miércoles, 14 de octubre de 2015

Militar



  Vi nacer al amor de mi vida ante mis ojos, pestañee para saber si era real, pero al abrirlos todo era nítido. Remeras violetas, amarillas, naranjas, celestes, bombos, cuerpos sudados, olor a cigarrillo, ruido, vino, canto y más canto, dedos alzados en V, extendidos en lo más alto que sus extremidades podían alcanzar, y amor, por sobre todo vi ante mí el amor hacía los demás que hacía tanto tiempo no sentía. Y no importaba que agrupación política fuera, ni el color de la camiseta, ni siquiera la discrepancia entre ideales, sino más bien importaba que todos tenían un fin en común, y era trascender como seres humanos. Dejar una huella en su instancia que tarde o temprano se acaba, sentirte parte de algo, porque eso mismo somos, polvo de estrella que vuela en un gran universo lleno de oportunidades, para hacernos crecer como compañeros. Ser inmortales en una canción, en cada gota que resbala de tu frente. Sentir que por fin tu voz tiene sonido, tus acciones peso, y tus corazonadas están encaminadas en una buena causa. Por fin, por fin existir para los demás te hace existir para vos mismo.

lunes, 5 de octubre de 2015

Juls



   Soy de esas personas que pueden mantener una conversación de manera paralela con el entorno, es decir, escucho, pero al mismo tiempo miro a los alrededores, la gente, sus expresiones, siento las vibraciones de las voces de quienes tratan de mantener una conversación, y nuevamente, presto atención a los ojos de la persona con la que estoy hablando, a su boca, a sus manos cuando gesticulan una acción; aprecio en pequeños detalles la belleza de los demás,pero de repente me pierdo, mis ojos se desvían al vació y lo veo atravesar el umbral de la entrada con una sonrisa. Mis pupilas se dilatan como platos ante la sorpresa, y mi corazón comienza a tener taquicardia. Era perfecto, y yo no podía asimilar el sentirme tan afortunada, y al mismo tiempo, tan desconcertada.

Mon amour



 Fiesta en Casa Olascoaga.

 Virginia odiaba pagar, creció convencida con la idea de que la mujer debe entrar a cualquier fiesta o boliche gratis, por solo el hecho de ser una de las razones a las cuales los hombres asisten a ellas, sin embargo ese día cedió, pagó treinta y cinco pesos (equivalentes a su marca de cigarrillos preferidos) y entro a un hostel de la sexta sección.
   Había tomado lo suficiente de Fernet, pero no se sentía ebria, atontada o feliz, más bien neutra, tranquila. Como es de esperarse, el ambiente estaba lleno de humo, luces y gente bailando ensimismas en sus pequeños mundos de alcohol y drogas. Diferentes nacionalidades y culturas se mezclaban, y ahí, en ese minúsculo primer piso podías viajar de continente en continente, sin la necesidad de moverte de lugar.
   Había un patio trasero, Virgi estaba con sus amigos, Martin y María; él le dice que coqueteara con un Español que tenía marihuana (no le pareció lindo pero lo hizo), no consiguió dicho fin pero por lo menos se llevo un cuarto de vino toro gratis. Seco y amargo, tinto. Observó a su izquierda y vio un chico alto, rubio como el principito, acercándose a ellos. Algo le llamo la atención, tal vez su belleza claramente extranjera, o el simple hecho de que cuando hablaron no podían evitar la conexión cósmica que se generó.
     La temática de la fiesta era el "Semáforo". Verde significaba que estabas totalmente disponible, amarillo era un "tal vez puede pasar algo", y rojo simbolizaba que te encontrabas en una relación. Ese día llevaba un pañuelo bordo (las gamas de los colores se incluían en los significados), tal vez por eso no se le acercaban hombres (algunos realmente respetaban el código de la ropa), pero aquel chico rubio también estaba vestido de la misma tonalidad, entonces eso le transmitió una cierta calma. En su fuero interno pensaba << es lindo, pero seguro esta de novio, mejor, no quiero estar con nadie, no quiero besarlo, quiero que seamos amigos, pero es lindo, que lastima que esta de rojo>>.
     Charlaron sobre música, rock internacional y grandes exponentes de los años setenta. Era Francés, eso le genero un cierto intereses (al principio se veia más como un Suizo). Virginia parecía estar condenada a enamorarse de personas que no vivieran en la misma provincia o país. Nunca lograba entablar una relación con alguien de su misma ciudad, hasta que se enteraba que no eran de la misma nacionalidad o provincia, y de ahí todo cambiaba. Maldita por el alma de una golondrina.
     El Francés, de nombre Swan, le contó sobre su vida en el campo, oriundo de una ciudad al Norte, vecina de Italia. Era inevitable y ridículo que cada vez que se veían se tuvieran que detener a charlar entre la multitud. En Virginia había una cierta curiosidad con respecto al famoso "beso francés", pero al mismo tiempo se veía limitada a que ambos vestían de color rojo. En su caso no significaba nada, pero en Swan sí, él había estado en una relación por aproximadamente cinco años, y hace unos pocos meses había finiquitado aquello. Aún así fue extraño, hablaban y hablaban hasta que tocaron "el amor", y tuvieron que sentarse, como si se tratase del asunto más importante del mundo (el cual lo es). Lo hermoso de los Franceses es que en realidad hablaban de amor, y no del amor que creemos conocer, sino que realmente se trataba de ese amor que ella creía conocer o en su caso, anhelaba. Ese amor utópico, inalcanzable.

       - Tengo que decirte algo, y es que me gustas mucho - le confiesa él con sus extraños ojos verdes.
       - Dame un beso y vemos que pasa - le responde de la manera más Argentina posible.

Primavera gris



  Me pedí a mi misma abandonar la mera ilusión de encontrar el amor en cada esquina. Me dedique a reírme de a ratos con la esperanza de sanar en mí los pequeños pedazos de mi alma, esparcidos estrategicamente en lugares que poco conozco, y no deseo conocer. Decidí profundizar en mí los recovecos sucios de mis pensamientos, conocer las partes oscuras que coexisten silenciosamente; el esperar que alguien venga a limpiar todo el hollín de mi ser, era practicamente el rol de Rapunzel, mirando al horizonte con el cabello fuera de la ventana, con la expectativa de que un gran principe venga a rescatarme de aquella cueva personal, esa que construí con los años, temerosa a querer, o mejor dicho, quererme.
   Me encontré a mi misma un día de primavera (el cual se asemejaba más a uno de invierno) esperando el micro. Prendí un pucho, el frío glacial acaricio mis mejillas, mi garganta ardio en calor, alce la vista y observe las nubes, la tenue luz gris que bañaba la calle Coronel, y la soledad, esa confidente invisible, me acompañaban. Y no necesite a nadie. Y no quise a nadie más a que a mi misma, y me ame. Sin querer.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Luna sangrante



     Mi momento favorito es el no pertenecer. Formar parte del espacio y del tiempo, pero solo en la medida exacta para no desaparecer. Muchos se preguntaran que es lo que quiero decir con esto, pero la pregunta es ¿realmente queres saberlo?. El placer de no pertenecer es ambivalente, tanto una virtud como una maldición. Las ganas de sobrevolar el abismo, pero con el miedo a caer, eso es no pertenecer. No ser, no estar. Cuando vivimos mucho tiempo encapsulados en una ciudad, comenzamos a ser, y perdemos todo lo que podríamos haber sido. Es por eso que huimos, es por eso que yo huyo. Tengo una sed de mundo insaciable, algo que no se calma, algo que me impulsa a querer escaparme día a día de lo que para otros es vivir en tranquilidad, en rutina. ¿Pero realmente les gusta eso? Creo que no hay sensación más hermosa que ver todo desde arriba. Tal vez el flotar en una realidad nos hace vivir paralelamente a lo que en verdad somos, unos pájaros, unos caminantes del tiempo, lunares, infinitos, silenciosos. Y el no pertenecer se vuelve una virtud, porque podemos salirnos de la realidad y existir simultáneamente, sin molestar a los demás. Apreciando las pequeñas cosas de la vida, tanto como una brisa fría en las mejillas, y un respirar eterno con sabor a cerro. 

lunes, 21 de septiembre de 2015

24


Se conocen.

Charlas ficcionadas entre un polítologo y una comunicadora P.I



   Facultad de Ciencias Políticas y Sociales:

   Es primavera, aunque parece invierno. El politólogo y la comunicadora son amigos, vale aclarar que se encuentran en la transición de aquella fase, en realidad se gustan y mucho pero ambos son demasiado tímidos como para dar el siguiente paso. Sin embargo están juntos todo el tiempo posible.
   
    - ¿Vamos a fumar?
    - Sí - le responde ella.
 
    Salen al pasto de la facultad y se sientan. Él le ofrece un Parliament y el encendedor. Ese es el momento donde sus manos se rozan y un estallido eléctrico sucumbe ante sus manos. Ninguno dice nada, hacen caso omiso al hecho. A la comunicadora le gustaría que él le prendiera el cigarrillo, tal como en las películas antiguas, obviando el hecho de que esta acción significa otra cosa.
     Hay dos segundos de silencio, él prende su cigarro de manera simbiótica. La luz grisácea que se cuela tras las nubes de primavera, iluminan su cabello ceniza. Sus pestañas perfectamente arqueadas la miran.

       - Decime, ¿por qué estudias Ciencias políticas?
       - Que raro que alguien pregunte eso.
       - ¿Por qué lo decís?
       - Por que generalmente a las personas no les interesan ese tipo de cosas.
       - A mi sí - fuma una calada y sonríe achinada.
(Acto seguido, él le cuenta sobre su infancia, sus influencias, sus sueños con respecto a la carrera, a donde esta, a donde quiere ir, a donde piensa que va a llegar).
        - ¿Y vos?
        - No te puedo responder por descarte porque te mentiría, siempre quise ser esto pero en el fondo lo negaba. Desde los ocho años escribo, y desde ese entonces me empece a interesar mucho más en la lectura. Mi padre siempre me influenció en lo audiovisual, es un completo cinefilo. Y mi tío prácticamente me formo, me enseño a dibujar, me guió en el genero musical, me regalo cultura general, y me enamoré, me enamoré del arte en su máxima expresión. ¿Viste que uno nace y siente que viene a hacer algo importante a la tierra? Yo confio en esa profecía. ¿vos no?
        - Puede ser - exhala el humo y la observa, con esos redondos y enigmáticos ojos - ¿me puedo acostar?
        - Sí.

