viernes, 26 de diciembre de 2014

Fuego y Menta III


   Me invitó a su casa. La relación se estaba formalizando, mis padres ya lo conocían, y el ya me había presentado a su familia. Habían pasado exactamente dos meses desde que empezamos a salir. Era único en toda la extensión de la palabra, cada sensación, cada beso y abrazo, su nariz pegada a mi cuello, erizando mi piel, sus manos firmes y protectoras, sus dedos largos y perfectos, su lengua, su exquisita lengua, y aquel sabor a menta que me volvía loca, cada parte de el me hacían sentir más y más enamorada. 
     Sabía que amaba el rock, se le notaba, también le encantaba la marihuana, tal como a mí. Pasábamos tardes fumando y diciéndonos lo mucho que nos amábamos, como si todo lo que sintiera realmente se tratara de una resurrección del primer amor. Y así fue, lo deje entrar sin darme cuenta, tenía la guardia baja, estaba vencida de tanto esperar cariño, había perdido la fé, y sólo el podría devolvérmela; y lo hizo, me sanó el alma. Si la felicidad fuera un momento, yo describiría todas las horas que pasamos juntos. 
     
     - Hola mi amor - sonríe y me saluda desde el otro lado de la reja. 
     - Hola hermoso - lo abrace tomándolo por completo en mis brazos - que rico perfume por favor.
      - No tanto como el tuyo - me besa y entramos a la casa. 
      - ¿Y tu mamá? - pregunte al notar que no estaba en la casa. 
      - Esta en lo de mi abuela, no vuelve hasta la noche - sonríe con otra intención. 
       - ¿Tu papá? ¿Tu hermana? 
       - Mi papá esta trabajando y mi hermana se fue a lo de una amiga. 
       - Mhmmm
       - Vení y dame un beso de esos que me gustan - suplico de manera tan sensual que no pude evitar sentirme excitada. 
  
         Me tomó por la cintura y comenzamos a besarnos. Primero despacio y luego con más intensidad. Acariaba mi espalda y en cada parte donde el colocaba su mano, me quemaba por dentro. 

           - ¿Vamos a la habitación? 
           - Sí - susurre bastante consumida por el deseo. 

           Habíamos estado centenares de veces besándonos en su cama, trazando límites, descubriéndonos, aún así nunca habíamos tocado el tema de tener relaciones. Tampoco soy una persona bastante abierta para dialogar sobre el tema, pero en el fondo el y yo queríamos lo mismo, y no iba a dejar pasar esta oportunidad. Tal vez mi yo vieja lo hubiese querido, pero en estas instancias era la misma juventud la que me recargaba de energías y lujuria. La pasión y el amor me consumían las entrañas, y me sentía tan rara al no conocer esta faceta de mi. 
>> Llegamos a su cuarto y cerró la puerta con seguro. Nos recostamos en su cama y continuamos besándonos, esta vez con más jugueteo que antes, y con más cosquillas de las que había sentido en mi vida. Me mira a los ojos, esos divinos ojos que tanto amo, enmarcados por sus pestañas largas y arqueadas. Su mano viaja por mi ombligo, y sube, cada vez más, hasta llegar a mi corpiño, hasta desabrocharlo, hasta el punto de dejarme el torso desnudo. Acto seguido, le saco la remera, y nuestras pieles son tan perfectas al contacto de ellas. El tiene puestos sus jeans favoritos, y en este momento me estorban por completo; así que se los saco (sorprendida de mi misma por la iniciativa). Él hace lo mismo conmigo, y estamos semi desnudos en una habitación callada y serena, y afuera el mundo no existe porque él es el mío. 

        - Sabes que te amo, que no vamos a hacer nada que vos no quieras. Yo te respeto, siempre te voy a respetar. 
         - Sí quiero - admito con algo de vergüenza. Estaba totalmente vulnerable pero aún así no me sentía desnuda por completo, porque en realidad el ya me había desnudado el alma, la primera vez que me besó. 

