jueves, 29 de enero de 2015
Cerebro en off
Nos besamos en el medio de la acalorada múltitud. Todo estaba normal, perfecto. Me encontraba acompañada del baterista más lindo de la ciudad, disfrutando de buena música, bajo un cielo encapotado de estrellas fundidas en el azul Francia de la noche ¿que más pedir? ¿que más desear? en ese momento me sentia plena a su lado; sin embargo todo se vio desvanecido por la famosa "Palida". Empece a escuchar una canción, la cual no recuerdo el nombre, y por consecuente comencé a adentrarme en ella, hasta el punto de sentir que está traspasaba los poros de mi piel y se mimetizaba directamente con mi alma. Aquel concepto me aterró, el estar teniendo ese contacto sobre natural con la música me dejo aturdida. Quise evitar el hilo de mis pensamientos y dirigi la vista hacia un espectaculo de colores y formas, rodando en una gran pantalla. No es necesario decir que es la peor idea que se me pudo haber ocurrido, porque al quedarme hipnotizada por el corto, comence a llevar esos mismos colores (rojo y azul marino) a las personas. Al pasar el minuto pude observar como todo giraba en espirales y como poco a poco el aire se iba escapando de mí, ¿acaso la muerte se sentía así?.
Lo miré, tal vez pidiéndole perdón, y le dije que me sentía mal, en el fondo de mi subconsciente sabia lo que me estaba sucediendo. Al principio hizo caso omiso, pero luego al ver que se me cerraban los parpados de manera involuntaria, tomó mi mano. ¡Bum!, primer flaqueada, las piernas se tornaron gelatina y el cerebro se apaga. ¡Bum!, segundo round, me levanta y me siento ida entre sus brazos, puedo percibir todo lo que pasa en mi entorno, pero aún así no puedo reaccionar, no puedo ver a la gente, no puedo escuchar, solo estoy siguiendo su mano. Tercer round, me desmayo entre la innumerable cantidad de personas a mi alrededor. Estoy perdida en un laberinto oscuro. Él me salva, el me lleva hacía las afueras del corazón de la locura.
Respiro aire, puedo sentirlo, puedo percibir como entra despacito en mí, y va limpiando de a poco toda la oscuridad que conlleva esta terrible y desconocida Palida, la cual se manifiesta sin previo aviso, y te desploma, en tan solo tres jugadas. La situación comienza a esclarecerse, es como si hubiese tenido un par de nubes obstruyendo mi vista, como si de repente una ventisca las ayuntara a todas por completo, devolviendome la claridad de la noche. Salvándome de las ganas de morir.
Puente
Descubrí que la libertad se encontraba pegada a su piel, donde solo nosotros dos éramos los habitantes de aquel recóndito mundo. Siento que me estoy meciendo sobre una seda, alterando mis sentidos, deseando no parar.
Sus manos se escurren por mi espalda y desabrochan mí corpiño; con el no tengo vergüenza de encontrarme desnuda, porque ya lo estoy de alma cuando tomó su mano. Su lengua baila con la mía en el sinfín de compases que compartimos juntos en la ciudad de la furia. La milonga de nuestros cuerpos al danzar parece quedar a la perfección con el momento. Puedo sentirlo en el punto exacto que deseo. Su respiración entre cortada, casi inaudible, es música para mis oídos.
No dejo de vibrar ante la inmensidad de emociones que me carcomen en ese momento. Quiero ser suya, pero aún no es el momento, sin embargo lo deseo con creces a medida de que pasa el tiempo entre los dos.
Duermo bajo su ala protectora y todo esta bien. Sus piernas se enroscan con las mías haciendo un nudo interminable. Tengo su mejilla pegada a la mía, sobre un colchón desgastado y viejo, con la luz tenue. Quisiera estar desnuda para siempre. Quisiera que ese momento no tuviera fin. Puedo saborear la infinidad de su cuello salado, y lo siento suspirar. No puedo evitar sentir miedo bajo tantas expectativas y emociones desconocidas.