        Recuesta su cabeza en las piernas de ella. Ese momento es perfecto, la calma, los cuerpos unidos sin estarlo físicamente, la utopía que se convierte en realidad, y el amor. Ese que antes parecía no existir para ambos. Hay un momento de titubeo, pero lo hace, se lanza, le acaricia el pelo, el rostro delicadamente, y el cierra los ojos, su comisura derecha se levanta, es una sonrisa escondida. El politólogo abre lentamente los ojos, en este momento ella lo esta mirando (duda si besarlo o no), se levanta, gira su torso en torno a la comunicadora y le acaricia la mejilla. Ambos se encuentran a escasos centímetros. Esta vez ella cierra los ojos, y ocurre. Se besan, suavemente, como si tuvieran miedo de trizar en pedazos los labios del otro. Como si ese momento fueran tan delicado como lo eran lo dos.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Ojos color Norte


  Tengo la mirada perdida en el vacío, sin embargo la dirección de estos se topan con tus ojos de brújula. Esos que me redireccionan al Norte, otra vez. Me desvías del camino, de la bifurcación entre la soledad y el amor, y de repente ya no estoy rota, inmantada, estancada.
  Mi madre me dijo el otro día que todos crecían a mi alrededor, menos yo. Y la verdad es que estaba equivocada. Estoy creciendo a tu lado, me estoy enamorando, corrección, nos estamos enamorando, y a medida que pasa el tiempo, te miro cuando me siento hundida. Ojos de topacio color norte. Nunca me sueltes las pupilas. 

lunes, 14 de septiembre de 2015

Existir simultáneamente




    Juraría que meses atrás todo lo que esta ocurriendo en este instante parecía lejano e imposible , sin embargo no lo es, y de repente existimos simultaneamente para la suerte de los dos. Ninguno puede huir del destino, esa es la verdad. Estamos en un laberinto donde unicamente la salida se basa en encontrarnos.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Militante del amor

  A veces cuando se me pasa el micro, pienso en todas las coincidencias y casualidades que debieron ocurrir para que yo lo perdiera ante mis ojos. Una de las primeras teorías es que tal vez no debía tomarme ese, sino que debía esperar al siguiente en donde te subías vos. Lo sé, llegar tarde tiene su consecuencia, pero no vale la tristeza cuando se me viene a la mente, el cruzarme con tus ojos. Aún así sigo esperando existir en tu mundo. Saludarnos con un beso en la mejilla, y que la mano en el hombro se vaya transformando en una tocadita de cintura.
  Te sueño, esa es la razón exacta de que vivas en mis pensamientos. Espero todos los días cruzarme con vos para cerciorar de que sos real, de que no te imagine, de que en verdad estas hecho de carne y hueso, y tenes sentimientos, gustos y miedos, tal como yo.
   Es absurdo pero el sentir que estas cerca me pone nerviosa. El saber que tus ojos se voltearon para mirar los míos, es una de las consecuencias más hermosas que pude haber experimentado jamás. 
   Y estoy enamorada, no de una utopía, tampoco de una idealización. Estoy enamorada de la expectativa de conocerte, y saber que eso puede desembocar en una verdadera historia de amor, que vengo esperando hace años. Y en estas instancias, vos sos el indicado. Y careciendo de pruebas y fundamentos, te elijo, y se que vos me elegís a mi, apostando más a la suerte que a la certeza.
   Por divina coincidencia, perdí el micro, y me cruce con la suerte de tus pupilas. Nos toco viajar, juntos, por quién sabe cuantas eternidades. 
    Tu mano y la mía, tus ojos, tu respiración cerca, una mirada tierna que se convierte en hábito, los puchos compartidos, las canciones cantadas, y en el fondo de eso, dos locos que se aman como si el mundo no existiera. Y esa fue la suerte de perderme en el viaje, y encontrarte como pasajero. 

Marlboro



   Convivo con el cigarrillo desde que tengo uso de memoria, mi abuela fumaba cual chimenea; Apenas se levantaba, sin desayunar ni lavarse los dientes, se prendía uno, y después de eso preparaba su café brasilero.
   Me gustaba verla fumar, era prácticamente un ritual para ella, y adoraba en parte como se veía. Como el humo azul volaba contrastando la habitación. La manera en la que encajaba perfectamente el aroma a perfume caro y Marlboro . 
   A pesar de eso, crecí con la fluctuante ambivalencia de amor/odio. Amor por ella y odio al tabaco. 
Solía esconderle los atados y reírme por como rabiaba, ante la desesperación de no tener a su único vicio al alcance. 
   Eran amigos inseparables, cabe destacar, tal se podría que se podría decir que el cigarro se había convertido en una extensión de su ser, como un brazo o un corazón, en parte no podía vivir sin el.
   Muchos años después empece a fumar, quién sabe si por curiosidad o por nostalgia a aquella niñez llena de humo y cariño. Sentía que con un cigarrillo tenía el poder de tenerla más cerca. 
   Por suerte no la mato aquello, pero si se murió su gran amor. Tuvieron que separarse por cuestiones de salud, aún así, recuerdo que camino al hospital fumaba el último cigarrillo de su vida, sin saber que este le estaba causando un paro cardíaco. 
   No le importó, era bella aún en ese estado de impotencia contra la muerte. Por sobre todo, inmortal. 
Afortunadamente aún lo es. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

Cómplice



  Hay secretos que nunca deben ver la luz del sol, a pesar de ello, a veces son revelados, y llegan a la superficie en el momento menos indicado.
   Recuerdo el día como si hubiese sido ayer; llegue a mi casa y mi madre se encontraba sentada en el sillón, con esa blancura tan característica que tiene al llorar, su rostro pálido, sus ojos hinchados y su expresión vacía me transmitieron una sensación nunca antes experimentada. En el fondo sabía que era, conocía perfectamente que la única persona capaz de hacerla llorar en el mundo, era su marido, mi padre.
     Me senté a su lado y le pregunte que pasaba, ella me respondío que no quería contarme porque en base a eso iba a tomar partido. No necesité nada más, entendí que era lo que estaba sucediendo, y por mala suerte lo adiviné. Él le había sido infiel - tal vez más de una vez - luego de veinte años de matrimonio, todo este tiempo de esfuerzo, a la basura.
     No venían bien, a veces sentía que lo mejor para la felicidad de ambos era separarse, aún así, cuando estaba juntos eran adorables. Hay una especie de amor que anhelo en el fondo, y es aquel que siento cuando mis padres están juntos, pero luego de todo ese episodio realmente me pregunto ¿es eso lo que quiero?.
    Mi padre, tan correcto como parece, había engañado a la madre de sus hijos, al amor de su vida, a la mujer que lo acompañó hasta el fin del mundo, y por sobre todo se había engañado a sí mismo creyendo que eso nunca iba a ser descubierto. Por casualidades, por el destino o quierase llamar karma, mi madre descubrió por chusma, evidencia. Como dicen "ojos que no ven, corazón que no siente", y en este sentido, lamentablemente sus ojos vieron.
     Ahora tengo que lidiar con una madre depresiva, y una familia que a veces parece sostenerse únicamente por una fina hilacha que divide dos mundos: el de una familia unida, y el de un matrimonio desgastado por la monotonía.
     La escucho llorar desde la cocina, y sé que este proceso tal vez tarde años o meses, está tan gris y apagada, y en la ausencia de mi padre, la que debe lidiar con los pedazos rotos soy yo. Ahora me pregunto ¿también debo temerle al amor?. Una vez escuche que el sufrimiento es inevitable pero que nosotros elegíamos quien nos iba a herir, ¿acaso ese es el precio a pagar? la tristeza que solo la persona que más se quiere en la tierra, te lo puede generar. Quisiera creer que no, pero nosotros decimos a quien amar, y por quien llorar.

martes, 8 de septiembre de 2015

Existir



  Existo en vos. Logre acceder a tu mundo, ese que sentía tan lejano e inalcanzable. Y cuando me miras, ya no me ves, sino que me observas, fugazmente, pero lo haces, y te siento tan cerca pero a la vez tan distante. Quiero existir de manera simultanea, en tiempo y forma; quiero conversaciones largas sobre la cotidianidad de nuestros días, y lo extraña que resultaban nuestras vidas sin la presencia del otro. Charlar horas y horas mirándonos a los ojos, sin decir nada, y suspirar por adentro, porque tenemos miedo de que el otro huya al saber que nos enamoramos.
Quiero el más mínimo espacio entre nuestras bocas, el punto exacto para suspirar nuestro cálido aire, y fundirnos en una dulce oscuridad. Mis dedos en tu cabello, tu mano correctamente en mi cintura, nuestros corazones latiendo a una sincronicidad desmesurada, y tus ojos, esos ojos redondos y profundos, escarbandome el alma.
Tus caricias, tus abrazos, tu mirar, el amor, nuestras risas, la complicidad, tus besos salados y dulces, tus manos en mi cuerpo, tu mano y mi mano, mi mano sobre tu torso, mi mano recorriendote, mi lengua recorriendote. Mis ojos observandote. Y en un pestañear, estamos enamorados.

jueves, 3 de septiembre de 2015

Vos



   Trato que se desprendan de mis dedos palabras dóciles y armónicas, pero solo puedo escupir con ellos, la sed que tiene mi cuerpo... de vos. Vital humano, que te preciso para respirar y sentir, te necesito para amar y sentirme amada, para besarte hasta que mis labios se tricen en añicos, y apretar tu mano hasta sentir que se me corta la circulación - por no querer soltarte -, sentir tu aroma, cerrar los ojos, saborearte una y otra vez. Y abrazarte lentamente, hasta convertir la ecuación de 1 en 2. Peninsular clavícula, perfecto lugar para recostar mi cabeza y contar tus lunares estelares, pertenecientes a tu galaxia, que se expanden ante mis ojos como un estallido de luz.
   ¿Hay algo más dulce que despertar y tenerte?. Cuanto tiempo vivi apagada y cegada, sumergida en un torbellino que nunca cesaba, ¡cuánto te necesitaba sin saberlo!, cuanta falta me hacía tu llegada, tu luz, tus rayos de sol que desprenden tus ojos. Hombre de boca incendiaria, dejame respirar el humo de tu hoguera. Mirada de papel y ojos abismales, quiero recorrer cada espacio de tu enigma. Piel de porcelana que brilla a contraluz, suave como el terciopelo. Ámame. Amemosnos con la locura más tangible que nunca hayamos podido percibir.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

PEVA



   Los días huelen a pino, y se siente el verdor flotando en el aire. Cuatro amigas se juran amor eterno, y graban en sus pieles una muestra de cariño. Duele, tinta, color, negro, sangre. Hay Fernet. Hay eternidad y juventud. Hay dinero y belleza prematura, ideales frescos y despiertos, ganas de querer estirar lo que en un momento pareció ser más que un instante. Y ahí están, cuatro, que se prometen todo sin decirse nada... hasta el momento que les miras la piel, cual cicatriz, dibujada y duradera.
   Miro para atrás con nostalgia, los recuerdos bombardean mi cabeza, y de repente extraño esa simpleza. Esa manera de ver la vida un poco más fácil y ligera, sin preocupaciones, ni distracciones. Nos avisaron, nos repitieron una y otra vez que no pidiéramos crecer, pero a veces la intriga puede al tiempo, y nos adelantamos a él. Truchamos documentos, nos maquillamos en exceso y usamos nuestras tácticas de coqueteo, todo para aparentar más edad, para entrar a eso que no nos dejan ver, y que dentro de unos años, será algo cotidiano. Y quemas fuerte todo lo que debías vivir, al punto de respirar lentamente las última cenizas que solían llamarse tiempo.

viernes, 31 de julio de 2015

Primero lo primero



  Quiero existir en tu mundo, convertirme en la brisa que acaricia tus mejillas, ser el sol que se esconde en tus parpados caídos, el aroma que rodea tus colores. Quiero ser tu seguridad, tu incertidumbre, el silencio y tu sonido. Quiero convertirme en canción, que seamos músicos. Quiero que me quieras más del límite querer, quiero que me ames más que un amanecer. Quiero quedarme en tu cama un sabado a la mañana, y que sea todo lo que necesites. Quiero ser tu alimento y que no necesites comer para vivir. Quiero robarte el alma. Quiero posar  en tus pupilas, recostarme en tu alma, descansar en tu corazón. Quiero primero aprender a amarme, para que luego me ames a mí.

Mía



  Estoy manejando desde Luján a Ciudad. Hace un mes y medio que salimos, ella es espectacular - puta madre otra vez alguien que no pone el guiño - vive medio lejos pero no me molesta estar una hora conduciendo solo para llevarla a tomar un helado. Soy de los románticos. Me gusta verla entrar al auto, siempre rompe el silencio con alguna frase graciosa, y me besa de una manera que hacía mucho que no me besaban; porque hay besos y besos, y los de ella son de esos que te dan ganas de que te explote el corazón - ¡menos mal que nadie escucha mis pensamientos!.
   Nos divertimos tanto. Cantamos. Comemos. Cantamos y cantamos. Tiene unos impresionantes ojos marrones, que al darle la luz se tornan en topacio liquido, y sus vibrantes pupilas me miran infinitamente, y me vuelvo a hundir en su mundo, en su galaxia personal. La quiero, realmente lo hago, pero hay algo en ella que no me deja entrar. Cuando naufrago en su mundo siempre me deja llegar hasta cierto límite, y luego, cierra las puertas, dejándome varado entre la incertidumbre de su totalidad en sí.
    Estamos recostados en mi cama, su cabello lacio y brillante enmarca su rostro de porcelana. No nos decimos nada, compartimos el amor por el silencio y charlamos con la mirada. Ella sonríe, se le achinan los ojos, a mi también. Se acerca lentamente y a un centímetro de mi boca respiramos el mismo aire, caliente y espeso. Coloco mi mano en su cintura, la acerco a mi cuerpo, esta vez ella no se resiste. Nos seguimos besando, sus dedos juegan con mi maraña de rulos castaños. Me encuentro recostado sobre su cuerpo. Puedo ver como me observa con una especie de temor, sabe lo que quiero, pero yo no sé que es lo que ella desea:

      - ¿Qué te pasa linda? - Corro un mechón de su mejilla.
      - Nada.
      - No me mientas - Le besó la nariz - sé que algo te pasa.
      - Es que nunca estuve con nadie - Confiesa y corre la mirada.
      - No importa eso, yo te voy a cuidar.
      - Ya me dijeron eso una vez.
      - Pero esta vez no es mentira, mi amor, te lo prometo por lo que más quieras.
      - ¿Me lo prometes por vos entonces?
      - ¿Yo soy lo que más queres?
      - Sí - Le tiemblan las pupilas pero su boca esta tranquila.

