lunes, 16 de marzo de 2015
Dementor
Desearía nunca haberlo conocido, desearía nunca haber amado esos labios rosáceos, desearía nunca haberme fundido una noche fresca en su boca. Desearía no haber cometido una y otra vez el error de amar a quien no se merece ni un mínimo de mi cariño... aún así lo hice, por ilusa, por enamoradiza, por torpe y poco crítica, porque sabiendo que me iba a romper el corazón, yo lo deje.
Me lo encontré entre la multitud y estaba como siempre, parecía que el tiempo no había afectado en absoluto sobre su persona, o que por una extraña razón a su lado sentía el retroceso de los años. No dude en aparecerme frente a él, y sonreír, sin recordar por completo que esa persona rompió a su antojo lo que hoy es un manojo de piezas sin arreglo. Mi corazón.
>> Nos sonreímos, extasiados, nos abrazamos y nos miramos. No podía resistir que estaba volviendo a rodear con mis propios brazos, el cuello de él. No podía evitar imaginarme como sería eso siempre, como en alguna realidad paralela él y yo eramos felices juntos.
>> Lo besé, después de tanto tiempo de haberme olvidado esa leve presión sobre mi boca. Sus labios de terciopelo se parecen a los pétalos de una rosa. Su lengua apenas pasa apercibida. Cierro los ojos y lo aprisiono contra mí, porque sé que se va a escapar, y sé que si se escapa no va a volver más.
- No puedo.
Me larga entre risas, y mi mundo vuelve a desmoronarse lentamente. Ya no quiero volver a rogarle amor, ya no quiero sentirme una estúpida. Entonces lo dejo irse, sabiendo que otra vez me robo la felicidad, cual dementor. Luego de besarlo una niebla se apodero de mi alma, y zigzagueando por los recónditos espacios de mi cabeza, volví cabizbaja a ser la indefensa niña enamorada de catorce años.
Esa misma noche no solo me besó a mí, sino que estuvo con ella, la nueva, la otra, la que nunca va a poder sentir todo lo que yo experimente sin siquiera tocar su cuerpo; y hablo de estar estar, de ese estar que nunca voy a poder materializar en carne propia, de esa fantasía casi absurda que a veces, tan solo a veces me doy el gusto de poderlo imaginar. Sin embargo cedo ante la situación, comprendo que realmente no me merece, y sé que es así, y sé que por años estuve cegada ante el idealismo de que nuestro amor en alguna circunstancia de la vida se iba a dar, pero no es así, no es así y tengo que aceptarlo un millón de veces hasta que me entre en la cabeza, y pueda volver a amar, de mejor manera. Sin dolor.
domingo, 15 de marzo de 2015
Carmencita
La habitación esta teñida de un negro silencioso y melancólico, apenas puedo percibir un pequeño rayo de luz que se escapa por la persiana. Las motas de polvo bailan en remolino por el lugar. Ella esta envuelta en una bata, apenas cubierta por la delgada sabana blanca. Esta pálida como el papel, y sus ojos hinchados, llenos de pequeñas venas rojas, me miran, pero esta vez se abren despacio. Le doy un beso en la mejilla, y le acaricio su tersa piel de porcelana. Se ve tan frágil y ausente, por alguna razón perdida, más allá de lo que uno puede percibir. Sumergida en su inmensidad, apenas puede hablar, y me susurra entre frases cortadas, lo mucho que se arrepiente de excederse. Agua, limón y azúcar para revivir. La sonrisa aún sigue incauta en su jaula de recuerdos perdidos.
Toma un balde floreado, que simula más a ser un vomitedero que un tacho, y lo abraza, con tanta fuerza, que por un momento creo que es parte de su propio cuerpo. El sonido de su atormentada garganta en cierto modo me alivia, porque sé que se pondrá mejor, pero sé que en ese momento lo único que desea es una eutanasia asistida.
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