Lo siento vibrar una vez más juntó a mi, y me abraza, de tal manera que siento que no es necesario tener relaciones para estar conectados. Me siento suya, y la noche es larga.
martes, 27 de enero de 2015
Golondrina
Me miró a los ojos y dijo: - Me gusta estar con vos porque sos libre, haces lo que te gusta. Sos como una pájaro.
Tal vez es lo más hermoso que me hayan dicho jamás, y si se pudieran guardar las frases en una caja, yo escogería esa, por el simple hecho de que temblaba si me miraba el alma. Cierro los ojos y no puedo escapar de él, la conexión que siento desborda por completo mi circuito nervioso. Me gusta como encajo en el espacio de su cuello y el hombro, como parece que es la pieza perfecta para descansar el torbellino de ideas dentro de mí; como con tan solo un beso puedo hallar mi paz interior. Como su risa repiquetea con la mía en las paredes de mi memoria. La forma en la que mis brazos fueron hechos únicamente para abrazarlo. Sus ojos llenos de dulzura. Su lengua.
domingo, 25 de enero de 2015
Percusiones del amor
Era liberador la forma en la que desataba de a poquito los nudos que habían en mí. El querer poseer el control de todas las situaciones existentes se tornaba abrumador, sin embargo, en ese momento había olvidado el hecho de que mi cuerpo se encontraba en la tierra. Mi mente se había ido, por primera vez alguien había podido callar todas las voces que habitaban en mi ser, todo ese ruido constante de ideas y preguntas, esa acumulación infinita incógnitas.
Había estado tantos años encapsulada en mí, sin querer saber sobre el amor. Era extraño que de repente todo hubiese sido tan simple y perfecto, admitiendo que de alguna manera me aterrorizaba el hecho fallar, aún así, quería correr el riesgo de enamorarme.
Me encuentro en un estado permanente de inspiración. Me regaló paz, sin pedirme nada a cambio.
>> Quiero amarlo todo el día, todas las semanas, por años. Quiero regalarle mil escritos que nunca cambien de final, donde el estar juntos siempre este presente entre las líneas invisibles del universo. Quiero ser suya, por una eternidad.
Entonces mientras pueda besarlo el mundo es un poco menos gris, devolviendole a mi vida tonos cálidos, arrebatándole a la misma el frío.
Entonces mientras pueda besarlo el mundo es un poco menos gris, devolviendole a mi vida tonos cálidos, arrebatándole a la misma el frío.
>> Sé que entre nuestras bocas hay un abismo de cielo que solo puedo sentir cuando estoy con él, abrazándolo, tratando de no fundirme como una manteca en sus brazos.
No entiendo porque lo amo tanto, y esa es la mejor parte de todo esto, el no planear los sentimientos hacía una persona, el no comprender de donde es que salen tantas cosas hermosas que movilizan el alma, haciéndola vibrar, como la primera vez que mi corazón se acelero al sentir su calor, o como no lograba dejar de mirar esos magnéticos ojos color miel.
Amo la suavidad de sus labios, sus manos rodeando mi cuello, deslizandose por mi espalda, descargando electricidad en toda mi columna vertebral. Amo la forma en que me besa y me hace entender que el mundo no existe; como sus brazos me acunan y hacen de sí un lugar pacifico para descansar de nosotros mismos. Su aroma y el compas de sus latidos junto a mí. Su forma de amarme y hacer que quiera volver a empezar. La forma en la que yo lo amo y deseo ser una mejor versión de mi persona. Lo agradecida que me siento por volver a sentir.
No entiendo porque lo amo tanto, y esa es la mejor parte de todo esto, el no planear los sentimientos hacía una persona, el no comprender de donde es que salen tantas cosas hermosas que movilizan el alma, haciéndola vibrar, como la primera vez que mi corazón se acelero al sentir su calor, o como no lograba dejar de mirar esos magnéticos ojos color miel.