      No puedo evitar quererla, no puedo evitar que su piel sea tan suave y frágil. No quiero tener sexo con ella, quiero hacerle el amor, quiero hacerla mía, quiero que sea mía todas las veces que ella quiera. Y quiero que me quiera, que me ame, por más tonto que parezca. Aunque juro que ya nos queremos sin querer.
       Su blusa blanca en el suelo, su corpiño beige también. Mi pantalón tirado en la otra punta de la habitación. Sus piernas enrolladas en las mías. Su torso desnudo sobre mí. Sus costillas apareciendo. El hueso de su pelvis sobresaliendo. Su aroma a frambuesa. Su respiración entre cortada. Sus labios carnosos. Sus ojos que se aprietan con fuerza. Sus uñas que se clavan en mi espalda.
        Es mía.
        Sonríe.

miércoles, 29 de julio de 2015

Bitácoras amorosas



   Soy muy enamoradiza, tengo que admitirlo. Soy capaz de recrear toda una vida junto a una persona, con tan solo mirarla. No me hace falta escuchar su timbre de voz, lo puedo imaginar, recrearlo en mi mente. Las personas a veces se sorprenden de como me emociono cuando cruzo miradas con alguien, o la manera en la que un día pienso intensivamente en un desconocido, y al otro me olvido por completo de su existencia. He sido así desde los ocho años, o mejor dicho desde los cinco, cuando me enamoré por primera vez. Iba al jardín y me gustaban dos compañeros, casualmente se llamaban Ramiro. Luego a los siete me enamoré de Tincho (quien en verdad se llamaba Jorge), le pregunté a mi mamá si me podía poder de novia con él y ella me respondió:
  - Sos muy chiquita para eso.
    A los ocho años conocí a Francisco, tenía un hermano gemelo (o mellizo), eran de Buenos Aires, y en ese entonces parecía un niño muy maduro, restando que era completamente hermoso. Llegue al punto culminante de mi enamoramiento en donde sentía que no podía callar más aquello. Entonces decidí que le iba a escribir una carta anónima, quería confesarle todo mi amor. Recuerdo que trate de escribir lo más desprolijamente posible, pero me delate haciendo un dibujo muy característico (en ese entonces solo dibujabamos 3 del curso). Recuerdo la secuencia como si hubiese sido ayer:
    Era Miércoles, en la primera hora teníamos matemática con Delia, una profesora vieja y arrugada que me hizo llorar por primera vez en mi vida, al sacarme un uno en una prueba de fracciones. Era mala, o yo creía eso. Antes de entrar a clases, saludábamos a la bandera, por lo tanto tenía una apenas unos segundos para poner mi carta en el cuaderno de Francisco. Lo hice.
Cuando entramos al aula él encontró la carta, pero no la abrió, sino que se la dio a la profesora, y ella prosiguió a leerla enfrente de todos mis compañeros. Quería llorar. El chico que amaba era un pelotudo (tal vez ahí comienza mi mala racha). Tocó la campana del recreo, y salí corriendo de la vergüenza, y también de la decepción. Todos mis compañeros se habían enterado de que la autora anónima era yo.
Cite a Fran detrás del kiosco, y pude ver mientras corría a esconderme, como él iba acompañado de sus amigos. ¡Qué falta de respeto hacía su admiradora secreta! Imagínense si yo realmente hubiese ido.
Una compañera me delató, le dijo que me había visto poner la carta en sus cosas (creí que eramos amigas).
Todo mi amor se vio desvanecido con sus actitudes, pero soñaba casarme con él en los pasillos del colegio, y no miento, realmente soñaba estar vestida de blanco y el con un mini traje, caminando por una alfombra roja. ¿Fantasía o trauma? No lo sé.
      La historias de amor después de los catorce se vuelven nebulosas, sé que en realidad me enamoré dos veces en mi vida: Giuliano y Nicolás. Y por una infinidad de hechos desafortunados, nunca volví realmente a creer en el amor. Entonces ¿soy yo la que esta mal o son los hombres?, si debo psicoanalizarme les mentiría. Tal vez es que el verdadero amor esta bloqueado por mi parte. Pero creo que hoy me enamoré, volví a proyectarme con un desconocido.
     Es muy parecido a uno de mis cantantes preferidos: Luke Pritchard. Tiene rulos castaños, y un corte de pelo muy lindo que no soy capaz de describirlo, pero que me encantó. Él me encantó. Labios carnosos, rosados. Canta muy bien y escucha las mismas bandas que yo (leo lo que escribo y siento que tengo diez años). Me gustan los músicos, siempre me gustaron. Me encantan los hombres, me encantan tanto que no estoy con ninguno (había escrito ninguna, puede que a veces me guste alguna que otra chica- pero es porque la mujer es hermosa de por sí- aunque nunca estuve con nadie del sexo femenino). ¿Puta? No, sigo siendo virgen, lo que menos hay en mi vida es sexo. ¿besos? tampoco, soy algo así como una novicia pero sin rebeldía por mi parte, realmente no sé si tengo mala suerte o es que me empecine en dejar de relacionarme con personas que no me hacen sentir valorada.
      Llega un momento en la adolescencia-casi adultez donde todos se ponen de novios, hasta una de mis mejores amigas que resultaba ser la más anti amor del grupo, hoy en día lleva casi ocho meses. Siento un poco de envidia, quisiera estar así de enamorada, también estoy celosa, desde que está de novia no la veo nunca y cambió totalmente su forma de ser, ahora es plástica y divina. ¡Como cambia la gente cuando esta en pareja!, igualmente es fácil sentarse frente a un ordenador, ponerse los lentes con 0,75 de aumento, y escribir como una portadora a la bandera: "No cambies a tus amigas por una pija", pero perdón, soy la persona menos indicada para juzgar. No entiendo nada del tema ¿y lo peor? o más bien gracioso, es que quiero entender. Quiero saber que sienten esas personas cuando después de un largo día, escuchan la voz de su amor y se tranquilizan. Necesito comprender que tienen de bueno las relaciones, que magia conlleva todo eso (y no piensen sobre el sexo, yo hablo en lo espiritual).
      Estoy pensando alguna buena frase para rematar todo este descargue, pero no la encuentro, estoy haciendo una catarsis exclusiva de lo desafortunada que me siento por no tener a alguien que me ame. ¿Es tan complicado encontrar un amor puramente recíproco?. Charlamos luego, voy a consultar mis incertidumbres con una almohada.

domingo, 26 de julio de 2015

Ambivalente



   Que complicado es plasmar con palabras lo que a veces no tiene forma. Es tan difícil poder explicar la ambivalencia entre la vida y la muerte. Entre el comer o no comer. Entre sentir que alimentarte te mantiene viva, pero al mismo tiempo te mata. Un placer dentro del sentimiento de culpa. La pulsión constante que emerge a la superficie, buscando satisfacer el hueco en tu estomago, y al mismo tiempo, la evasión a esos llamados.
    Creí que con el paso del tiempo esta "cosa" se había ido de mi vida, pero ahí esta, esperando en la oscuridad, escuchando cualquier comentario negativo sobre mi cuerpo, para así, volver a la superficie, esta vez, de manera más arrasadora. Es complicado cuando te amas, pero al mismo tiempo no podes evitar luchar contra tus pensamientos. La maldición de vivir en una sociedad totalmente esteticista, puede llegar a matarte, sin que te des cuenta.

No se puede cambiar de pasión



   Hay un momento preferido en mi vida, un lapso de eternidad que nadie puede pagar, una sensación invaluable, espiritual; se trata del segundo donde mis pies tocan el suave suelo de un escenario. En donde las cosas son abordadas con otra perspectiva, donde me siento infinita, música, canción, melodía. El mundo ahí es menos doloroso, pero más oscuro, no puedo ver la cara de la gente que me observa, pero en parte eso es lo divertido, lo que me anima una vez más a cantar. Toda mi vida busque un refugio de la realidad, y lo encontré, casi de casualidad. O mejor dicho, esta pasión me encontró a mí.  

jueves, 16 de julio de 2015

El origen



   Dicen que a la hora de morir, la última visión que tiene el ser humano, queda impresa en la retina, y por ende, a la hora de renacer, uno permanece en un estado de familiaridad con el entorno. Tengo mi propia teoría de que las miradas con otros también se quedan grabadas en los ojos, por eso cuando conocemos a alguien y nos resulta amistoso, caben infinitas probabilidades de que se hayan mirado en otra vida (quién sabe por cuanto tiempo).
   Lo supe en el momento que nuestras miradas colisionaron - nos habíamos visto antes en alguna otra dimensión - fue prácticamente innegable que nuestras pupilas se habían quedado pegadas, a fuerza de voluntad propia. Entre los dos se creo un magnetismo inevitable. Y desde ese entonces sueño con poder descansar sobre su abismo ocular.
   
    Luces azules. Alcohol. Música al palo. Bailar, bailar, bailar, reír mucho. Mi vaga visión se balancea sobre la multitud, inspeccionando quienes estan a mi alredor, y entonces, ahí esta de nuevo. Sostiene un vaso de cerveza, que a diferencia de los demás, en sus manos parece oro liquido. Me mira esta vez de manera invasiva, tanto, que debo esquivar el trayecto de su interes; pero no quiero ser cobarde, y lo vuelvo a mirar - una vez leí que si dos extraños se miraban ocho segundos de manera fija, se enamoraban - siete, seis, cinco, se esta acercando, nos seguimos mirando, tres, dos, me toma la mano, uno, me saca de mi grupo de amigas y yo lo sigo sin rodeos.
 
   - No hago estas cosas con nadie, perdóname, pero no nos conocemos y necesito saber como te llamas.

    Cada palabra que articulaba su lengua, me hacía observarle (de la manera más disimulada posible) sus labios redondos y rosaceos.

   - Victoria.

    Sonrió.
 