       Fuego, me quema todo por dentro, pero de una manera particularmente placentera. Y se mueve al compás de mi ser, respirando fuerte, mirándome a los ojos, sonriéndome. Lo amo, lo amo tanto   .
       La gente dice que en dos meses no te podes enamorar tan rápido. Al diablo esa gente, ellos son los que no pueden. Nosotros no. 

         Fuego y menta...Continuará  

jueves, 25 de diciembre de 2014

Vértigo


   A veces quisiera que escucharan las verdades detrás de mis mentiras, el enojó tras las lágrimas, la alegría tras la pena. Quisiera dejar de fingir por un momento y poder ser totalmente honesta, quisiera decirle a la gente cuanto me avergüenza sentirme miserable teniéndolo todo. Quisiera sacarme ese antifaz, quisiera dejar de ser. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Para todo hay un principio

 
   Nunca experimente el miedo de que alguien me pidiera ser la novia. Nunca nadie me regaló un oso de peluche gigante, tampoco cajas de bombones o rosas. Si me dedicaron canciones, fueron de las malas, porque no las recuerdo con cariño. Nunca nadie me dijo que se la iba a jugar por mi. Nunca me sentí tan sola al mirarme al espejo y saber que lo único real aquí era la soledad que me rodeaba, densa y oscura. A veces me siento tan pérdida en mi misma, tan pérdida de la mirada de los otros, tan menos yo, tan sociedad y no individualidad. 
      Nunca abrí por completo mi corazón luego de que me rompieron el alma, tampoco las piernas, tampoco los brazos, siempre estrechando una barrera a mi frágil persona, hecha de cristal y risas. 
      Pero aquí estoy, más enamorada que nunca, más menos sola que antes, más completa, más, ¡mucho más!...

       - ¿Queres ser mi novia?
       - ¿Qué?
       - Si queres ser mi novia, colgada. 
 
     No respondí, apenas tenía aire suficiente para besarlo, apenas podía contener la euforia que se expandía por mi cuerpo como un virus, tomando control de mi cabeza, hirviendo la sangre como una pava. El me quería a mi, realmente el quería estar en su totalidad conmigo, realmente ya no estaba sola, y el chico de labios voluminosos y rosáceos, con sus ojos color Esmeralda, me habían captado la esencia por completo. 
       

domingo, 21 de diciembre de 2014

Menta II


   Estamos sentados a las afueras de la facultad, bajo un pino, esté tiñéndose de amarillo mostaza, el cielo encapotado de nubes, la brisa con olor a libertad acariciando nuestras narices, todo es tan simple y perfecto a la vez. Él tan verde menta, yo tan rojo Carmín. Nosotros tan carmesí. Me gusta como se pone el charuto en la boca, me gusta como se ve cuando fuma, me encanta ver como se concentra en la sensación, y me deja ahí, observándolo anonada al comprender cuanta belleza hay en tan solo unas pitadas. Me lo pasa, y nuestros dedos se rozan, un mínimo contacto es suficiente para accionar el fuego de esas pequeñas chispas que brotan cuando nos tocábamos accidentalmente.
    Tenía las manos heladas, así que extendí las mangas de mi sweater para compensar la falta de calor. El lo notó. Sonrío y arropo sus manos con las mías. De repente sonreí y no pude evitar pensar lo mucho que me gusta, al mismo tiempo consumida por la incertidumbre de saber si el sentimiento era reciproco.

        - Perdoname.
        - ¿Por qué? - Pregunte confundida.
        - Por esto...
   