Amo la suavidad de sus labios, sus manos rodeando mi cuello, deslizandose por mi espalda, descargando electricidad en toda mi columna vertebral. Amo la forma en que me besa y me hace entender que el mundo no existe; como sus brazos me acunan y hacen de sí un lugar pacifico para descansar de nosotros mismos. Su aroma y el compas de sus latidos junto a mí. Su forma de amarme y hacer que quiera volver a empezar. La forma en la que yo lo amo y deseo ser una mejor versión de mi persona. Lo agradecida que me siento por volver a sentir.
jueves, 22 de enero de 2015
Montaña Rusa
Sentía un profundo deseo de llorar, al mismo tiempo acompañada del nudo que atravesaba mi garganta. No sabía porque, pero a veces las ganas de quebrar en llanto sin razón alguna parecía una idea deliciosa. Los ojos grandes de cristal resplandecían al mirar las afueras de la habitación y podía captar con mayor precisión como la luz se adentraba despacito por la ventana, y el aire caliente se fundía con mi piel.
Podía ver a través de sus ojos como el infierno de su alma se ahogaba en llamas. Estaba en el punto máximo de su paciencia. Sabía que se estaba conteniendo, que quería mostrarse fuerte, duro como el acero, inoxidable ante las tempestades, sin embargo, sus pupilas negras y profundas, similares a las de un cachorro, me observaban con una extrema preocupación. Ignore el hecho de que la situación se volvía cada vez más abrumadora y pesada, solo porque llegue al tope de hartazgo y decidi comenzar a evadir mis propios pensamientos. Es bastante fácil ignorarse, no hace falta mucha ciencia para ello. Adormecer las voces que me enloquecían con el tiempo se volvió una especie de ritual.
Estábamos en una montaña Rusa, los cuatro, mis padres encabezaban el frente del carrito, mientras que mi hermano y yo nos encontramos detrás de ellos, protegidos ante la velocidad de los giros y la inercia de esté. A medida que se sube el aire es más fresco, aún así la bajada es aterradora, acompañada de la velocidad constante que dura tan solo unos minutos. Así era nuestra vida económica, un constante subir y bajar, pero nunca descender del carro, tampoco hallar la estabilidad, más bien convertirse en un viajero vitalicio de la de la vida.
Cada mañana nos subíamos al carro y dábamos vueltas en espirales, subiendo y bajando en la constante atracción. Un día el dueño del parque nos pregunto porque concurríamos todas las mañanas, sin comer, cansados y mugrientos. Mi padre se vio avergonzado y agacho la cabeza, no había mucho que explicar, sin embargo aquel hombre fue el catalizador de la solución. Le otorgo a él un trabajo estable y digno, estabilizando por completo todo el negativo de su cuenta bancaria.
Esta vez él me miro de nuevo, ya no tenía los ojos preocupados y cansados, esta vez los tenía vigorosos, rugiendo como las olas al golpear las rocas de la costa. Esta vez había vuelto a nacer, como un ave fénix esperando el momento justo para resurgir de la cenizas. Esta vez comencé a ser menos adulta y más adolescente, esta vez me deje pasear por el dulce juego de la montaña Rusa, a diferencia de que pude descender antes de marearme. Escogí con libertad, no volver a subirme de nuevo a la constante incertidumbre de la desestabilizada vida sin ingresos monetarios. Esta vez, después de tantos años, la atracción cerro sus puertas, liberándonos.
De la muerte y de los cuernos nadie se salva
Cerré mi corazón años atrás al afrontar una ruptura, una de aquellas que no son nada pero que al mismo tiempo significan todo. Me deje estar entre la gente, flotando nebulosamente sobre el vacío de sentirse desdichado; y cuando alguien aparecía, lo espantaba, intencionalmente, sin preámbulos, porque sabía que estaba cansada de dejarme lastimar, y comprendía que si alejaba a la mayor cantidad de hombres posibles, no solo me concentraría en mi propia vida sino que también podría desarrollarme mejor, tener más amigos, enfocarme en el estudio, realizar diferentes actividades... aún así al caer la noche uno descansa la cabeza en la almohada y sabe que sigue solo, completamente hueco, como la misma vez que él se marcho y me abandono.