    No hizo falta nada más. Nos enamoramos perdidamente, como dos almas que se vuelven a encontrar en su destino final.

jueves, 9 de julio de 2015

El culpable tiene nombre III



  Ahí esta de nuevo, esa mirada sin retorno, vacía, esquiva, ahuecada. Tiene la mejilla recostada en su mano izquierda, observando algún punto fijo, poco interesante, con la cabeza en Júpiter pero el cuerpo en tierra, en el maldito planeta que por coincidencia divina debe habitar. Escuchar música resulta un método efectivo a la hora de omitir sus propios pensamientos, pero en ese momento, realmente no funcionaba, la canción solo era un soundtrack de su vida peliculera, llena de ficción y poco romance. Ese era el problema fundamental de su ausencia en tiempo y espacio, el amor. Las cuatro letras más temidas de toda la historia, ese poder absoluto donde el ser humano no ha llegado a dominar por completo, donde todavía quedan incógnitas sin resolver, y por más universal que sea, a todos les toca de manera diferente, y ese era otro problema; a ella no le había tocado el amor como a los demás.
   El verdadero comienzo de la historia, se remonta a un verano lejano, donde ella tenía catorce años (pasaron cinco años de aquel hecho). Se enamoró de un chico dos años mayor, en un tiempo record, y de la misma manera en que lo amo, también se desilusiono y decepcionó. Todo ese cariño incondicional que sintió por el, se vio esfumado ante la cruda realidad que a cualquier persona le toca, la ruptura. Entonces es así donde se toca el pecho con ambas manos, y se recuesta en su cama, tratando de no llorar tan fuerte, esperando que los pedazos de su corazón no se escaparan en cada lágrima ardiente que desprendían sus ojos de rubí. Pidiendo a gritos callados, que alguien la reparará.
     Así fue como nunca más volvió a creer en el amor, y vivió infinidades de utopías, divinas cual diamante, y falsas como una imitación de barrio Chino. Mientras tanto, la gente a su alrededor fue madurando, creciendo, y a medida de que el mundo rotaba para cambiar de estación, aquella mujer seguía con los ojos posados en el sol de verano. Pero luego su estación interna comenzó a helarse, y esos días de calor no eran más que un simple y vano recuerdo, que más que ayudarla a vivir, terminaron por causarle una hipotermia absoluta, y adormecerle por completo todos los sentidos.
     ¿Cómo vivir día a día con el alma congelada?, siempre tan sensible al frío, abrigada en exceso, tratando de calentar el cuerpo, cuando el asunto era mucho más interno de lo que imaginaba. Hasta ese día, ese momento que hirvió tanto la llama del amor, en su ser, que pudo devolverle por completo a su corazón, esa sensación de tibieza, que creía haber perdido.
      No se sabe como, ni en que momento, él apareció. Ojos infinitos, cigarrillos Parlament, sonrisa amarillamente perfecta, unas manos firmes y suaves, rulos cobrizos, abrazos llenos de perfume, su risa que repiquetea en su cabeza al momento de dormir, sus besos húmedos, su boca redonda, regalos, su humor ácido, sus princesa y mi amor, su piel de porcelana. Su todo. Calor, quema, se derrite su interior ante el mínimo contacto, con Agustin.

lunes, 6 de julio de 2015

El culpable II



   Estamos recostados en nuestro infierno personal, ese que mide dos plazas y media, y tiene sabanas azules. Cierro los ojos, siento el latir de su corazón, tan tranquilo y galopante, se me hace parecido al rítmico tic tac del reloj, en su mesita de luz. Acaricio su enmarañada melena rubia, dejo hundir mis dedos en sus rulos aplastados, y con mi mano izquierda, trazo finas lineas sobre su ombligo perfecto. Esa es la última palabra que se queda prendida a mi lengua, luego de besarnos... "perfecto".

    Una vez creí que nunca me iba a sentir así. Creía que había amado, y como todo resultó ser un fiasco, no volví a arriesgarme. Pero entonces soñé y soñé con el corazón abierto, el que llegaras, y te esperé, y en el camino elegí mal, no te conocí hasta que decidí que debía pasar, que ya me sentía lo demasiado enamorada como para seguir esperando a que te aparecieras en mi vida. Y así fue.
    Y por arte del destino, del universo, o de cualquier otra entidad super poderosa, apareciste. Me colmaste de pasión, me enseñaste a querer de nuevo, a vivir de a dos, me elegiste, me acariciaste, me abrigaste del frío invernal que había en mi alma, y yo solo te amé, tan de repente, que no me diste ni el aliento para que pudiera suspirar ante tu contacto. Me arrebataste la oscuridad, me llenaste de luz, de sol, de risas, y te amo, tan simple como suena, pero tan complicado de entender. 
    Estamos recostados en nuestro infierno personal, y te siento vibrar, antes de que volvamos a tocar el cielo.
 

domingo, 5 de julio de 2015

Lo sentencio culpable.



  Siempre se había etiquetado en el papel de "un fiasco para las relaciones". Chica linda de corazón roto. No había manera de pegar los pequeños pedazos esparcidos en ella. Aún así, después de muchos años pudo reivindicarse, o por lo menos parecer un poco más sensible, pero a medida que corría el año, ya había fallado en relaciones prometedoras, porque eso era lo gracioso, todos sus respectivos candidatos eran buenos (unos más que otros).
  A principio de año sale dos meses con un baterista, estudiante de ingeniería. Medio rollinga. Tranquilo. Muy inteligente por sobre todo. La relación parecía ir encaminada, pero ella estaba tan cansada de visitar plazas. En el fondo quería algo más. Pasaron dos meses y las cosas comenzaron a ponerse serias. El "vos y yo", era "nosotros", y digamos que el plural es algo aterrador cuando se es una rompe corazones. Así fue, que rondando febrero, decidió terminar con él. Una de las tantas excusas que le puso, era que había comenzado la universidad, y realmente se sentía atraída por aquellos hombres que observaba en el pasillo.
Hubo un culpable en esa decisión.
    Luego del baterista, vino el skater, pero ese tiene un pequeño papel en la parte de la historia. Él, un año más chico. Al principio fue pura atracción física, pero luego volvían sus insatisfacciones. No quería un hombre que le pidiera cinco pesos porque le faltaba para pagar la cerveza. "Hombre", porque a pesar del año que difería entre ambos, una gran grieta se podía percibir a la hora que entablaban una conversación. Ella ya había entrado a la facultad, y él apenas terminaba el secundario. La razón de su detallada búsqueda en el hombre perfecto, no solo se basaba en estar maldita bajo el signo de Virgo, sino también en sus padres, quienes la criaron toda su infancia diciéndole que era maravillosa, por lo tanto, a la hora de buscar un par, se necesita que ese compañero llegue a las expectativas de lo que "adecuado", significa para sí.
   Mientras el ciclo lectivo transcurría, apareció lo que para ella podría llegar a ser la definición de "compañero ideal". Unos cinco años más grande, sofisticado, ojos verdes, simpático. Habrán estado hablando un par de meses, hasta el momento que se vieron encontrados en un pequeño boliche de la ciudad. Era la noche, debía suceder. Por iniciativa propia se acerca, y lo besa (porque las niñas maravillosas tienen iniciativa propia). "Vamos a mi casa", fue lo único que pudo decir con claridad el Ruso. Esa noche se tomaron un taxi. Esa noche ella perdió su celular, la billetera, y todos sus documentos. Esa noche se besaron hasta el punto límite, del sillón de su casa. Y ahí vuelve el problema, ella no quería ser besada en un sillón, a escondidas de la madre de él. Sentía en ese momento que no estaba para esas cosas. Quería que un hombre la valorará de la manera en la que ella se sentía mujer.
Él nunca la volvió a llamar.
     Transcurrió lentamente el año. La desilusión amorosa desemboco en un mal rendimiento facultativo. El incentivo nulo que sentía experimentar por todos los cambios bruscos, en los últimos meses, parecía afectarle más que a otras personas.
      Había un viaje programado para despejar todos sus males. (Porque las niñas maravillosas aman viajar). La finalidad de dicha actividad, únicamente iba con el fin de conocerse más con una de sus allegadas amigas de la facultad, Camila. Sin embargo, a la hora de encontrarse en un momento de desventaja (darse por rendida con los hombres), conoce a Lucas. El momento donde sus vidas se encuentran, es en un micro subsidiado por el gobierno. Viajando a la capital de Buenos Aires. Fue amor. O más bien intriga. Todo sucedió tan rápido y natural, que en su momento no era extraño verlos pegados como figuritas.
Así es como entra un personaje importante en el año. Ella quería que alguien la tratará como creía merecerse, que le dijeran lo fabulosa que era, lo inteligente y carismática que podía llegar a ser. Lo hermosa que era aún sin maquillarse. Una sarta de datos que ya sabía, pero que era necesario recibir halagos por parte masculina, para alimentar su frágil ego de porcelana.
Pero a pesar de todo eso, seguía incompleta. No salían nunca a lugares distintos, y parecía que solo en el viaje, se habían divertido.
Pero hubo un culpable en su decisión.
       El culpable en la decisión de cortarle a todos, tenía nombre y apellido, pero solo eso era información accesible para ella. Lo había visto caminar por los pasillos pero nunca habían entablado una charla amistosa. O si, en realidad solo una vez, pero no cuenta realmente. El culpable de cabello rubio y sonrisa perlada, no sabía que tan catastrófica podía llegar a ser para aquella confundida chica, el encontrarse insatisfecha en una relación, deseándolo a él. Utópico y enigmático.
       Un día cualquiera, se sube al micro rutinariamente para ir a la facultad. Ese día rinde su primera materia libre, esta nerviosa. Antes de subirse se fuma un Virginia, y sube demasiado relajada. Pasa la tarjeta por el lector, y mira para saber si hay algún asiento disponible, y entonces lo ve. Esta al fondo, y a pesar de que el transporte público se encuentra lleno de personas, el resalta completamente en la multitud. Sus miradas colisionan, y un burbujeo de éxtasis recorre sus pupilas.
       Eso fue todo. Basto una mirada de un extraño, para cuestionarse todo lo que estaba viviendo con Lucas. Bastaron fugaces tropiezos continuos entre ellos dos. Cruzarse una y otra vez luego de ese día. Soñar con sus labios rosáceos y redondos. Soñar con su sonrisa. Soñar con tenerse en redes sociales para poder chusmearse. Soñar que él la invita a salir, la pasará a buscar. Soñar con que besa mejor de lo que se ve. Soñar con que hace el amor mejor de lo que parece. Soñar con que por fin alguien podrá reparar sus añicos. Soñar (y confirmar luego) de que el sí era el amor de su vida.
       Entonces el culpable siempre había sido él. Solo que ellos no lo sabían. El no sabía que tarde o temprano su vida se vería topada con la de ella, y ella no sabía que él la deseaba con el mismo fervor indescriptible e irracional. Magnetismo cósmico.
      Haberse equivocado tantas veces en el año, fue una bendición, una preparación para lo que vendría. El saber que para conocer a alguien se requiere más de un mes, el entender que estaba todo en la paciencia, pero también en la diversión. El hecho de que nunca haya pasado nada más allá de lo sexual con Lucas, era una señal de que debía esperar... al indicado. Y el había llegado hace tiempo, solo que no tuvieron el placer de presentarse, hasta ese día que fumaron un cigarrillo juntos.
     


     

miércoles, 1 de julio de 2015

No existen las casualidades, existen las causalidades.



  Siempre me cuestione si en verdad el destino está escrito, o si es solo un suceso de acciones propias, que nos llevan al lugar en donde estamos ahora. No lo sé, tan simple es responder eso. Los días últimamente en mi vida se volvieron rutinarios, la vida del estudiante universitario tiene un pico de soledad bastante complejo.
  Ese día comí algo a las apuradas y salí de mi casa. Tome el 52 rumbo a la facultad, y me senté al final del micro, con una amiga. La escucho hablar sobre su novio, lo cual en el fondo poco me importa, porque de repente soy absorbido completamente por una chica.
  Cabello lacio, alta, ojos marrones, boca fucsia, se sube al micro, saluda al chofer y paga de manera instintiva. Inspecciona los asientos en busca de uno libre, y nuestras miradas colisionan. Sé que podrá sonar cursi o patético, pero en el fondo siento que le gusté. Porque hay miradas y miradas, eso es cierto. Hay miradas vacías, otras mas fraternales, hay miradas lujuriosas, otras rencorosas, sin embargo, en sus ojos vi curiosidad.
   Ya la había visto en otras ocasiones, pero ese día estaba absolutamente hermosa. Fue todo el viaje leyendo apuntes, escuchando música, y de vez en cuando moviendo suavemente sus carnosos labios, para memorizar, o cantar. Una de dos.
     El viaje esta por llegar a su fin, y ella se levanta del asiento. Recorre el pasillo como si fuera una pasarela, y me ignora. Se baja rápidamente y comienza a alejarse de mí. Que buen culo... como me gustan sus piernas alargadas y musculosas.
De repente la pierdo de vista, y en un instante, se encuentra detrás mio. Abro la puerta para mi amiga, la miro a ella y la dejo pasar. Mis padres siempre me educaron a ser muy caballero. Ella me sonríe pero esta vez no me mira a los ojos. Luego de eso, la pierdo mientras observo que sube las escaleras a zancadas.
     Cuando creí haberla perdido de vista por completo (ya que al entrar en la facultad todo se vuelve un agujero negro), subo las escaleras y la veo fumando con una amiga. Sus labios apenas rozaban el fino Virginia. Otra vez, me ignora, pero esta vez sonríe y mira al piso.
     Al terminar de rendir un final, voy con mi mejor amiga al buffet, donde otra vez me la vuelvo a cruzar. Tres veces en un día, tal vez existían las coincidencias, pero en ese momento no podía dejar de pensar que quería cruzarmela en todos los lugares posibles.
     Anonado con su belleza, esa noche me dormí soñando con besarla.

