Me senté en el patio, Johny me observaba con su fresca mirada inocente, la cual a pesar de tener 7 años (49 en años perro) mantiene ese destello que me da consuelo en mis momentos de soledad, ¿Cual será la magia? que sin hablarnos su presencia me reconforta... Estaba tomando mate, con mi nuevo y siliconado modelo, sola (humanamente sola) mientras él y yo compartíamos una cordial conversación de miradas tranquilas, de repente repare la belleza en algo tan simple y puro, la calma. Fui feliz, más bien lo soy, aunque este angustiada, enojada, triste y muchos sentimientos oscuros más, debajo de esas capas de emociones, soy realmente feliz, con poco, con nada, pero al fin, lo soy, o eso creo.
Que cosa tan extraña es la felicidad ¿No?, un día creemos tenerla y al otro desaparece, pero... ¡siempre está!, aunque los humanos estemos hechos para sufrir, porque solo así aprendemos y sacamos experiencia de eso, ahí se encuentra, la felicidad abandonada porque no la sabemos reconocer diariamente.
Nos educan tan mal, con el existencialismo de que la felicidad es una cosa a futuro y no algo del momento, y ahí es cuando erramos de manera tan natural que creemos que somos seres desafortunados, cuando en realidad somos tan felices y acostumbrados a eso, que no lo valoramos en absoluto.
lunes, 27 de enero de 2014
Oscuro
¿Qué es la decepción? Me pregunto al mismo tiempo que siento ese amargo nudo en la garganta y aquellos nauseabundos pensamiento de asco.¡Que sentimiento ácido!, ¿Cuanta mierda hay acá? Y cuando me refiero de cuanta, hablo de un espacio físico, más bien, el alma. Podrían pensar que estoy loca pero todos experimentamos decepción, y eso se convierte en rencor, acumulado en la parte oscura y sagrada de nuestro ser, pero... ¿Cómo librarnos de todo esto? ¿Perdonando? No lo sé, creo que el tiempo se ocupa de eso, o tal vez el subconsciente, que se encarga de mandar al olvido todo lo que nos hace mal. Que viaje estúpido hace mi cabeza, preocuparme solo me absorbe las energías...
domingo, 26 de enero de 2014
Efímeros recuerdo de un verano
Lo conocí en otra realidad. Punto. Punto, punto. No sé como comenzar, diría más bien que lo conocí cuando lo necesitaba, aunque en realidad yo no sabía eso, más bien lo descubrí cuando lo perdí, a la vuelta de mis vacaciones veraniegas.
Siempre traté de escribir sobre esto pero nunca daba resultado, no sé si es porque no puedo describir perfectamente cada sensación que experimente en su momento, o porque bloqueo varios recuerdos que hoy (en esta realidad) se encuentran muy lejanos. Nunca comprendí como un amor tan efímero podía doler tanto; los dos sabíamos que eso que "teníamos" se iba a acabar, ya sea por la distancia, por la edad o por cualquier otro factor x que se interpusiera entre nosotros.
Sea cual sea, la magia que hace enamorarse dos personas en verano puede ser eterna, y así fue como dos veranos seguidos lo amé, lo amé con tal locura y devoción que aquel amor, puro, inocente y prematuro, marco mi alma por siempre.
Aquellos dos veranos me enseñaron cosas que tal vez hoy no recuerdo para proteger mi frágil memoria, y mi adolorido corazón, pero restando eso, aprendí mucho, y hasta hoy recuerdo con dulzura y nostalgia aquello que un momento me hizo sentir plena, más bien, una persona totalmente amada.
Las personas se pueden enamorar un montón de veces (o eso creen) pero si hay algo de lo que yo no dudo, es que siempre nos enamoramos diferente, es por esa misma razón que aquel amor de verano fue único en toda su extensión, y al mismo tiempo finito.
No podía no darle importancia a un hecho tan importante en mi vida, así que si en algún momento, por coincidencias de la vida, terminas acá, leyendo esto, solo quería darte las gracias... por amarme.
G.
Siempre traté de escribir sobre esto pero nunca daba resultado, no sé si es porque no puedo describir perfectamente cada sensación que experimente en su momento, o porque bloqueo varios recuerdos que hoy (en esta realidad) se encuentran muy lejanos. Nunca comprendí como un amor tan efímero podía doler tanto; los dos sabíamos que eso que "teníamos" se iba a acabar, ya sea por la distancia, por la edad o por cualquier otro factor x que se interpusiera entre nosotros.
