jueves, 6 de abril de 2017

Blue and Lonesome



   Cuando hablo, escribo y pienso de amor, nunca me hubiese imaginado que todos los paradigmas mentales que engendre por años, iban a ser totalmente lo opuesto.
   Lo conocí de nombre, lo veía en los pasillos, a veces me cruzaba con su voz por la radio. Sin embargo nunca intercambiamos palabras, ni siquiera un "hola ¿cómo estas?". Hasta que un día pasó, como si los astros por fin se hubiesen alineado.
   "Sos muy chiquita" me dijo cuando le confesé que tenía veintiuno. "Y vos muy viejo" le respondí medio enojada porque no quería que me viera como una nena. Esa fue nuestra primera pelea. No éramos nada y discutíamos con la euforia de una pareja casada.
    Un viernes me llegó un mensaje.

    "Tengo todos los vinilos de los Rolling en casa. También vino"
    "¿Es una cita?" - le respondo.
    "Es una cita si me besas al final de la noche"

     Me tomé un subte y seguí al GPS de mi celular. ¿Donde me estoy metiendo? pensé con miedo. Tranquila, me decía otra parte de mí. Entonces toco timbre, el aparece con su mirada serena y helada. Sus ojos azules me observan con detenimiento, yo intento no verme tan frágil, pero mis rodillas tiemblan.

      - Nos llevamos doce años - me larga sin filtro, cuando sirve el tinto en mi copa.
      - ¿Te molesta?
      - En lo absoluto - sonrió y supe que todo iba a estar bien.

      Brindamos por eso.

      Esa noche escuchamos tres vinilos de su enorme colección, y nos bajamos por completo la botella. Fumamos Marlboro y bailamos, cada vez con menos ropa. Sonó Ride 'Em On Down y creo que nunca me sentí mejor.

       - ¿Si te beso termina la cita? - pregunto borracha.
       - Sí, pero podemos continuar con otra.