     DÍA DE COINCIDENCIA 2:

     Se sube al micro otra vez, y me mira.


    Quiero que sea mía, y lo voy a lograr.

sábado, 27 de junio de 2015

Que empiece el show, quiero verte arder.



   De repente mi cabeza se llena de momentos abrumadores, de recuerdos ácidos y nítidos. Circunstancias donde las palabras callaron mis cuerdas vocales. Donde fui oprimida, pisoteada, basureada. Hechos en los que me ví solitaria y desamparada. Y allí esta, el monstruo de mi adolescencia, la peor persona con la que me pude haber topado a los catorce años. Los ojos verdes más traicioneros y letales que pude haber conocido, porque hay algo en donde no puedo discutir con los adultos: Las peores personas, son las que muestran más los dientes, y así era, siempre a la espera, deslumbrando con sus filosos colmillos, a punto de atacar la yugular.
   Pasaron cuatro, o tal vez cinco años de todo aquello, de todas las burlas sin razón, de todos mis miedos ensimismados a volver a confiar. Transcurrieron días, religiones y vidas para poder sanarme, sin embargo, hoy permanezco en carne viva, tengo la herida sin saturar, desborda pus e infecciones, y me nubla la sensación de sentir que tal vez nunca pueda enmendar todos mis pedazos rotos. Tengo una parte de mi alma envenenada, mis mejores años intoxicados por su maldad.
  Me tiembla el cuerpo ante la impotencia, hierve la sangre por mis venas, mi ceño fruncido no me deja en paz, marco las teclas con violencia, estoy cansada de sentirme ahogada en un vaso de agua. Es tan denso el aire que entra por mis fosas nasales, soy una bomba de tiempo, y pronto voy a estallar, o mejor dicho, pronto voy a hacer arder a todos mis enemigos. Quiero justicia, pero anhelo paz por sobre todo. Profese el karma con paciencia y amor, pero considero el tiempo indicado, para verlas arder.
   Es así como no me preocupo al final, el destino me regala día a día cosas por las cuales estar agradecida. Sentirse rodeada de personas que te aman, sean dos, tres, o cinco, vale la alegría, no la pena. Cuando me vean por televisión, cuando escuchen mi nombre en la radio, cuando sepan que todos sus años de odio in escrupuloso hacía mi mejor amiga, y mi persona, fueron en vano, ahí, es cuando voy a observarlas quemarse lentamente ante el fuego de la insatisfacción. Porque yo soy superior, y nadie nunca más en mi vida va a quitarme esa prioridad.

jueves, 25 de junio de 2015

El club de los corazones rotos




      Te dije que no me gustaba despedirme, y tal vez esa fue una de tus jugadas más inteligentes, porque no me dijiste adiós como se debe, con un beso y una caricia, sino que me abandonaste al igual que mucha gente lo hizo en mi vida, de manera seca, con palabras filosas y gentiles. Lo más confuso es que te alejas porque me amas, ¿en que cabeza cabe la idea de abandonar algo que se aprecia?. Me dejaste vacía como un morrón, de ese que es tan fácil sacarle el corazón, y ahuecarlo sin problema.   

      Lo tragi-cómico de esta historia, es que tenes la fuerte convicción de que voy a encontrar a otra persona mejor, de que vos algún día vas a encontrar a esa persona que te sane, de que ambos no estamos hechos el uno para el otro, de que no te queres acostumbrar a mi persona, a mi piel, mis besos, mis caricias, mi pelo sin peinar, mis brazos que te acunaban aunque peleáramos sin igual. De que esos ojos que tanto te gustaba mirar, hoy no son más que un día de Capital, grises y aguados.  
      Ahora todo vuelve a su color, y soy otra vez un uno en la sociedad. Sin embargo a tu lado me seguía sintiendo así, pero era más fácil apegarse a la expectativa de que nos podíamos convertir en dos, de que tu piel cristalina, pegada a la mía, eran el cielo en la tierra, o más bien el infierno, porque no hay palabras que puedan describir cuanto me quemaba tenerte cerca. Cuando me gustaba dejarme arder.    

      Sigo viviendo en mi recuerdos el atardecer y tu silueta, estamos escuchando Sumo en silencio, pero me gusta tu compañía, se siente tan bien volver a querer. Se sentía bien reírse y no entenderse, pero tal vez ahí estaba esa grieta que tanto remarcaste al dejarme, esa cosa de que no nos vamos a entender nunca, esa amargura que tengo en la lengua por no saber que decirte para que te quedes conmigo. "A veces no alcanza con querer"  ― profesaste cuando traté de retenerte con cariño   "El amor no es color de rosa. Hay más contras que pros".   
       A medida de que hago catarsis, sigo tratando de detener esa fluctuante ambivalencia entre el querer y odiar. Porque no te llegue a amar, necesitaba tiempo, y creía que a tu lado las heridas iban a sanar finalmente. Pero eramos dos equivocados jugando al amor:

                     ― Siempre hay un roto para un descosido ― Dijiste una vez.  

                  
      Tal vez la descosida era yo, porque claramente él roto eras vos. Te hicieron añicos y no pude coserte, no pude retenerte a puntadas zurdas (desprolijas y sin fuerza), no pude enmendar todos tus años de quiebres. Entonces comprendo que besar tus cráteres de oscuridad no era la manera correcta de hacerte quedar, que apenas soy una novata, que nunca me dí el lujo de permanecer atada, unida. Que te quiero, y eso es lo peor, porque ahora dejaste en mí otra vez ese monstruo infeliz, llamado soledad. 

miércoles, 17 de junio de 2015

Incógnita



   Un día a mamá y papá los despidieron sus propios progenitores, los vieron crecer,supieron que era su momento de dejarlos ir, ahogaron lágrimas cuando el vehículo de "recién casados" se alejaba, todos los años vividos se estiraron como un elástico viejo y corroído, pero al fin y al cabo, fiel, porque aunque esté se viera lleno de estrías, aún así, rebotaba siempre a las manos de su pilar(o el primer gran salto).
Un día tu mamá te llevo al primer día del jardín, y tu papá tomó el café matutino acompañado de tostadas, y no hacía falta que te dijera algo, apenas una mirada acuosa fue necesaria para que no comprendieras lo que pasaba en ese momento. Papá un día te dejo ir a tu primera matinne, y se despidió sabiendo que regresaría media hora antes de que terminara. Mamá una vez te compro un vestido, y te llevo a una fiesta de quince. Tiempo después ya no creías necesitar que tus padres te miraran con ojos de "volve a casa", porque simplemente desaparecías apenas el reloj marcaba las doce. Y los años pasan, y creces, generas independencia, autonomía física, creas tus propios valores por fuera de lo establecido, descubrís nuevos caminos, conoces personas que influencian para bien o para mal tus decisiones, y de repente, en un abrir y cerrar de ojos, todas las etapas maravillosas de la adolescencia, se marchitaron ante el paulatino y mortal tiempo, quien nos aviso desde un principio que esto iba a suceder.
    Pisas la suela bordo de un nuevo establecimiento. Escogiste una carrera, crees que estas hecho para eso, seguís con el chip de adolescencia fisura, y pretendes que tus amigos de la secundaria aún seguirán frecuentandote como siempre, pero no es así, y chocas contra un gran muro de responsabilidades. Trabajos, gente nueva, dinero y dinero en fotocopias que te resultan inservibles o se verían muy bien ayudando a avivar una fogata. Tiempo (no alcanza) mal administrado. Soledad. ¿Qué es esto? ¿donde están los ojos de mi mamá para decirme que todo esta bien? ¿a donde están los océanos atlánticos de mi padre?, ¿por qué nadie me da la mano? ¿por qué nadie me aviso que la soledad iba a ser tan amarga? ¿por qué queríamos ser adultos? ¿por qué debemos seguir esta cruel imposición social de nacer con el fin de ser "alguien"? ¿por qué me siento tan perdida en un mundo de tantos? ¿por qué tenía que crecer? ¿por qué cuando creía tener todas las respuestas... me cambiaron las preguntas?
 

domingo, 14 de junio de 2015

u n i v e r s o




Decreto risas a lo largo de mis días.
Decreto llanto, pero por sobre todo, una manga de un pulover, un hombro, o un pañuelo para secarme las lágrimas, y seguir de pie.
Decreto amor. Decreto la infinidad de tus ojos sobre los mios, y por sobre todo, decreto felicidad a tu lado.
Decreto paciencia para poder resolver día a día mis conflictos.
Decreto éxito, porque vine a esta vida a ser reconocida entre la gente, de manera positiva.
Decreto que de ahora en más nunca falte el dinero en mi vida.
Decreto el cariño de mi familia.
Decreto viajes a diversas partes del mundo.
Decreto que tus labios sean siempre míos.
Decreto recibirme de la facultad.
Decreto ascender aquí y ahora.
Decreto que mis amistades sean fuertes como el platino.
Decreto viajes en auto a su lado.
Decreto felicidad toda mi vida.
Decreto aprender todo lo posible de mis abuelos.
Decreto aprender a aceptar mis falencias.
Decreto no volver a comer carne.
Decreto ser la mejor en todo lo que me proponga.
Decreto vestirme siempre a mi gusto.
Decreto que mi billetera siempre tenga dinero.
Decreto tener una familia feliz.
Decreto llegar del trabajo y saber que tengo todo.
Decreto autos.
Decreto una casa enorme con un perro, y niños en el jardín.
Decreto televisión. Contratos. Escribir. Fama.
Decreto amor amor amor amor amor amor.
Decreto que mis enemigos conozcan la paz interior.
Decreto casarme con él.
Decreto serle fiel.
Decreto que el me sea fiel.
Decreto que viajemos demasiado.
Decreto Europa proximamente.
Decreto Nueva York toda mi vida.
Decreto ser agradecida toda mi vida.
Decreto que los que me vieron llorar, me palmeen el hombro en mis glorias.
Decreto tener un grupo de amigas estables.
Decreto que Marianela, Caterina, Ana, Paula y Emilia sean mis mejores amigas toda la vida.
Decreto ser la mejor en todo lo que me proponga.
Decreto ser la madre que siempre quise, esa que a los 40 es preciosa y los años le sentaron perfectamente bien.
Decreto que el mundo me vea y se pregunte ¿cual es su secreto? - y yo les responda:

A G R A D E C E R   y C R E E R

Irresponsable



   Los cristales de tu piel se resbalan en mis dedos, mientras que tu boca calla susurros. Nos besamos en la oscuridad de tus sabanas, a medida que tu mano se desliza suavemente por mi piel. Mi cuello es tuyo, y mio son tus suspiros. Nos amamos luego de un largo viaje ¡Que suerte encontrarte!. El tic tac del reloj se acelera a su lado, al igual que nuestra respiraciones.
  El silencio baña por completo nuestro seres, es tan bello sentirte tan mío y al mismo tiempo saber que nunca vamos a perder esa individualidad; porque somos como dos músicos que se juntan a tocar sonatas - diría Cortázar. Y me gusta la manera en la que la desnudez no es sinónimo de vulnerabilidad, sino de compañía, de confianza, de complicidad. Y si esto durará para siempre, no lo sé, pero tengo la certeza de que tus ojos son el lugar perfecto para descansar. Que en tus pupilas infinitas y nebulosas se esconde un mundo que quiero conocer. Que nada ni nadie podría alguna vez hacerme olvidar de tu magia. Y que te amo, aunque todavía no lo sepas.

sábado, 13 de junio de 2015

Casi virgen

  
   De repente empece a amar esas zapatillas de el que detestaba, comencé a amar la forma en la que se veía con su campera de cuero, y su jean gris. La forma en la que enciende un cigarrillo y parece no saber que se ve espectacularmente bien. Como su mano prolijamente en mi cintura, parece haberse creado específicamente para mi. 
   Amo ese espacio nebuloso, de aire caliente, que respiramos cuando atolondradamente nos besamos en la oscuridad. La galaxia que existe entre la yema de sus dedos y mi piel. La cristalina  transpiración de su cuerpo junto al mío. Sus manos recorriendo cada recoveco de mi ser. 
   Estoy enamorada de la calma que emanan nuestras almas. Puedo sentir la comodidad del silencio recorriendo la pequeña habitación, atormentada de ropa, toda tirada por el suelo. 
    Sus ojos infinitos que me miran más allá de las pupilas. Luz de sol que ilumina su rostro adormecido. Nos besamos. Limón. Amarillo. Lo amo. Nunca ame tanto a alguien como a el. 

