. Tal vez porque me sentía un poco sola, y esta ciudad a veces te devora por completo y te escupe en pedazos. La urbe es más cruel de lo que parece.
Te invito al cine, a alguna muestra de arte, algún museo que no este de moda, no vayamos a ver a Yoko Ono, mejor vamos a alguna muestra underground que hable de todos los tabúes que nosotros no nos animamos a debatir. Te invito un café en la calle Humberto primo y Perú, exactamente San Telmo. Te invito al mercadito de antigüedades para que podamos jugar como niños. Podemos ir a algún toque y tomar cerveza hasta que nos duela la cabeza.
Mariano, te invito a la ciudad de la furia.
Con cariño, tu amiga epistolar, Paulina.
martes, 18 de octubre de 2016
Gonzalo
Te vi, estabas a kilómetros de distancia tomando una cerveza, nos ignoramos pero no pudimos evitarnos. Pude sentir el aroma de los cigarrillos Phillip que te encanta fumar, y gire sutilmente la mirada, te observe detenidamente, te habías cortado el pelo y llevabas la misma camisa de siempre. No sentí nada. Pense que podía correr a casa y buscar el sweater azul que tengo guardado en el armario, devolvertelo, decirte que nunca me gustó tanto como creía. Mirarte a los ojos, sostener firme tus pupilas y adentrarme nuevamente en el misterio de tu nebulosa mente. Pero no lo hice, todos los planes que formula mi cerebro son basura.
Volví de las tinieblas, y acá estoy.
Acá estoy de nuevo, me animo a escribir, a escribirme, me animo a sentenciarme con mis frías palabras, me animo a decirme todo lo que pienso pero no quiero admitir. Acá estoy, otra vez, desnuda ante las palabras que guardo en mi inconsciente, ese mismo donde puedo acceder cada vez que mis dedos se conectan con mis pensamientos flotantes, vagos y transparentes como un fantasma.
Soy la sucesión de todas las cosas que me pasan, soy la causante, soy el problema y soy la solución. Soy la piel que a veces rechazo y soy la misma que me acuna, y me cuida, de este mundo, de esta vida que duele y sangra. No escribo, cada vez que vengo a este lugar afloran mil sentimientos negros y grises, y tristes, de esos mismos colores que intento anular una y otra vez, pero lo juro, a veces vivo en un día nublado constante. A veces mi visión se obnubila ante las lagrimas que golpean mis parpados, furiosos, como olas en una tormenta, y recuerdo que estoy aquí momentáneamente, es así que me consume una angustia avasalladora, como si me recordara constantemente que estoy aquí para vivir y morir, tan simple como eso. ¿Cuándo desapareceré? ¿cuántas veces morí esta semana?
Acá estoy de nuevo, pensando que me tendré que ir de esta ciudad, de mis calles, de mis amigos, pensando que a veces huyo de todo lo que me hace bien buscando otra cosa, otra explicación. Me pregunto si estoy haciendo lo correcto, y lloro, lloro tanto que los días no alcanzan. Necesito 50 horas en un día para llorar tranquila, y acostarme en la cama, y sentir que el cuerpo pesa tanto como un lingote de oro. Sentirme enferma, decaída, sin ganas de salir de casa o de interactuar, sentir que tengo mil y un responsabilidades y que a pesar de ello, no soy responsable de mi misma, de mis acciones, de mis sentimientos. Acá estoy, escupiendo versos, letras, veneno mental. Si me lees, hacelo con cuidado, a veces las almas más torturadas son las mas encantadoras. Acá estoy, escapando de cualquier indicio de amor en el exterior. Acá estoy, esa es la única afirmación. Acá estoy. Viva. Yendo a la facultad en micro, mirando la ventana sucia y llena de gotas, esas mismas que se forman cuando me siento desdichada y vacía. Acá estoy, abrazame.
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