Sea cual sea, la magia que hace enamorarse dos personas en verano puede ser eterna, y así fue como dos veranos seguidos lo amé, lo amé con tal locura y devoción que aquel amor, puro, inocente y prematuro, marco mi alma por siempre.
Aquellos dos veranos me enseñaron cosas que tal vez hoy no recuerdo para proteger mi frágil memoria, y mi adolorido corazón, pero restando eso, aprendí mucho, y hasta hoy recuerdo con dulzura y nostalgia aquello que un momento me hizo sentir plena, más bien, una persona totalmente amada.
Las personas se pueden enamorar un montón de veces (o eso creen) pero si hay algo de lo que yo no dudo, es que siempre nos enamoramos diferente, es por esa misma razón que aquel amor de verano fue único en toda su extensión, y al mismo tiempo finito.
No podía no darle importancia a un hecho tan importante en mi vida, así que si en algún momento, por coincidencias de la vida, terminas acá, leyendo esto, solo quería darte las gracias... por amarme.
G.
jueves, 23 de enero de 2014
Creciendo
Quisiera creer que no crecí de golpe, que estoy dormida con ocho años soñando con mi adolescencia, que todavia mamá me levanta, me ayuda con las tareas, puedo comer sin engordar, divertirme sanamente y por sobre todo tener la inocencia que un momento uno va perdiendo a lo largo de los años.
Si tuviera una maquina del tiempo me diría tantas cosas, pero más que nada escucharía a mis papas, quienes me decían que no pidiera crecer... tal vez hubiese estado más tiempo jugando que deseando ser mayor; pero acá estoy, en el año limbo, donde todas las decisiones que voy a elegir van a repercutir a lo largo de mis días, como el decidirme por una carrera, en saber que prioridades darle al último año, en saber si la carrera que estoy apostando es la correcta, en no escuchar a esos "No te pongas de novia antes de Bariloche" etc etc.
¿Cual era la necesidad de crecer? Si tuviera que elegir, sería chica por siempre, no por el hecho de que uno elude responsabilidades y cree que el dinero que sus padres sacan del banco es puramente gratis, sino que cuando uno es pequeño tiene 100% de bondad.
Veo día a día como la gente se nutre de malas energías, como el trabajo, el dinero, y todas las metas pendientes en una lista diaria, aburren. No quiero dar consejos porque no soy adulta, pero estoy segura que la clave es nunca perder la esencia, y cuando hablo de la esencia, hablo de ese brillo que aparece en una carcajada genuina, de esa picarda infantil que resurge en el momento que nos conectamos con un recuerdo gracioso, o de esa inocencia que a veces se asoma en alguna charla donde hay asuntos desconocidos, pienso que todos deberíamos llevar un "Principito" en el alma, para no envejecer, no estéticamente, sino espiritualmente.
Si tuviera una maquina del tiempo me diría tantas cosas, pero más que nada escucharía a mis papas, quienes me decían que no pidiera crecer... tal vez hubiese estado más tiempo jugando que deseando ser mayor; pero acá estoy, en el año limbo, donde todas las decisiones que voy a elegir van a repercutir a lo largo de mis días, como el decidirme por una carrera, en saber que prioridades darle al último año, en saber si la carrera que estoy apostando es la correcta, en no escuchar a esos "No te pongas de novia antes de Bariloche" etc etc.
¿Cual era la necesidad de crecer? Si tuviera que elegir, sería chica por siempre, no por el hecho de que uno elude responsabilidades y cree que el dinero que sus padres sacan del banco es puramente gratis, sino que cuando uno es pequeño tiene 100% de bondad.
Veo día a día como la gente se nutre de malas energías, como el trabajo, el dinero, y todas las metas pendientes en una lista diaria, aburren. No quiero dar consejos porque no soy adulta, pero estoy segura que la clave es nunca perder la esencia, y cuando hablo de la esencia, hablo de ese brillo que aparece en una carcajada genuina, de esa picarda infantil que resurge en el momento que nos conectamos con un recuerdo gracioso, o de esa inocencia que a veces se asoma en alguna charla donde hay asuntos desconocidos, pienso que todos deberíamos llevar un "Principito" en el alma, para no envejecer, no estéticamente, sino espiritualmente.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)