Casi


  00:15

  Aparece en la esquina de su casa. Ella se ríe, ambos llevan camperas de cuero. Comienzan a caminar por el silencio celestial se la noche.

  - ¿Queres que vayamos fumando?
  - Sí

jueves, 4 de junio de 2015

Suicida



Un martes cualquiera -clase de psicología- donde una profesora con voz de presidente describía los distintos tipos de personalidades. "Ciclotimia" dicta. A medida de que anotaba las distintas características, se analizaba: 

  • Múltiples episodios de ánimo (Mmh sí)
  • Episodios alternantes de depresión leve o moderada (Ufff sí)
  • Ansiedad (Nahhh soy yo)
  • Respectivos pensamientos suicidas (Faaa en la tecla)
Deje de compararme en la última oración, más una que quedo en el aire, la cual rezaba: No tiene grises, quiere ser querido, se siente mal si no lo quieren. Necesita el perdón de todos. La verdad que ser ciclotimico es una reverenda cagada, sacando que pienso una y otra vez en como me gustaría morir, he aquí mi lista:
 
  • Atropellada ferozmente por un auto (a todo esto la dulce imagen de mi cuerpo, por los aires)
  • Tirarme desde el hueco que uno ve en las escaleras caracol (no sé entiende a menos de que mires para abajo a la hora de subir)
  • Un tiro certero en la sien.
  • Escuchando lana del rey, drogada con algo letal pero que al mismo tiempo me mate suavemente.
  • En el punto clave del orgasmo, fallecer.
  • Saltar desde el Empire State, cerrar los ojos y simular ser un ave.

Por ahora se acabaron las ganas de morir, las acabo de matar a la hora de plasmarlas aquí. 



10 días y mil vidas



  Tal vez en el fondo le asustaba el hecho de sentir que "la había cagado", porque sí, esa era la definición concreta del asunto. A sus 18 años todavía le resultaba confusa la idea de poder llegar a enamorarse, quién hubiera pensado que la serendipia de un viaje hubiese terminado en él. Veintidós años, ella no acostumbraba a estar con hombres mayores por así decirlo. Julieta se determino siempre como una "roba cunas", porque le gustaba estar con chicos menores (a decir verdad desconozco el porque).
  El amor llega de manera tan repentina a su vida, que de hecho se encuentra entre la espada y la pared. El que pensar y sentir, se mimetizan, a tal punto de estropear los escasos días de relación, porque a eso vamos, no llevaban ni dos semanas y peleaban con la ferocidad de una pareja de cinco años. Un ácido nudo en su estomago le hace recordar constantemente que sigue peleada con él.
  La noche oscila entre las doce y la una de la madrugada, y aunque sabe que tiene responsabilidades al otro día, sigue sin poder dormir. "Solo quiero descansar y pensar" - le respondió Francisco, pero ella sabe que lo que menos va a hacer es dormir. Hay una guerra interna entre lo que debe hacer o no (¿y si lo llamo?).
   El karma parece darle una lección explicita a su gran bocota. "Que novela de mierda, que vuelteros son. ¿Por qué se la pasan llorando?" - exclama al aire, a lo que su madre le responde:"El amor no es color rosa". Tal vez sí, fue la respuesta interna que le dio. No quiero agregar más, claro esta que el universo se burlo de manera cruel ante ella.
Ahí estaban, discutiendo por internet cosas que deberían decirse en la cara. Se peleaban por amarse, extraño pero cierto, discutían sobre lo enamorados que estaban y lo mal que eso resultaba para los dos, unos hipócritas mentirosos, miedosos, y por sobre todo, ignorantes, porque no importa que tanto hayan amado en el pasado... ahora es real.

   Francisco Bass - Online
   ¿y si volvemos a empezar?

viernes, 29 de mayo de 2015

Libertad



  Tengo ganas de ser un caos incontrolable en tus brazos; de que me entiendas por debajo de las escamas de mi piel, de que me sostengas la mirada y seas capaz de llegar a tocar mi alma. Tengo ganas de tener ganas de vos, de que esas ganas no se difuminen con el tiempo, de que seamos eternos en el sentido infinito de la palabra. Tengo ganas de volar con los pies en la tierra, tengo ganas de tu humo, tengo ganas de tus ojos impredecibles y tu humor ácido y perspicaz. Tengo ganas de dormir en tu cama y que no pase nada, y a la vez todo. Tengo ganas de que me acaricies el pelo mientras cierro los ojos y disfruto de tus dedos. Tengo ganas de que nunca me leas pero que a pesar de todo sepas esto. Tengo ganas de que te quedes a mi lado, o de que vuelvas (porque ya estuvimos en otra realidad). Tengo ganas de que te rías hasta llorar, y que me beses despacio a modo de confidencia. Tengo ganas de que no me broten estas cursilerias de los dedos, pero ocurre, sin querer, por arte de magia, a modo de disculpa a mi corazón. Esté no quiere enamorarse... pero es tarde.

martes, 26 de mayo de 2015

Enfoque acuoso



  Mi punto de ebullición creativa culmina rondando las doce de la noche, aunque generalmente siempre tiendo a escribir sobre lo mismo. Soy monotemática, sí, pero porque mi cabeza fabrica amor constantemente. Ilusiones. Nací para vivir en la luna. Hablando de nacer para algo, sé que nací para algo importante. Eso espero. Eso quiero. Tengo tantas ganas de triunfar en la vida, que a veces ese mismo deseo me apaga el hoy. Tengo la objetividad de una mosca, voy de sopa en sopa. Y hablando de objetividad, de enfoque, también quisiera decir.....

lunes, 25 de mayo de 2015

BBV



  Buena
  Bonita
  Virgen

 Hay un lema que más o menos dice: Bueno, bonito y barato; pero en mi caso, de afuera los hombres ven doble b uv. (BBV). O eso me dicen mis amigas, o más bien una amiga. Quisiera creer que esa no es la descripción que define en totalidad mi manera de ser, aún así, la imagen que uno supone que esta proyectando, más bien es una cosa borrosa frente al agua.
 Soy una tonta niña rosa. De esas que de tantas películas de amor que vieron en el transcurso de sus años, terminaron con el cerebro teñido en idealizar lo que sería algún día el amor de mi vida. Romántica empedernida. Romántica estúpida digamos. Considero que hay un punto de autodestrucción que llega luego de una crítica, es decir, no hay manera de tocar fondo a menos de que alguien te lo haga notar (o eso supongo).
  Me equivoque, o tal vez no, quien sabe. Lo único que sé es que creo demasiado rápido en lo que puede llegar a ser el proceso de enamorarse. Será que para mí no es necesario que pasen tres meses para decirle a la persona que lo amo. Y con esa misma intensidad, mueren las cosas en mí. Por que nunca volví a querer a alguien como ese día que me encontré al chabon en el boliche y le rogué por poco que me abrazara. Le rogué que me quisiera sabiendo que estaba con otra. Le rogué que me diera besos. Rogué. Rogar. Que palabra de mierda. Uno en el amor no debería rogar.
  Buena. Esa palabra medio que se mimetiza con BOLUDA. Soy buena y boluda. Buenuda.
  Bonita. Ponele.
  Virgen, y si, con esas dos cualidades anteriores, es obvio que mi virginidad sigue intacta hasta que alguien deje de tratarme como una buenuda linda, y empiece a decirme que soy hermosa e inteligente.
   Estoy enojada con mi fantasía interna.

Serendipia



 Estamos en una ciudad que algunos conocemos y otros no, pero al fin y al cabo, recorremos. Conocemos. Es la despedida. Estamos manija. Nos cambiamos, arreglamos, maquillamos y salimos. Hay que hacer previa. Subimos al primer piso del hostel y están todos en un pequeño espacio tomando. Botellas de alcohol sobre una mesa de luz de madera. Limones cortaditos en rodajas. Sal. Vamos que se viene el primer shot. Segundo. Tercero. ¿Fume? Fume. Dicen que fume. No lo recuerdo. Empieza el momento en blanco que no logro recordar. Dicen que mostré mis tatuajes, no me quiero imaginar que hice... tenia un vestido y estos están escondidos.
  Hay un pibe que es la misma ciudad que yo, lo fiche, al principio me pareció agrandado, porque tenia una campera de cuero y fumaba puchos arriba del micro. Pero la primera noche hable con el, no es como parecía ser (o yo me imaginaba). Ya me incerte en conventillo mendocino, ahora parezco uno de ellos, prejuzgando sin conocer. Que mal. Que mala actitud. El pibe me pasa tequila, y yo ya me había tomado un vino o dos sola. No recuerdo.
  Salimos del hostel y vamos a un festival (esto va por reconstrucción de la gente), me quede con el pibe. Me enamoré de él. Me cuida. Me quiero ir y me persigue. Estoy borracha y loca en una ciudad que conozco, y tengo un chabon que me cuida. Que lindo.
  Acá empiezan mis recuerdos.
  Estamos en una esquina, esperando el micro para ir a una fiesta. Estoy abrazada a él. Dicen que me colgué de su hombro y no me solté en toda la noche (puede que sea verdad). Vamos a la fiesta y estoy cansadisima, en algún momento el cuerpo cede. Ser joven a veces no es sinónimo de energía en mi. Me alimentaron a base de ensaladas. Estoy haciendo un esfuerzo sobre humano por recordar. Flashback. Estamos en la cocina y el toca la guitarra. Uh, con lo que me gustan los músicos. Los malditos músicos son mi debilidad. Canta. Encima canta. Y me sonríe. Creo que acepte un fernet. No sé como pero terminamos en un sillón abrazados. Y el me habla de cosas que ahora recuerdo a medias. Somos de la misma ciudad y nos conocemos en la capital, pero vivimos en otro lugar. Es un flash. No puedo dejar de flashearla con él. Siento una conexión. ¿Nos conocemos de antes?
   Su campera a cuero tiene olor a cigarrillo. El maldito cigarrillo que tanto odio pero que por momentos me gusta dependiendo la persona que lo fuma. Toda su coraza de James Dean se desarma a medida de que pasan los minutos. Como me gusta que me cuide. Me gusta él. Nos volvemos en un taxi al hostel. Llegamos. Le doy un beso. Le digo que me voy. Me dice que durmamos juntos. Lo miro mal. Ya no confió en los hombres cuando hablan de dormir. El me dice que confié, que solo vamos a dormir. Tiene razón. Me abraza y únicamente dormimos. Quiero dormir por siempre con el. Flasheo amor. Flasheo fuerte. ¿Esto es real?.
   El amor. Amor. Amar. Idealizar. Enamorarse. Querer. Cuidar. Sentir. Besos. Abrazos. Dormir. Cruzarse. Nunca volver a ser los mismos. El viaje de la serendipia.