Fui la otra mujer, la que estaba siempre disponible. Fui lo que nunca le desearía a nadie, porque no solo te desprecias y dejas que ese hombre mantenga un poder sobre tu persona, sino que te perdes entre mentiras, entre el laberinto lisergico que te invita a buscar la salida, entre tantos "Estamos mal y ya vamos a cortar" a "No puedo seguir más con esto, yo la amo". Fui la que siempre estaba disponible, la que era más linda, comprensiva, divertida y diferente, sin embargo, él seguía enamorado de esa chica que conoció sin maquillaje ni careta, y a veces no lo culpo, más bien me acuso a mí misma por haberme hecho eso. Yo era más que nada una simple ilusión de lo que el deseaba, y lo que yo obviamente quería darle, entonces, yo no era yo, pero estaba impulsada por la emoción de hacer algo prohibido, de sentir esa electricidad recorriendo la columna vertebral, quemándote como un cable pelado y mojado, siendo una y otra vez "la segunda".
Comprendo que después de ese gran error me vi obligada a sanarme a la fuerza, pero era difícil, no podía tapar todo el dolor que sentía en el pecho. No podía cesar esa sensación de angustia interminable que me había arrebatado por completo la felicidad.
Soy una chica con valores, que se respeta y tuvo la suerte de tener unos excelentes padres los cuales me inculcaron una buena educación, aún así, el día que decidí ser la otra lo recuerdo con claridad. Yo estaba saliendo con un chico (el mejor amigo de él), nos habían invitado a una fiesta en donde todos tenían dos años más que yo, fumaban, tomaban alcohol, y para ese entonces nunca había probado nada de eso.
>>Sin querer lo vi, tenía una camisa a rayas celeste y blanca, desabotonada, el cabello un poco despeinado y en su cuello colgaba una cruz. Me sonrió pidiéndome perdón con sus grandes ojos Topacio, era complicado, ya nos gustábamos, no había vuelta atrás. Lo quería más que al propio chico con el que me frecuentaba, pero el hecho de ser su mejor amigo y conocer a los dos al mismo tiempo, no fue bastante propicio.
>> Nos saludamos en un rincón y me serví un vaso de fernet. Los sentimientos que tenía en ese momento no estaban permitidos, no para mí, por lo tanto abrazaba a "mi chico" y me juraba que lo que sentía era real, aún así, hasta el sabor de sus besos se había vuelto amargo. No aguantaba más tener que fingir para todos los demás cuando en realidad quería estar únicamente con Nicolas. Sí lo dije, Nicolas es el nombre del monstruo, y no me atrevo a censurarlo, porque ya he estado suficientes años de mi vida tapando en el inconsciente lo que me quedo en el alma.
>> Decidimos huir de aquella fiesta con la excusa de buscar algo para tomar. En ese momento me dejaron de importar varías cosas. Ningunee el hecho de que la persona con la que me había comprometido para a futuro, tener una relación estable, se encontraba en la fiesta sin mí, preguntándose donde me había ido, y a fin de cuentas, notando que su mejor amigo tampoco estaba en el lugar. Estaba siendo la peor versión que conocí de mi misma.
Caminabamos por la Alameda, de noche, solos, y en cierta manera me sentía libre. Terminamos en un kiosco y él compro dos Dr. Lemon de Vodka (nunca lo había probado). Abrió la tapa con los dientes y nos reímos. No lo podía amar más porque no era posible. Tomamos todo deprisa y volvimos a la fiesta.
>> Me había equivocado al irme con él, no ahí, no en ese entonces. Estaba lastimando a una persona que me quería. No soporte la culpabilidad y el peso de saber que estaba siendo una persona terrible, así que me fuí, estaba siendo juzgada, y realmente no tenía nada a mi favor para defenderme. Estaba con una amiga un año más grande, y mil más viva, ella sabía demasiado de todo y por alguna razón esa noche esclareció algo que oscureció en mí.
>> Nos tomamos un taxi para ir a su casa y Nicolas me dijo que él se iba a ir conmigo, que quería acompañarme. Accedí. Quería tenerlo un rato más conmigo. En el asiento trasero a altas velocidades por causa del chofer, abrace su cuello, y el recostó su cuerpo en mí. Cada pensamiento de culpa se esfumaba a su lado, cada error parecía ser correcto si lo tenía conmigo, y ese era el precio que estaba dispuesta a pagar. No me importaba perder la cabeza por amor, no me importaba tener catorce años y creer que todo lo que hacía era maduro y acertado.
