martes, 24 de mayo de 2016
El infierno
A los ocho años, en catequesis, me hicieron dibujar el concepto que tenía de infierno y cielo. Influenciada por el Catolicismo, y en mi profundo desconocimiento crítico de las cosas, diseñe al infierno como un lugar caliente, lleno de fuego y con una persona roja, malvada y con una cola, un humano rata. El cielo para mí eran nubes, algo tranquilo, lleno de colores pasteles y un señor barbudo en bata. La nota de ese trabajo fue un diez. Los paradigmas que la propia religión me estaba imponiendo, hacía que ellas pudieran (monjas) corregirme subjetivamente lo que era el bien y el mal.
Hoy, diez años después, me vuelvo a preguntar ¿Qué es el cielo y el infierno?. El infierno es aquel lugar al que vas por realizar los pecados capitales o no cumplir los 10 mandamientos, sin embargo, ningún ser humano pensante ha podido cumplir a la perfección la Biblia y su santa palabra arcaica, retrograda y machista. Si tengo relaciones sexuales antes del matrimonio iré al infierno, ¿pero que cosa más hermosa no?, cuanto placer y lujuria en una misma acción. Al igual que la gula, y esa mala costumbre de seguir comiendo solo por querer disfrutar una vez más de aquella comida que te pareció tan exquisita.
Si robo voy al infierno, si soy avarienta también, pero ¿es que acaso todos y todas somos lo suficientemente poco materialistas, como para sentirnos excentos?. Codiciar bienes ajenos, mirar "a la mujer del otro" (también aplicado en la actualidad en mirar al hombre de otra). Hablar mal de alguien, quejarse, no saber como encarar la situación de no poder bancartelo, y fingir, actuar, sonreír, ser falsa/o. ¿Todas esas cualidades no nos llevan al infierno? La propia naturaleza humana nos hace ser egoistas y envidiosos.
Entonces Dios ¿El infierno es realmente la tierra misma?¿los placeres?. En el cielo no cabemos, somos lo suficientemente pecadores como para poder alcanzar tus estandartes de virginidad, bondad y humildad. Nadie se merece una casa en el cielo, ni por más buena persona que hara intentado ser, no hay manera de acceder a lo inalcanzable, a algo que atenta a la propia esencia de lo que somos y de lo que seremos.
Gente mala.
domingo, 1 de mayo de 2016
nublado
- ¿Desde cuándo se rompió la cafetera?
- Siempre estuvo rota
- Antes no estaba así
La verdad es que la cafetera está menos rota que mi corazón, o mis esperanzas, o siquiera las fuerzas que tengo dentro. Mentí con que eras un sol, volví a recordar toda tu violencia, tus gritos, el seseo constante cuando decís algo muy hiriente en voz baja, como una víbora, llena de veneno y odio. Enmascaras ante todos una faceta luminosa, pero aquí, ante los ojos del universo, no haces más que romper cosas.
¿Se puede amar y odiar a un padre? Sí. Se puede tener un nudo en la garganta por todo el dolor que te provoca, y sin embargo morir de ganas de abrazarlo todo un día. Sin embargo el dolor no cesa, el nudo en la garganta no se va y el perdón no se deslizará de mi lengua. No lo puedo perdonar. No puedo perdonar su infidelidad hacía mi madre, porque a pesar de ser problemas de pareja, yo crecí con una mentira. Crecí con una casa, con viajes y bienes materiales, pero crecí cegada.
A veces lloro porque ruego que mi hombre no se parezca jamas a mi padre. Dicen que tu marido es como tu papá, y eso es lo que más miedo me da. Tal vez no me case nunca, tal vez conviva, y pueda sostenerme por mi misma y aportar de igual manera en la casa, pero creo que no quiero firmar un papel que avale ante el estado, cosas que el corazón pregona.
Mirar a los ojos al enemigo, y amarlo, eso es una ambivalencia.
sol
La casa parece de nuevo estar completa. Mi padre duerme y por un momento me acuerdo a esa sensación de hogar, la cual hacía mucho que no experimentaba. Es como si un atardecer enorme hubiese iluminado la casa. Necesitábamos de ese sol y el calor que emana en los recovecos helados del departamento, sin embargo sé que se irá, y se llevará consigo todos los rayos luminosos que en este momento alumbran el living.
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