domingo, 18 de mayo de 2014
Mentir... le a quien?
Tal vez nunca me entiendan, tal vez nunca nadie me pueda comprender, por eso es que ocurre lo que ocurre, por eso es que exploto y nadie sabe porque. El alma se me rompe en mil pedazos y ni yo entiendo porque me pasa, porque lo siento así, porque no puedo sacarme del corazón esa carga tan pesada. Quisiera que me entendieran, que se pusieran en mi zapatos, quisiera que me amarán como a veces ruego, pido, grito, pero... de nada sirve, porque a fin de cuentas siempre vuelvo al punto base del asunto, la invisibilidad.
Varios dirían que ser invisible es una ventaja, podría darles la razón, pero en estos momentos no hay cosa que desee más que el ser vista, el ser notada, parte de algo. Llego de recorrer las calles sola, y vuelvo vacía, de la misma manera en la que me marche hace unas horas atrás; nadie pregunta como estoy, nadie pregunta si me divertí, que hice... yo cuento, yo trato de que se interesen en mi día, aunque pareciera no hacer efecto.
Necesito una amiga, necesito una amiga conmigo en este momento y no la tengo, no tengo a nadie, no me tengo a mí, no tengo a la que soy, no tengo a la que seré, porque todos los pronombres se difuminaron con el viento, y me abandonaron, en este atardecer de Mayo, con el corazón febril hecho cenizas, tratando de revivir de una angustia que surge de a momentos, que me acaricia las mejillas, me besa la frente, me arropa en la cama, me da las buenas noches y me deja ahí, con insomnio.
Escribiendo en la oscuridad, con la estufa prendida, acompañada por la maraña de nebulosas flotantes que no dejan de atormentarme, porque pase lo que pase, este o no este, nunca nadie notará todo lo que digo. Porque soy una buena actriz, una buena mentirosa, debería ganarme un oscar, formar parte de un club; no debo ser la única que miente, no debo ser la única que esta presente físicamente, pero emocionalmente... bueno, ya saben ¿Para qué seguir?
viernes, 16 de mayo de 2014
Continuará
Es raro el universo, como junta a dos personas inexpertas a amar, a amarse. Ambos son dos adolescentes grises, nunca nada les funcionó; él esta triste porque su amor no es correspondido, ella esta neutra porque no tiene a quien amar. Por lo menos se conocieron en un lugar lleno de alegría, de vida, música y carcajadas.
¿Qué tan inexpertos eran los dos cuando se besaron?. Es raro el sentimiento de plenitud y magnetismo que saborearon, como ella nunca se hubiese imaginado eso de él; como él nunca sintió eso.
Comenzaba la historia a retazos, porque desde el momento que sus labios se tocaron, nada mas existió en el mundo. El desamor ya no estaba en sus planes.
Bla bla bla, una linda historia de amor. Si les dijera ¡cuánto tiempo ellos andaban buscando eso! y nunca lo habían encontrado... que magnifica sensación, como se erizaban los vellos de la nuca cada vez que se aproximaban. Como la sangre bombeaba, violenta y rápida.
Enrosca sus brazos alrededor de su cuello, esta vez apresándolo, el sonríe pícaro, una sonrisa que nunca antes vio en él. Ella tiene sus ojos en llamas, consumida por la codicia entera de su ser, deseándolo con cada célula viva de su piel. Se besan otra vez, despacio, lento, e inspiran oxigeno de manera abrupta, mareados...creo que están enamorados.
...Continuará.
Despedida
A veces lo extraño, me pregunto que esta haciendo, como se siente, que esta mirando en este preciso momento. Me pregunto si él me extraña (sé que sí), me pregunto porque nunca puedo seguir en una relación, me pregunto porque me pasan estas cosas a mí, aún así, cansada de divagar en dudas, me dejo estar, me recuesto y me olvido que existe, todo lo que pasamos, sentí o creí haber sentido. Hoy ya no esta.
Paso por la esquina en donde nos encontrábamos... nada se mueve en mí, ni siquiera el sentimiento de angustia es capaz de tocarme el alma. ¿Sera que me volví más fría con el tiempo?. Veo a la gente fumar y me acuerdo de él, como parecía una estrella de rock cada vez que prendía un pucho, como me miraba extasiado pensando que yo era increíble, maravillosa, de otro planeta. ¡Cuanto lo engañe! si apenas puedo conmigo misma, ¿como iba a poder con él?.
Tabaco y perfume dulzón, ese era su aroma, su esencia. Podía estar una tarde entera entre sus brazos, sintiendo esa perfecta combinación, única, placentera, solo a él podía encajarle así.
La primera vez que me beso estaba confundida, y no sabía si era por el faso o el alcohol, solamente sentía que ya nos habíamos conocido antes, de vidas pasadas precisamente.
Cuanto lamento todo esto, cuanto lamento no haberle correspondido, cuanto lamento que ese amor no me hubiese correspondido a mí, porque me amaba, pero de una manera tan frágil y prematura que estaba asustada.
¿Estaré preparada algún día para amar? ¿Y ahora qué haré?
Charlas al diván
Se podría decir que la detesta porque sabe perfectamente que a la hora de recostarse ahí, tendrá que escarbar una y otra vez esos fantasmas que creyó haber silenciado minuciosamente hace algunos años. Habla, primero despacito, empieza a sacar poco a poco esas ideas que estaban enroscadas en su psiquis, y se pregunta si debe cuidar su vocabulario,( en realidad desea decir... mierda,hijo de puta, mal cogido, forro) aunque por respeto a ella reemplaza sus insultos con delicadeces.