Al bajar del taxi, Marina nos dice:
- Despídanse de una vez. Solo quiero decirles una cosa: de la muerte y de los cuernos nadie se salva - Profesó y esa fue la frase que dio pie a la mayor y errada aventura de amor.
Fui la otra mujer, la que estaba siempre disponible. Fui lo que nunca le desearía a nadie, porque no solo te desprecias y dejas que ese hombre mantenga un poder sobre tu persona, sino que te perdes entre mentiras, entre el laberinto lisergico que te invita a buscar la salida, entre tantos "Estamos mal y ya vamos a cortar" a "No puedo seguir más con esto, yo la amo". Fui la que siempre estaba disponible, la que era más linda, comprensiva, divertida y diferente, sin embargo, él seguía enamorado de esa chica que conoció sin maquillaje ni careta, y a veces no lo culpo, más bien me acuso a mí misma por haberme hecho eso. Yo era más que nada una simple ilusión de lo que el deseaba, y lo que yo obviamente quería darle, entonces, yo no era yo, pero estaba impulsada por la emoción de hacer algo prohibido, de sentir esa electricidad recorriendo la columna vertebral, quemándote como un cable pelado y mojado, siendo una y otra vez "la segunda".
Comprendo que después de ese gran error me vi obligada a sanarme a la fuerza, pero era difícil, no podía tapar todo el dolor que sentía en el pecho. No podía cesar esa sensación de angustia interminable que me había arrebatado por completo la felicidad.
Soy una chica con valores, que se respeta y tuvo la suerte de tener unos excelentes padres los cuales me inculcaron una buena educación, aún así, el día que decidí ser la otra lo recuerdo con claridad. Yo estaba saliendo con un chico (el mejor amigo de él), nos habían invitado a una fiesta en donde todos tenían dos años más que yo, fumaban, tomaban alcohol, y para ese entonces nunca había probado nada de eso.
>>Sin querer lo vi, tenía una camisa a rayas celeste y blanca, desabotonada, el cabello un poco despeinado y en su cuello colgaba una cruz. Me sonrió pidiéndome perdón con sus grandes ojos Topacio, era complicado, ya nos gustábamos, no había vuelta atrás. Lo quería más que al propio chico con el que me frecuentaba, pero el hecho de ser su mejor amigo y conocer a los dos al mismo tiempo, no fue bastante propicio.
>> Nos saludamos en un rincón y me serví un vaso de fernet. Los sentimientos que tenía en ese momento no estaban permitidos, no para mí, por lo tanto abrazaba a "mi chico" y me juraba que lo que sentía era real, aún así, hasta el sabor de sus besos se había vuelto amargo. No aguantaba más tener que fingir para todos los demás cuando en realidad quería estar únicamente con Nicolas. Sí lo dije, Nicolas es el nombre del monstruo, y no me atrevo a censurarlo, porque ya he estado suficientes años de mi vida tapando en el inconsciente lo que me quedo en el alma.
>> Decidimos huir de aquella fiesta con la excusa de buscar algo para tomar. En ese momento me dejaron de importar varías cosas. Ningunee el hecho de que la persona con la que me había comprometido para a futuro, tener una relación estable, se encontraba en la fiesta sin mí, preguntándose donde me había ido, y a fin de cuentas, notando que su mejor amigo tampoco estaba en el lugar. Estaba siendo la peor versión que conocí de mi misma.
Caminabamos por la Alameda, de noche, solos, y en cierta manera me sentía libre. Terminamos en un kiosco y él compro dos Dr. Lemon de Vodka (nunca lo había probado). Abrió la tapa con los dientes y nos reímos. No lo podía amar más porque no era posible. Tomamos todo deprisa y volvimos a la fiesta.
>> Me había equivocado al irme con él, no ahí, no en ese entonces. Estaba lastimando a una persona que me quería. No soporte la culpabilidad y el peso de saber que estaba siendo una persona terrible, así que me fuí, estaba siendo juzgada, y realmente no tenía nada a mi favor para defenderme. Estaba con una amiga un año más grande, y mil más viva, ella sabía demasiado de todo y por alguna razón esa noche esclareció algo que oscureció en mí.