      Suelta mis frías manos y por un instante creí que se refería a que me había arrebatado por completo el calor, que se disculpaba por eso únicamente, sin embargo, se acerca a mi rostro en una fracción de segundo, y con su mano hirviendo me roza la mejilla. Eso fue todo, nos enamoramos perdidamente. Sentía como todo el cuerpo volvía a funcionar, el gusto a cereza de su boca (no sé si por él o por mi bálsamo), su respiración entre cortada, sus labios grandes y redondos, encajando a la perfección con los míos, pero no como en otras ocasiones cuando creía afirmar que los besos con otras personas eran sumamente especiales; esté definitivamente había sido el mejor beso de mi vida, y sin comprender por que, lo abrace, lo rodee muy suavemente hasta sentirlo mío, y me fundí en la fantasía de que eramos eternos, y que quería permanecer pegada a sus labios por el resto de mis días.
      Me hacía sentir plena, amada... realmente me amaba y en la medida justa, siendo libre yo de él, siendo él libre de mí, cada uno con sus gustos y pasiones, pero a fin de cuentas juntos, llenando esos vacíos del otro, recompensandonos en las infinidades de la piel. Porque cuando estaba con él nada podía herirme, porque en sus brazos el tiempo era obsoleto, y al sentir su dulce perfume me bastaba todo el día para recordarlo. Completamente enamorada... de ese chico ojos color menta y corazón de oro.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Insomnio número cien.



   Siempre deteste que mi padre se quedara hasta altas horas de la madrugada, mirando la luminosa pantalla de su ordenador. Me molestaba que no durmiera. Sabía que hacía años su problema para descansar se había tornado una especie de rutina, y sabía que las épocas en las no dormía se debían a sus preocupaciones interminables por la perdida de trabajo que experimentaba. Un hombre inteligente, quién a lo largo de la vida tuvo que trabajar para sobrevivir, y no trabajar para vivir ¿me explico?. Ante mis ojos siempre estuvo la frágil imagen del insomnio inducido por sostener un estilo de vida, o más bien por sostener el estilo de vida de toda tu familia, de darles a los integrantes de tu unidad una forma de vida digna, se podría decir que hasta con algunos lujos.
>> Son las cuatro y cuarto AM. A mi izquierda un frasco de mermelada de frutilla acompañado de tostadas, decidí desayunar porque sabía que no me iba a levantar temprano después de haber alternado mi horario para dormir. Tengo los ojos cansados, pero mi cerebro no me deja en paz. Insomnio del malo, del aterrador, de ese mismo que te carcome las neuronas con constantes preguntas sobre el futuro. Gran problema, mi adicción a la curiosidad.
     Previamente había experimentado una sensación que creí no volver a degustar. El anonimato. Me encontraba en el ojo del huracán. El corazón de esta esencia, el que le da impulso a "eso que vas a ser", ese del cual nos inculcan desde pequeños elegir una carrera en la vida, para aprender todo lo posible de ello, y salir al mundo; siendo un poco menos ignorante, pero con todas las incertidumbres posibles. Y de nuevo, me encontraba en un mar de gente que no conocía, sabiendo que por fín toda mi etapa de amoldamiento se había finalizado. Me gustaría decir que no tengo miedo, pero realmente estoy aterrorizada.
>> Tengo terror, pánico. El último día de confrontación vocacional, llegue a mi casa luego de un largo día (también agregado el desaprobar matemática de la secundaria) y me tendí en la cama sin más ganas de nada, como esos días donde vivir se hace de manera motorizada, impulsados por la rutina. Cerré los ojos y comencé a temblar, la fiebre se apodero de mi cuerpo, y de repente todo esté estaba hirviendo como una pava, alucinando al cerrar los ojos con destellos plateados de energía.

 "Siempre que empezas algo nuevo, te enfermas" - añadió mi madre al otro día.

