lunes, 21 de septiembre de 2015
Charlas ficcionadas entre un polítologo y una comunicadora P.I
Facultad de Ciencias Políticas y Sociales:
Es primavera, aunque parece invierno. El politólogo y la comunicadora son amigos, vale aclarar que se encuentran en la transición de aquella fase, en realidad se gustan y mucho pero ambos son demasiado tímidos como para dar el siguiente paso. Sin embargo están juntos todo el tiempo posible.
- ¿Vamos a fumar?
- Sí - le responde ella.
Salen al pasto de la facultad y se sientan. Él le ofrece un Parliament y el encendedor. Ese es el momento donde sus manos se rozan y un estallido eléctrico sucumbe ante sus manos. Ninguno dice nada, hacen caso omiso al hecho. A la comunicadora le gustaría que él le prendiera el cigarrillo, tal como en las películas antiguas, obviando el hecho de que esta acción significa otra cosa.
Hay dos segundos de silencio, él prende su cigarro de manera simbiótica. La luz grisácea que se cuela tras las nubes de primavera, iluminan su cabello ceniza. Sus pestañas perfectamente arqueadas la miran.
- Decime, ¿por qué estudias Ciencias políticas?
- Que raro que alguien pregunte eso.
- ¿Por qué lo decís?
- Por que generalmente a las personas no les interesan ese tipo de cosas.
- A mi sí - fuma una calada y sonríe achinada.
(Acto seguido, él le cuenta sobre su infancia, sus influencias, sus sueños con respecto a la carrera, a donde esta, a donde quiere ir, a donde piensa que va a llegar).
- ¿Y vos?
- No te puedo responder por descarte porque te mentiría, siempre quise ser esto pero en el fondo lo negaba. Desde los ocho años escribo, y desde ese entonces me empece a interesar mucho más en la lectura. Mi padre siempre me influenció en lo audiovisual, es un completo cinefilo. Y mi tío prácticamente me formo, me enseño a dibujar, me guió en el genero musical, me regalo cultura general, y me enamoré, me enamoré del arte en su máxima expresión. ¿Viste que uno nace y siente que viene a hacer algo importante a la tierra? Yo confio en esa profecía. ¿vos no?
- Puede ser - exhala el humo y la observa, con esos redondos y enigmáticos ojos - ¿me puedo acostar?
- Sí.
Recuesta su cabeza en las piernas de ella. Ese momento es perfecto, la calma, los cuerpos unidos sin estarlo físicamente, la utopía que se convierte en realidad, y el amor. Ese que antes parecía no existir para ambos. Hay un momento de titubeo, pero lo hace, se lanza, le acaricia el pelo, el rostro delicadamente, y el cierra los ojos, su comisura derecha se levanta, es una sonrisa escondida. El politólogo abre lentamente los ojos, en este momento ella lo esta mirando (duda si besarlo o no), se levanta, gira su torso en torno a la comunicadora y le acaricia la mejilla. Ambos se encuentran a escasos centímetros. Esta vez ella cierra los ojos, y ocurre. Se besan, suavemente, como si tuvieran miedo de trizar en pedazos los labios del otro. Como si ese momento fueran tan delicado como lo eran lo dos.
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