>> Nos tomamos un taxi para ir a su casa y Nicolas me dijo que él se iba a ir conmigo, que quería acompañarme. Accedí. Quería tenerlo un rato más conmigo. En el asiento trasero a altas velocidades por causa del chofer, abrace su cuello, y el recostó su cuerpo en mí. Cada pensamiento de culpa se esfumaba a su lado, cada error parecía ser correcto si lo tenía conmigo, y ese era el precio que estaba dispuesta a pagar. No me importaba perder la cabeza por amor, no me importaba tener catorce años y creer que todo lo que hacía era maduro y acertado.
Al bajar del taxi, Marina nos dice:
- Despídanse de una vez. Solo quiero decirles una cosa: de la muerte y de los cuernos nadie se salva - Profesó y esa fue la frase que dio pie a la mayor y errada aventura de amor.
miércoles, 21 de enero de 2015
No voy a dejar de ser
- La respuesta a todas tus preguntas es que dejes de buscar - me respondió de un modo maternal pero al mismo tiempo enfadada con la situación.
Nos encontrábamos sentadas en el verde pasto de verano, dos personas unidas por las circunstancias de haber sido golpeadas constantemente por la vida, o más bien por una persona. Esa persona que hasta hoy me pregunto que fue lo que pude haber hecho para que convirtiera mi vida en un completo infierno. Reviso momentos y trato de analizar cada palabra que dije, y al pasar los años, las incertidumbres se vuelven cada vez más densas y profundas, arraigando en mi ser raíces venenosas. Quitándome el sueño por las noches.
El precio que tenía que pagar en esta vida era el ser yo misma. A las personas les causaba envidia (sin entender el porque) mi forma de ser, así es como paulatinamente fui ganando enemigos silenciosos, personas que me detestaban sin haber cruzado palabra conmigo. Personas que he tratado bien a lo largo de los tiempos, y a cambio he recibido puñetazos en la espalda, puñetazos anónimos porque nisiquiera tuvieron el valor de mostrar la cara.
Estoy sumamente enojada conmigo, pero aún así no puedo dejar de ser lo que soy. No puedo dejar de hablar así, no puedo abandonar mis pasiones, no puedo fingir, soy autentica, real, transparente, y doy mi corazón a cambio ¿de qué?.
- El precio que vas a tener que pagar toda tu vida es ese. Dejas marca en la gente, tal vez pasas y ellos te miran y te recuerdan. Tu forma de vestirte, de hablar, las cosas que te gustan. No busques más respuestas porque no vas a encontrar nada.
lunes, 19 de enero de 2015
Ojos de bosque en invierno
En sus años de juventud fue un alma totalmente autentica. Le gustaba Nirvana, Spinetta, leía libros, amante del teatro y del arte. Era rara, pero en el buen sentido. Nunca se peinaba, llevaba su rizada cabellera acompañada de su rostro sin maquillaje. Era la perfecta definición de libertad, y era mi amiga. Experimentamos un año pleno de compañerismo, yo creía haber encontrado luego de tanto tiempo un alma gemela, una hermana, alguien en quien confiar todo mi ser, mostrarle mi lado oscuro, dejar que vea mi luminosidad. No había secretos en ese entonces. Decidi cambiar de rumbo un día, decidi que lo mejor era ayudar a mi familia y concurrir a un colegio de estado, uno en donde no tuviera que pagar excesivas sumas de dinero. Quería ayudar, y sabía que si ella era mi amiga (como solia mostrarse) lo entendería. Me fuí de aquella institución con la cabeza en alto, me llevaba un grupo numero de amigas y muchos recuerdos felices.
>> Pero no todo es como parece. Las cosas comenzaron a tornarse extrañas, y aquella persona que quería apoyarme en mis días de adaptación en la nueva escuela, no era más que una desconocida.