¿Cómo siendo una encontraré a ese uno, que me haga sentir nuevamente un uno? En estas instancias me siento un cuarto, y las pequeñas personas que conforman mi vida me hacen sentir más yo, pero ahora... ¿como sentirme "más yo" con personas que no conozco?. El temor de fallar a la hora de elegir amigos se vuelve visible, como si ahora tuviera que ser más cautelosa porque las personas lograron desarrollar la elección de amigos a la hora de crecer. Antes no era así, antes te hacías amigo de alguien porque sabías que era lo correcto, no evaluabas el hecho, no pensabas si era un buen partido o no, solo te conectabas... ahora resulta tan lejano conectarse de inmediato con los seres humanos que nos convertimos.
      Un sinfín de temores ante lo desconocido me descosen los sentidos, y no debería ser así para alguien que al mirar atrás solo ve constantes cambios de instituciones y ciudades. Sin raíces, sin un reflejo fijo a una sociedad. El constante sin sabor de sentir no pertenecer a ningún lugar. Pero miro nuevamente al pasado y  recuerdo como me sentí parte de todo (sintiéndome parte de nada), como me sorprendí al darme cuenta que tenía un grupo maravilloso de amigas cuando mucho tiempo lloré por sentir que no era así. Como logre adaptarme a los diferentes circunstancias y ambientes que el destino me ofrecía (o yo escogía).
      Conozco bien el insomnio, sé que se manifiesta cuando algo rebota por las paredes de nuestro fuero interno. Sé que aparece cuando no podemos omitir que "aquello" capta nuestra atención por completo, sea de manera negativa como positiva. Sé que está a la hora de debatir guerras personales con uno mismo. Sé que está cuando la realidad es demasiado pequeña para los grandes soñadores. Entonces reflexiono y digo... si uno realmente puede decidir que clase de insomnio quiere padecer: Yo quiero del bueno. 
Quiero ese insomnio que te hace sonreír con un mensaje de texto. Quiero el insomnio de fiesta con amigos. Quiero el insomnio de una buena película. Quiero el insomnio de la incertidumbre de lo nuevo, lo bueno. Quiero el insomnio de la sorpresa. Quiero el insomnio de un viaje previo. Quiero el insomnio de un beso esperado. Quiero el insomnio de todo lo bueno que me hace dormir, porque cuando uno duerme las penas se alivian, y el espíritu se renueva... entonces ¿por qué dormir cuando se puede trasnochar disfrutando lo bueno de la vida?

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Menta


   Tiene unos ojos serenos e indagadores, porta consigo esa clase de mirada que te perfora el alma con apenas un vistazo. Alrededor de ellos, menta, menta oscura que bordea el contorno del iris, y cae en degrade una gama de verdes que se mimetizan despacito a la hora de llegar a sus enormes pupilas.
    Su nariz tiene el tabique recto, de terminaciones perfectamente imperfectas. En el medio de las fosas nasales, una argolla plateada.
    Sus labios carnosos de color carmín hacen la aleación perfecta en conjunto con sus dientes perlados. Sonríe. Me sonríe a mí. Se le hacen unas pequeñas arrugas alrededor de los ojos. ¡Dios! Cuánto me gusta. Lo escucho hablar pero en realidad no estoy presente en ninguna palabra que se desprende de su sedosa lengua.
     Nos recostamos en el césped. El día esta hermoso, hay aroma a principios de otoño, el sol baña nuestros parpados de su divina luz, mientras que el cielo permanece despejado ante nuestro favor. Para mi sorpresa, se encontraba realmente interesado en mí, me preguntaba que música me gustaba, que cosas me agradaban, que otras no. Hacía tanto tiempo que no sentía el intereses de manera transparente, sobre mí. Aghhh me gustaba, tanto que quería abalanzarme sobre él y destruirle la boca a besos; aún así me contenía, contaba números, enumeraba colores. Algo que me distrajera de su hermoso rostro. Y aquella voz, típica voz de fumador, rasposa y seductora. Estaba completamente regalada, sin embargo él quería conocerme, y yo también.
     Pasaban las semanas y nos veíamos con más frecuencia, fuera de la universidad, dentro de ella, a veces por las noches. Hasta que ocurrió.
>> Salí con mis viejas amigas a una fiesta fantasma, de esas que solemos concurrir. Previa. Locura. Todo como siempre. Llevábamos de costumbre zapatillas, pero un poco más diferentes exteriormente. Más grandes, más lindas, más unidas. Había estado hablando con X por la tarde, le conté sobre mis planes (con total esperanza de que el destino o las propias acciones de dicha persona, coincidentemente fueran las mismas que las mías), el modestamente me respondió que no tenía nada que hacer esa noche.
     Realmente había perdido la fé, eran pasadas las 3 A.M. y no habían indicios de él. Tenía la mirada cansada. Sonaba alguna canción de electrónica que claramente no podía descifrar cuál era (todos la cantaban de memoria). Desentonaba entre la multitud, todos borrachos y yo sobria de expectativas. De repente el tumulto de gente se expande. Tenía un vaso de cerveza en la mano, una campera gris oscura, los ojos chinos y la sonrisa grande. Solo eso basto. Ella sabía que él la estaba buscando. Él se acerco decidido y sonriente, como siempre, de esa manera alegre que ella tanto adoraba.