sábado, 16 de mayo de 2015

51 naranjas



  Las personas incompatibles pueden llegar a coincidir en tiempo y espacio. Los polos opuestos se hallaban bailando en un metro cuadrado bastante próximo y considerable.
>> Tenías una camisa a cuadros que quisiera quemar en lo posible, y en el planeta tierra sos y serás el peor bailarín que se podría pedir, aún así no podía ignorar el hecho de que algo más allá de lo físico me atraía. Una conexión magnética e invisible, casi palpable de hecho. Sabía que nunca ibas a dar el primer paso, o tal vez soy tan ansiosa que lo quise dar yo... ¿o fue mutuo?. No lo sé, porque aunque no tomé demasiado, varios recuerdos se encuentran ensimismados. Mi memoria no funciona tan bien como antes, sin embargo hay un recuerdo que te conté, pero para llegar al hecho, primero tengo que seguir  con nuestra secuencia.
   Nos besamos, te bese, me besaste. Sé que cuando pasó no podía despegarme de tus labios. Sé que tenía más ganas de encontrarme recostada sobre tu torso, que escuchar la música industrializada de ahora. Nos fuimos ¿cómo?. Tampoco lo sé. Sé que caminamos a la salida y minutos antes de atravesar el umbral, una compañera no tan compañera se río y me dijo "¿te vas con el chabón?" (juraría que por un momento sentí vergüenza). "Con las manos en la masa" - pense.
>> Pasamos al lado de un taxi y dijiste de tomar uno. "No tengo plata" te respondí, "no importa", me contestaste. Nos subimos, y le diste tu dirección al chofer. De repente mi corazón comenzó a palpitar con más intensidad ¿acaso estaba yendo a la casa de un hombre a la madrugada?. Nunca lo había hecho, tampoco me negué desde un principio. En realidad quería, aunque tenía la perfecta excusa de que vivimos a dos cuadras, lo cual sigo deliberando si es suerte o no.
  Recuerdo que la última vez que me subí a un taxi con un hombre, fue con mi primer amor de la adolescencia. La escena era realmente similar. >> Ambos luego de una noche de alcohol se encuentran en un auto ajeno dirigiéndose a una dirección que poco importa. En realidad el trayecto es lo divertido. Sentir como se mece el vehículo debido a la velocidad, y como la imagen del exterior se difumina si me enfoco en tu rostro, o como el estrecho asiento trasero es perfecto para acortar distancia entre los dos. (me fui de tema, como de costumbre relaciono recuerdos con personas que no tienen nada que ver en común)
  Volviendo a anoche, perdí el celular, mi billetera, también un poco de mi dignidad. Sí, cuando nos tiramos al sillón color ocre de tu casa naranja. Por momentos me irritaba tu falta de charla, a veces me preguntaba si en realidad yo en ese preciso momento te gustaba. Supongo que sí te gusto, lo que ocurre es que soy tan perfeccionista que no puedo tener las cosas tan enquilombadas, y vos me acabas de dar vuelta el tablero. Ahora mismo tengo abierta tu conversación de facebook para ver si me escribís. Todavía no. ¿Cuándo te vea te saludo con un beso en la boca o en la mejilla? Duda existencial.
Quisiera creer que esto es una fase y que después vamos a avanzar. Ya estoy hablando en plural... perdí todo mi albedrío del yo. Te odio, te odio, te odio. Odio que tus besos sepan tan bien y que aún así no seas capaz de preguntarme como estoy al día siguiente (horas antes me chapabas como si no hubiera un mañana). ¿El mundo de los adultos es así? Porque últimamente en la semana no hice más que recibir bofetadas de la señora vida, a lo que mi vieja responde "siempre te vas a encontrar gente así", "bienvenida al mundo", "así es la vida", entre otras frases reiterativas que me dan ganas de tirarle café en la almohada.
   Gracias por pagar el taxi y acompañarme a mi casa. También por esos besos. Nos vamos de viaje el jueves. Tengo que aprender a dejar que las cosas fluyan. Enseñame. Siento que te quiero. Tu perro se llama Bobby, y es tan bueno como vos. Te gusta el color verde. Tus ojos son verdes. Te dejaste la barba porque sabes que me gusta. A veces nos encontramos en el micro verde. Verde, tu aura es de ese color, pero cuando nos besamos somos naranja.
   
>> Hay una especie de comunicación pactada cuando estamos en el momento de silencio. Hablamos despacio, y en lo posible no llegamos a emitir palabras, pero te quiero decir cosas, y quiero que vos me digas cosas lindas.

- "Cuando iba al colegio, me tomé el 51, vos también, nos miramos un rato. Nunca más te vi"

Bobby



   Me besa sin querer en la comisura derecha, y por un momento recuerdo "el beso escondido" de Peter Pan. Ambos compartimos uno de esos. Considero que son más poderosos, porque se encuentran debajo de la piel o mejor dicho, al lado del alma.
   Naranja, nos besamos y me siento de ese color. La habitación también lo es. Los dos somos naranjas, tal vez serán nuestras energías que se complotaron, tal vez un par de flasheadas en base al "séptimo regimiento" que tomé. No lo sé, solo tengo la certeza que me gusta estar durmiendo pegada a su piel, sentir su aroma, que me bese con esa delicadeza que hacía años que no sentía. Es raro, pero nos besamos como si ya lo hubiésemos hecho, como si fuera una vez más, y dormimos, como si ya hubiésemos dormido.
   Ojos color verde, esmeralda, barba rubia tirando a pelirroja, nariz respingada, blanco como el invierno, suave, menta. Estamos en silencio, por horas nos mantenemos así, y no hace falta hablar, no ahora, no justo en el momento que su boca se encuentra con mi cuello, no justo en el momento que mi mano se hunde en su pelo. No ahora. No hace falta.

domingo, 3 de mayo de 2015

Una navidad cualquiera



    Había una vez una nena de diez años muy feliz. La época de la historia se remonta a un verano muy alejado a sus recuerdos, rondando el 2005 o 6. Ella se encontraba en la finca de sus abuelos, su lugar preferido en el mundo, aquel donde los días se tornaban más largos y el sol la acompañaba hasta las ocho de la noche.
Había una represa del tamaño más enorme que se les pueda ocurrir, y alrededor de ella una infinidad de olivos que en su momento para la niña eran innumerables, perros, caballos, rosas, una huerta, conejos, tractores, el paraíso mismo; en la parte central de la represa, una isla, un pequeño espacio flotante de tierra y pasto, conectado por un largo y noble puente de madera. A veces nadaban peces y patos allí. A veces se los cazaba a ambos y estos no aparecían por un largo tiempo, hasta ser sustituidos nuevamente. Cuenta la leyenda que la isla tenía el nombre de la nieta primogénita, y que por esa misma razón era aquel su lugar favorito.
          Un medio día como cualquier otro, estaba andando en bicicleta por el sendero de los álamos, yendo y viniendo, pedaleando sin rumbo, hasta que algo extraño sucedió. Unos chirridos casi inhumanos llamaron su atención por completo. Un grito de auxilio ensordecedor e impronunciable hizo que se acercara aún más a la fuente proveniente del sonido, tal como en las peliculas de terror. Cien por ciento cierto.
La razón de todo esto era que se avecinaba navidad, y tal vez un niño no asocia las fechas festivas y una cerda gorda con hijitos. La escena fue clara y concisa. Bañaban en agua hirviendo a los cerdos, estos chirriaban desesperadamente y nadie notaba que una pequeña de diez años observaba la situación (o tal vez sí y nunca les importo). Entre dos hombres tomaban por las piernas a la cerda mayor, la acostaban boca arriba enfrente de su patrón (en ese caso el abuelo) y la mataban. La mataron. Frente a los ojos inmaculados de una niña. Clavaron un cuchillo en su garganta, y lo deslizaron de manera prolija. Abrían el cuerpo y sacaban órganos como si fuera algo natural. Como si de verdad no estuvieran pensando que lo que hacían era matar, era asesinar, era sacarle la vida a un animal que quien sabe que sentía o pensaba. Ese día la niña pedaleo llorando a la casa de sus abuelos. Ahogada entre lágrimas quería contar que le pasaba, pero no podía. Cargar en la retina el asesinato de un inocente es algo difícil de soportar.

   - <<La mataron... la mataron>> - Repetía entre sollozos violentos y desesperados. 

Aquel 23 de diciembre el cuerpo sin vida del animal se encontraba colgado de un árbol, por razones desconocidas por falta de conocimientos culinarios. Acto seguido, la noche del 24 el cerdo se encuentra en la mesa, burlescamente tiene una manzana en la boca, esta en el medio de la mesa y todos comen de él. Mirarla era casi un acto de violencia, no podía con la culpa de saber que había visto todo el proceso de matanza. Se sentía una sucia cómplice, y nada nunca iba a cambiar eso. 

 - Dale come un poquito, esta riquísimo - Le dijo su madre insistiendo con un pequeño plato y un pedazo en él. 

        Constantemente en el noticiero salen crónicas sobre asesinatos a mujeres, sobre violaciones, robos, y lo que instintivamente se obtiene del lado de la audiencia es desaprobación: ¿Cómo mataron a esa inocente chica sin motivos? ¿Cómo es capaz de que hayan hombres que violen a mujeres? ¿Por qué se llevaron toda la riqueza de esa familia? ¿Por qué no?, ¿Por qué el ser humano se sorprende ante los infortunios de su sociedad, pero no se replantea lo que le hace a los propios seres vivos que nos codean día a día?.
        Si estuviéramos en India sería un pecado matar a una vaca, ellas son tomadas como seres superiores entre nosotros, sin embargo en China matan perros y nosotros nos sorprendemos. ¿Hay acaso una lógica en el asunto? ¿Una coherencia? Juzgar a los Chinos por matar a animales que amamos y tenemos de mascota, y estigmatizar como locos a los Indios que veneran a esa misma especie de la cual nos juntamos a celebrar y comer, de manera rutinaria todos los domingos. No me malinterpreten, viví toda una vida de carne, de sus nutrientes que aportan en menor o mayor medida. Disfrute de hamburguesas con amigos, asados y demás, pero luego de que algo en mí se acciono ¿es pecado querer defender solitariamente mi postura?.   

          Cuando somos niños no nos venden la cruda realidad de que lo que comemos fue criado, alimentado y luego asesinado, para que esté ese día en tu plato. Cuando somos niños acompañamos a nuestros padres al supermercado y nos tapamos la nariz en la sección de carne, porque instintivamente nos produce nauseas el olor. Cuando somos niños nos dan patitas pero no nos explican que son miles de pollitos triturados. Cuando somos niños no nos explican cuanto dolor siente el animal, cuanto sufre, cuanto deja de sufrir. Cuando somos niños crecemos con la realidad de que las verduras son feas, y que cuantas menos comas, más rebelde sos en el jardín. Cuando somos niños nos llevan a granjas a visitar vacas, y ordeñarlas, pero no nos dicen que tarde o temprano va a ser asesinada como una de las tantas hermanas que tuvo. Cuando somos niños Mc Donald's es nuestro mejor amigo. Cuando somos niños no podemos decir "no quiero comer carne", porque creerán que es un berrinche, y para poder ser vegetariano y decir NO, uno debe crecer para ser tomado en serio (o a veces a medias).
>> Cuando somos niños nos inculcan que el comer muertos es algo totalmente normal, pero tal vez, si todos vieran en carne propia lo que es convertirse en un festín… tal vez, tal vez en el día de navidad cambies de parecer. 

domingo, 26 de abril de 2015

Flasheate está



   No esta bueno mezclar birra y faso (obviamente en exceso). No esta bueno tirarse al pasto a flashear después de que tu cabeza cedió ante los efectos psicoactivos de la droga y el alcohol, pero por sobre todo, no esta bueno emborracharse con el fin de olvidar eso que no se borra de la memoria. No esta bueno tomar cuando la consciencia esta sucia de culpabilidad. No esta bueno ser un ser ajeno a las emociones propias, como si en realidad existiera la mera posibilidad de separarnos en cuerpo y alma, de nuestra débil y translucida piel.
   Hay una locura tangible que separa los lapsos de estabilidad en tiempo y forma, del espacio en el que vivimos, de nuestro universo personal. Una destrucción constante e interna de lo que el paradigma de realidad es para nosotros. Los ojos bailan con la inmensidad, y tal vez morir se siente así, a esa sensación de desesperación por no poder controlar nuestro cuerpo físicamente, porque somos humanos frágiles consumidos por la desdicha de la azul tristeza que a veces nos corrompe, sin saber por que o como.
   Y se preguntaran, ¿cuál es la manera rápida y efectiva de dejar de sufrir?. Vomitar. Expulsar exageradamente las ideas que giraban en tu cabeza, cual lavarropas automático. Dejar fluir todo aquello que tu propio cuerpo indica que no te pertenece. Veneno, intoxicación inducida. Un poco menos humano, un poco más pecadores. Seres miserables regocijándose en su desdichada noche, y para ser sinceros, sintiéndose aliviados.
>> Tirada desnuda en la bañera, con el maquillaje corrido y la fría percepción de que la blanca habitación gira en torno a mí.