Sin adentrarse en detalles dolorosos, ella murió, no físicamente sino espiritualmente. De un día para otro cambio totalmente su forma de ser. Se peinaba, se maquillaba, escuchaba electronica, era frivola, estaba vacia por dentro y me habia abandonado. Sus enormes ojos verdes no eran más que un reflejo, y al ver las puertas de su alma, pude percibir el hielo que había consumido su ser. Se había ido, y nunca iba a volver.
Inmortalidad all inclusive
Una etapa se estaba cerrando en mi vida, un ciclo longevo que a veces parecía eterno estaba tomando su fin, ¿y que mejor manera de festejarlo que con amigos?. Una semana, eso fue todo para despedirnos de la adolescencia, del tiempo libre, eso fue todo para querernos un poco más. Bariloche esconde sus misterios en los recovecos de la ciudad. Cada pasillo y cada habitación del hotel, tiene un sinfín de secretos ensimismados con la electrificante atmósfera de los egresados.
Comprendo que muchos quieren saber la fórmula de la juventud. Algunos adultos recuerdan su pasado como tiempos dorados, de forma lejana, pero en lo que a mí respecta, la esencia queda, y yo seré eternamente una niña, una adolescente y una adulta; porque no quiero volver el tiempo atrás y tampoco quiero crecer por completo.
Una semana de inmortalidad, ese fue mi regalo del año. Una semana de no dormir, comer mal y bailar con ampollas en los pies. Una semana a puro faso y alcohol. Una semana con tus mejores amigos. Una semana donde todo es posible, permitido, eterno. Una semana donde el tiempo se mide en amaneceres, y donde aprovechamos para hablar con personas que nunca nos animamos.
Estar cansado de beber vodka pero seguir tomando, porque pronto viene el micro para llevarte al boliche. Prenderse un charuto adentro de la habitación, recostarse en la cama y fumar, siendo dueño de tus propias acciones. Gritar, reír, correr. Maquillarse en tiempo record. La habitación es un desastre, no sabes que ponerte, te prestas ropa con tus amigas y volves al plan inicial que tenias en mente. Los besos son besos, solo eso, nadie se quiere, todos quieren con todos lo posible que dejes que te hagan. Todos quieren besar hasta el hartazgo, algunos obtienen algo más...
El lago se extiende ante tus pupilas y no cabe duda de que la inmensidad es tan hermosa como el momento que compartís con tus amigos. El arroyo Lopéz y ese airecito a libertad que se huele por ahí. Los bosques, el aroma a verde que tiñe toda la ciudad. El fresco que acaricia las mejillas cansadas de tanto girar. Olor a chocolate en cada esquina.Vivir es una fiesta. Y uno es feliz sin darse cuenta, hasta olvidando que se tiene una vida en otro lugar, con personas que nos esperan a la vuelta, con los ojos expectantes de tanto extrañar.
Y toca volver, desprenderse de esa gloriosa rutina que se paso volando, a la que uno se acostumbro. Amando los vicios de la prematura edad. Las canciones repetitivas una y otra vez.
>> El micro a la vuelta es silencioso, todos se encuentran tan cansados que se pueden disfrutar al menos de unas cinco horas de silencio, aunque tu mente todavía no es la de antes. Seguís pensando en canciones y una necesidad fisiológica de ingerir alcohol y estar en una fiesta.
La etapa termino. Despediste los mejores días del año a lo largo de que la carretera se expandía y buscaba el camino a tu hogar. Y lo que quedan son recuerdos flotando en la nebulosa memoria de días interminables, en donde no había principio ni final, solo una sucesión de horas de descanso para volver al ruedo.
Y por un momento te sentiste infinito, y el tiempo no pudo avejentar tu salvaje corazón aventurero.
El baterista
La noche transcurría tranquila y sigilosa, como cualquier otra, lo único especial era que ese día tenia el cumpleaños de un amigo, y por lo tanto iba a haber alcohol. Concurrí al festejo con una amiga. Típica noche de verano, calor húmedo y cervezas girando de mano en mano. Entre los invitados estaba él, cabello castaño, alto, tocaba la batería, tenía un lunar en la mejilla cortando el abismo entre la comisura de su sonrisa y la boca. Siempre lo miraba en diferentes ocasiones sin recibir a cambio un vistazo.