Tiene un nudo en la garganta, no quiere llorar, pero un pequeño remolino de arena se ahueca en su garganta. Mira sus nudillos con angustia e inspira profundo.
Esto no va a ser fácil...
domingo, 11 de mayo de 2014
Bordo
No me da miedo caminar sola por la noche. Conozco las calles y viceversa. Apenas llevo un tapado de imitación barata (conejo). Mis delgadas piernas están decoradas con unas panties negras. Soy perfecta, o al menos eso me dicen los hombres. Cabello negro, largo, fino y brillante. Ojos azabache. Lápiz labial barato. Piel traslucida.
Cuando la gente se enteraba como desgastaba el falso rubí de mis labios, me preguntaban por que, pero es difícil explicar algo cuando no se tienen respuestas.
Hace frío pero no lo siento, me volví inmune a él, como si hubiese generado finas escamas en mi tersa piel de porcelana. De vez en cuando la gente me mira (o más bien me percato de que lo están haciendo), soy tan bella a la luz de los semáforos.
- Subí chiquita - Me ordena una voz desde las penumbras de un Corsa azul. Lo observó con desgano - ¿Qué pasa? - Pregunta apurado al ver los autos avanzar a su izquierda.
- No me voy a subir hasta que te bajes a abrirme la puerta.
- ¿Sos pretenciosa eh?
Baja un hombre de unos 40 años, cabello grisaceo, facciones amargadas y ojos duros, secos y fríos como el hielo.
- Más vale que seas buena, tanto que te haces rogar - Comento despectivo.
En el trayecto me miro alrededor de unas cinco veces, primero mi cara, luego mi busto, después las piernas, y así otras dos veces más, mis muslos.
Soy esto porque la situación lo demando, me eligió, ¿A donde iba a parar si para vivir hay que pagar? ¿Quién podría contratar a una pobre nefasta que no ha terminado la secundaria?, en este caso la vida me golpea una y otra vez, y sinceramente, con hambre no se puede pensar.
En este caso el ser mujer se volvió mi arma de subsistencia.
- Baja y abrí la puerta. Entra con cuidado, sácate los tacos putita.
- ¿No vas a ir conmigo? - Algo en el tono de mi voz expreso miedo, por primera vez en todas las veces que me deje llevar por desconocidos.
- No - Finiquito y abrió la puerta del auto, echándome.
En el instante que camine a aquella casa, el corazón se paralizo. Era una simple prostituta, pero no restaba el hecho de que el miedo siempre estuviera latente a la hora de afrontar situaciones como estas. Abrí la puerta y el chirrido de está hizo que cristales acuosos resbalaran por mi frente. No había muebles, tampoco música, ni voces, apenas una tenue luz indicando el camino que debia seguir.
- Qué bien, ¡compañía! - Expreso una voz grave, rebotando las paredes del lugar - Acercate, sin miedo.
Llegue a una pequeña habitación, él estaba sentado en una cama, apenas iluminado, exponiendo la mitad de su rostro, huesudo y fino, como el de la parca.
- Qué linda sos.
- Lo sé - Admití temblorosa.
- Sé que lo sabes - Rozo delicadamente mi cuello con sus labios.
Lo siguiente es lo mismo de todas mis noches, sexo frío, agresivo, un simple polvo, plata para mí, satisfacción para ellos.
- Acá tenes - Me ofreció un morado. Lo mire mal.
- ¿Es mucho? - Reviso su billetera, me lanzo un billete de 20 pesos.
- Soy más cara de lo que pensas pibe.
- A mi no me importa eso, agarra lo que te pague y tomate el palo.
- Ni loca.
"Ni loca", esas fueron las palabras claves para que una especie de botón escondido, se activara en mí. Porque la prostituta barata esta vez quería más, porque una mujer nocturna no vale ni cien, ni veinte pesos, vale miles, yo valgo miles.
Me liquidó con la mirada y en un abrir y cerrar de ojos, un puñetazo descoloco mi mandíbula, fuerte, rápido y certero. El dolor sucumbía mi cerebro. Mire fugazmente al costado y lo ví, un adorno de una mujer con una lanza negra, debió ser de acero o metal, no importó, porque al traspasar la carne cruda de aquel infeliz no se quebró. Sí, primero fue en el riñón, después en el pecho, y luego en el corazón.
Escapé de allí con mi arma casera, bañada en sangre; con $500 y 3 tarjetas de crédito.
- ¿Estas bien? - Me pregunto una anciana vagabunda, al verme tirada en un rincón de la Avenida Portuá, con los ojos colocados en el recuerdo, con el corazón vació y el bolsillo lleno.
Mentiría si confieso que desde entonces me he sentido culpable, porque la verdad es que nunca me sentí mejor, tan viva, tan real, manchada del propio elixir de la venganza a la misma vida, a la misma mala suerte que me tocó. Tomándole un poco de aprecio, a eso que llaman... matar por placer.
Fragmentos al subconsciente
Están sentados en el pasto húmedo de una plaza, en un pequeño metro cuadrado que parece ser una fortaleza inquebrantable. Tienen los ojos porcelanados al rojo carmesí, riendo a carcajadas exageradas, ella en su mundo, él en el suyo, compartiendo otra realidad paralela al mismo tiempo.
Saca un cigarrillo de la caja, en donde habían 10 apilados en su máxima perfección. Da vuelta uno ("Es para la suerte" - Justifica) sonríe mirando al suelo; tal vez sintiéndose un poco supersticioso, juzgándose a sí mismo.
- Algún día voy a escribirle una canción al cigarro, una buena buena canción - Expresó más para sí mismo que para ella. Dejando escapar aquella frase a bailar con el viento.
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