    - ¿Qué te pasa? ¿Estas bien? - me pregunta mi madre.
    - Sí, no pasa nada - Miento como de costumbre y vuelvo a vomitar, por quinta vez.
 

miércoles, 22 de abril de 2015

Melancolía verdosa

 
 Viajar en micro conlleva a la tarea diaria de enfrentarse a un abanico de caras olvidadas. Es usual a veces cruzarte con gente que viste en reiteradas veces sin saber siquiera su nombre, su edad o su color preferido (esas cosas a mi me importan); sin embargo están esas personas que no entendes como y por que te causan algo, esa extraña sensación de familiaridad que no se te despega de la cabeza. 
"¿Esos ojos yo los vi en algún lado?" esa frase más de afirmación que de pregunta, rebotaba en mi cabeza una y otra vez. Aquellas desconocidas esmeraldas llevaban de por si una permeable melancolía, como si de alguna manera te escarbaran el alma sin querer. Podría afirmar que su mirada circundaba entre la dulzura del sol de otoño, y el agresivo frío del invierno, las dos caras de una moneda que uno no percibe a simple vista, sin embargo yo si, yo pude ver todo eso y más. 

martes, 14 de abril de 2015

R I D E



   De repente estaba usando su camisa preferida la cual me llegaba casi hasta las rodillas. No sé en que momento llegue a esas instancias, no comprendo cual fue aquella transición que desestructuro por completo mis esquemas. Solo sé que ahí estábamos, los dos solos, en otra ciudad, desayunando como si no fuera nuestra primera vez.
>> El sol de principios de otoño brilla en color sepia,  esté se esparce por la silenciosa cocina blanca, mientras que los rayos se mezclaban con sus aplastados rulos rubios, y a pesar de que eran las diez de la mañana, parecía que había salido de una sesión de fotos. Era tan perfecto el momento, que me asustaba. El olor a tostadas, café y cigarrillo se habían convertido en mi selección de aromas preferidos.
   Lo observaba en silencio (no me gusta hablar por las mañanas), resultaba gracioso como sus doradas cejas se fruncían al tratar de sostener el pucho con la boca, a medida de que se hacía una tostada de manteca y mermelada, e intentaba que la ceniza del consumido cigarro no cayera a la taza inmaculada.

     - ¿De qué te reís? - Me pregunta desplegando sus perlados dientes amarillentos, a causa del tabaco.

    Me tomó por sorpresa, estaba tan ensimismada en mis propios pensamientos, que olvidé por completo la presencia de mi cuerpo en la tierra. Me estaba riendo instintivamente, de manera tan natural, que no percate que la felicidad me había consumido las neuronas. Tal vez no recuerdo la última vez que me encontré tan feliz, tal vez nunca lo sentí así, es decir, lo que creí en su momento que se acercaba minimamente a los estándares del amor, eran para mí un mito, una utopía, sin embargo, ahí estaba, mirándolo y riéndome sin saber porque.

     - No lo sé - Confesé y nos echamos a reir.

  ¿Entonces así es el amor?, tan ciclotimico y sublime que no llega a acercarse a una definición exacta, creada tan solo por unos simples mortales. ¿Eso era? Esas ganas de querer estar abrazado, durmiendo, riendo, peleando y reconciliándote, comiendo, besándote, preguntándose a donde esta la persona, en que piensa, que hace, que no hace... ¿ese cliché tan misterioso?A decir verdad realmente, eso es, y pido perdón a todas esas parejas que prejuzgue por estigmatizar con que estaban enfermos, con que no comprendía como podían llegar a ser tan pesados y melosos. Pido perdón, hoy soy peor, hoy somos peores.

>> El atardecer baña de colores cálidos, la pequeña ciudad de San Luis. Estamos tirados en el pasto fumando un porro. Me observa con sus ojos de almendra, y susurra algo parecido a un "te amo". En mi mente una barrera que estuve sosteniendo por años, se rompe. No podía ser cierto, no podía estar ocurriendo. Aquel chico/hombre que veía en los pasillos de la facultad, era mío. ¿Cómo había llegado a ser posible? ¿cómo sus colores azules fundieron el gris matutino de mis días?, es decir, irrumpió una constante tormenta en mi ser, y lleno mi cielo de sol, de mañanas despejadas, de aves cantando a los costados de mis orejas. Nunca iba a ser suficiente el agradecerle que me trajera a la vida.

        - Yo te amo a vos - respondí despacito, porque tenía miedo de que el tiempo me arrebatara ese pedazo de eternidad.
     
     Me acuna en sus brazos de mármol, y desde ahí creamos un universo aparte, una galaxia paralela de todo lo que conocíamos. Nuestros corazones laten en sintonia. Lo siento vibrar bajo las escamas de mi piel, y me desmorona los sentidos su electrificante contacto. Sin querer (queriendo) nos encontramos, y no había vuelta atrás. Este viaje era únicamente de ida, y los asientos nos habían tocado juntos.

lunes, 13 de abril de 2015

Anita



   Hay episodios en mi vida que prácticamente se encuentran en blanco. En el lapso de los 14-16 años, una niebla coexiste con mis recuerdos, sin embargo, hay algo de lo que nunca quise hablar o asumir. Algo que hasta hace poco había enterrado en mí. Una evasión psicológica a un aspecto traumatico de mi vida. Crecer con las consecutivas frases de: "Que alta, deberías ser modelo" "Que linda" "Cuanta presencia", entre otras, me hicieron comerme el cuento de que en verdad podría ser una modelo, una de pasarela, sofisticada y esbelta. Deseada por los hombres y envidiada por las mujeres.
Era tanto mi deseo, que aprovechando las cualidades para escribir que siempre desarrolle a lo largo de mis años, participé de un concurso en una muy reconocida revista Teen, y para mi sorpresa, gané. Un book de fotos con tres cambios de ropa (los cuales ellos no incluían), con una reconocida fotógrafa en Palermo Soho (que hasta hoy en día es mi lugar preferido en Buenos aires). Tenía 14 años, nadie me advirtió que podía enamorarme del frívolo lente que reflejaba mi inocua belleza en ese entonces.
     Me había encantado la idea de vivir a través de mi aspecto físico, me había encandilado como una luciérnaga frente a un foco (ese que tarde o temprano se quema y te mata). Volví de Buenos Aires con la meta fija de convertirme en una reconocida modelo joven, y tan obstinada soy (bendición y maldición) que conseguí que una reconocida empresa me abriera las puertas para probar suerte en un casting.
Llegue con apenas mis catorce primaveras, y salí avergonzada de allí. Era la más chica, no tenia tacos aguja sino que había ido con unas plataformas de madera y cuero que hoy en día detesto, y además de eso, todas se reían de mi manera de caminar.

  - Que carita tenes - Me dijo la mujer que luego se convertiría en mi mentora.

A pesar de aquel fallido casting, quedé. Todos los martes a las 18:00 hs debía concurrir a un gimnasio. Con mi mejor ropa y todas las fuerzas posibles para tratar de no quebrarme emocionalmente ante las reiteradas críticas hacía mi cuerpo. Sí bien soy alta, siempre tuve caderas anchas y muslos grandes. Ese era mi "error", y digo error porque era lo que me faltaba para serles perfecta, para ser un material digno de gráfica y pasarela.
      Recuerdo estar "caminando", por que eso eran, clases de caminado, en donde te encerraban dos horas y tal vez en algún momento salias a alguna pasarela (eso nunca me paso a mi). Mirta (la cual no recuerdo si es su nombre), me tiraba del pelo mientras trataba de desfilar lo más preciso posible. Espalda recta. Mirada soberbia. Cara neutra. Brazos que bailan con delicadeza, y pisadas agraciadas, pretendiendo que flotabas, y entre todas esas pautas mentales, estaba el enano de un metro cincuenta que me agarraba del pelo para que yo no agachara la cabeza. En ese momento lo aceptaba, pero luego comprendí que era violencia, y ese no fue el único hecho que dejo en descubierto su manera de tratar a indefensas soñadoras de lo hermoso. Por que eso fuí, una soñadora de un mundo que desconocía pero que por dentro era tan tóxico como el veneno para ratas.
     A todo esto, un día una esquelética chica de 16 años pidió hablar con la jefa manda más. Le dijo que su doctor le había dicho que estaba demasiado flaca, que necesitaba aumentar de peso para estar saludable. La cara de la mujer se desfiguro.

      - Si vos engordas a mi no me vas a servir - Palabras textuales - Vos, vení (llama a un hombre) ¿te parece que ella esta flaca? ¿te parece que necesita engordar?

      Obviamente aquel modelo estaba sano, tenía su cuerpo torneado y esbelto, porque la belleza que las agencias de modelos buscan en los hombres, es un poco más accesible y realizable, a diferente del standar que nos imponen a las mujeres, hoy en día, en el siglo XXI, cuando la reconocida Anorexia es la principal enemiga de las adolescentes aspirantes a las pasarelas.
No esta demás decir que la belleza que ellos buscaban no estaba en mí, que yo siempre tuve el cuerpo diferente a las Argentinas (porque la mitad de mi familia es de Brasil), y que llegar a las expectativas que ellos pedían, era algo difícil para mí. Aún así exprimí todas mis ideas, hasta que que la más obvia y mortífera apareció en mi cabeza.
>> Iba al gimnasio 5 veces a la semana, dos horas. Además de eso salía a caminar una hora todos los días. Comía turrones (porque sabía que tenían menos calorías). Y tenía en cuenta que una oreo entera tiene 70 calorías, por lo tanto la partía, y saciaba mi hambre con eso. Hacía dieta, y antes de comer siempre tomaba un caldo, y si era posible y creíble, decía que tenía ganas de tomar sopa en la noche ,que me quería cuidar; y ahí estaba el error, nadie me cuidó a mí, nadie vio que me estaba enfermando, ni yo misma pude. Ni mis propios padres. Ni los diez kilos de diferencia que en ese entonces tenía. Ni mi propia baja autoestima y el constante mal humor en no poder comerme un pedacito de chocolate. Me estaba muriendo. Me estaban matando.

>> 13 de septiembre de 2011.

El día de mi primer casting importante para un gran desfile. Ese día las constelaciones me estaban enviando un mensaje. Era martes 13. Yo soy muy supersticiosa, así que de por sí estaba acompañada de la imaginaria mala suerte que creía tener. El micro me dejo muy lejos del gimnasio, llegue tarde, transpirada, nerviosa. Y lo ví. Estaba al final de la gran recta. Sentado con una sonrisa similar al gato de Alicia en el País de las Maravillas. Era mi turno, mi oportunidad. Estaba estrenando mis quince años, y sentía que tal vez como regalo, la vida me iba a dar eso que yo tanto anhelaba.
>> Desfilé para él, con mi mejor sonrisa. Llevaba un vestido al cuerpo, corto, de lentejuelas azules. Tenía en ese entonces el pelo negro y largo. Estaba pálida, porque esa es una de las características de las personas con principios de Anorexia. Y ahí estaba, desfilando para la parca. Mostrándole todo el sacrificio que había hecho para ese gran día.

          - Sos muy linda... pero esto - y tomó mi cadera entre sus manos.

        No hizo falta que terminara la oración, y si lo hizo yo no escuche o no recuerdo lo que siguió, porque todos los meses de sacrificio y hambruna, se habían desmoronado ante la crítica cruel de aquel vividor de almas y sueños.
        Tal vez la moraleja de esta historia era mostrarme que para los grandes sueños existen los grandes riesgos. Que a veces no todo lo que no se obtiene es una maldición, sino tal vez una bendición, quien sabe en donde estaría hoy si él me hubiese tomado para ese desfile. Quién sabe si seguiría viva para contarlo. Ni yo lo sé. Lo único que sé es que me salí de aquel mundo, y no quise volver más; aún así, recupere todos los kilos que perdí y comencé a disfrutar de la comida otra vez (también a raíz de la sacudida que una amiga me hizo). Volví a ser feliz, normal. Pero a veces...solo a veces, cuento las calorías al comer.