En las altas horas de la noche el alcohol ya había hecho su efecto en mí, apoderándose por completo de mi inhibición para con los demás. Comencé a hablar con cada persona de la fiesta, ellos reían y concordaban en asuntos que yo largaba al azar para sacar tema de conversación; hasta que me acerque, me acerque por caprichosa, porque esa noche había decidido que él tenía que ser mío.
Lo observaba tocar la batería con obsesionada devoción, haciendo muecas, tocando con tanta fuerza los platillos que llego al punto de romper una baqueta, y sin esperarmelo, pronuncio mi nombre y la lanzo en mi dirección. Fue como entregarle a un pez famélico un pedazo de pan, un anzuelo perfecto, la excusa que necesitaba para acercarme un poco más a él.
- ¿Me la regalas?
- Sí - Afirmo y me sonrió.
Nos sentamos en el piso y comenzamos a beber vino con melón. No recuerdo el hilo de la conversación, pero sí verme envuelta entre sus piernas, creando una especie de nudo con nuestros cuerpos. Era evidente la tensión que había entre nosotros, ese tipo de tensión que solo aparece cuando alguien de verdad te atrae, sin embargo, mirarlo a los ojos y no desearlo era imposible; por lo que finalmente nos besamos, enfrente de la multitud, borrachos y desvergonzados.
>> Había algo extraño en toda esa situación, como si mi cuerpo le mandara una especie de señal diferente a la que transmitía en otros tiempos. Le pedí que nos fuéramos de ese lugar, sin tener en cuenta que era lo que de verdad sucedería.
>> Llegamos a la habitación del cumpleañero. Cerró la puerta y me besó. Apago la luz y eso fue todo lo necesario para saber que no solo tendría besos esa noche. Aún así una guerra personal entre la moralidad y el deseo, combatía en mi cabeza. Tendida en la cama con el cuerpo de un hombre encima, todo es más difícil de racionalizar. Él bailaba sobre mí, y yo abrazaba su espalda, rodeándolo con las piernas y el torso desnudo. Todo resultaba tan natural, dos personas dandosé placer sin prejuicios de por medio, sin pensamientos obstruyendo el momento, sin ataduras, libres.
Siempre tuve el problema de pensar demasiado, si el momento era perfecto yo lo analizaba, lo desintegraba, le hacía una autopsia a los sentimientos que sentía de por medio, y en ese momento todo eso se desvaneció, como si me hubiese librado de algún maleficio. Me otorgo paz mental, y la quiero de nuevo. Quiero de nuevo su brazo alrededor de mi cuello, dormidos. Quiero que me robe la distancia entre nuestros cuerpos, quiero su piel pegada a mí. Quiero ese hueco de galaxia entre nuestros labios. Quiero su lengua. Quiero sentir otra vez, quiero volver a estar viva. Por favor, quiero que me des la fórmula exacta para tenerte junto a mí de nuevo.
Tarde o temprano la liviandad del asunto se volvió más densa, y cansada de esperar lo busco. Como por arte de magia encajaban a la perfección como amantes, amigos y pareja. Como por arte de magia, dejaron entrar al amor de nuevo, sabiendo que con la misma intensidad que te atrapa, puede destruirte en un solo amanecer, sin embargo se arriesgaron, esta bien a veces seguir a los instintos. Esta bien amar por primera vez después de tanto tiempo.
viernes, 9 de enero de 2015
Muriendo
Aprieto con fuerza mis párpados hinchados, tengo los ojos cansados de tanto llorar pero no puedo dejar de hacerlo. Me encuentro de nuevo sumergida en el tubérculo de oscuridad que rodea mi cuerpo. El aire es denso, pero apenas puedo respirar de el. Tengo el pecho vacío, y duele, duele tanto como sus palabras. Duele tanto como su mirada, duele, duele, duele, no deja de doler. Duele la bronca que trago, duele despacito como una brasa, pero quema ahí donde no tiene que quemar, y deja cicatriz, deja marca, deja espacios marcados en el alma. Me dejo ir, a veces quisiera morir, tan sólo por un rato.
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