                 - ¡Por fín! - Rodeó su cuello con el brazo derecho, y la besó, sin vueltas ni titubeos. No hay detalles que acotar, solo como le temblaban los labios al haber hecho contacto con los suyos. Como el pecho de él se había calentado a pesar del frío. Y de repente las personas se desvanecieron en la sala, y la música era solo una melodía de fondo. Y se besaban, apasionadamente, sin decirse nada, porque en realidad lo que callaban había quedado expuesto a la hora de que sus labios se tocaron. Se habían encontrado después de tanto buscar.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Lago


  En lo que a mi respecta, nunca estuve con nadie que tuviera unos ojos tan maravillosos como los de el. Eran verde agua, transparentes, más que las puertas al alma eran un interminable lago, profundo y calmo. 
   Había atravesado por una serie interminable de relaciones sin principio no final, ninguna me llevaba a confirmar con juicio que realmente estaba hecha para amar a otra persona en esta instancia de mi vida. Siempre había una excusa: Soy demasiado chica. No soy madura. No quiero perder a mis amigas. No me da lo que yo le di. Este no es el momento... Y así sucesivamente, mintiendome y evadiendo de manera opcional lo que en algunos casos pudieron ser grandes amores, si yo les daba mi consentimiento. Aún así estoy sola, y todas las excusas que use en su momento se convirtieron en un bálsamo. Todas mis amigas a las cuales yo tenía perder se encontraban sumisas en el amor, y de repente las envidiaba, porque había dejado pasar muchas oportunidades por mantenerlas conmigo, cuando me encontraba completamente cegada. 
>> Me había abandonado, definitivamente me encontraba ahogada entre ser o no ser lo que deseaba. Entre priorizar o no los sentimientos, cuando bien se sabe que a la hora de sentir no hay restricciones. 
   
    Y lo ví. Su cabello castaño oscuro caía al costado de su frente, brillante y lacio. Pude observarlo sonreír con los dientes más perfectos que haya visto jamás, mientras revoloteaba la mirada hacia mi, de manera fugaz y desprevenida. Era el típico indiferente que solía gustarme. 
    Los meses pasaron y me había olvidado de aquel extraño divino. Pero no fue así, al verlo mi memoria se reactivó al instante y no pude evitar desear interactuar con el de alguna forma u otra. 
Para sorpresa del universo, él era amigo de un chico que se me había pegado en los tiempos libres que teníamos en la facultad. 
     Estábamos sentados en el pasto como de costumbre, hasta que el lo vio, lo saludo y se sentó un momento. Nuestras miradas se encontraron, y fácilmente me vi obligada a correr la vista. Sus ojos tan claros y simples me habían capturado el alma. 


    >> Con los días ese extraño se volvía familiar, y mientras más tiempp charlábamos, mejor nos llevábamos. Era la clase de chico que quería invitar a fumar sólo para saborerle el carmesí de la mirada. 

      - ¿Sos de esas chicas que fuman una seca antes de entrar a clases? 
      - No siempre pero sí.
      - Te invito unas flores - sonrío levantando la comisura derecha. Ni siquiera había fumado y ya se sentía sedada con tan sólo hablar con el.

   Nos alejamos de la multitud y buscamos un lugar más reservado. Nos sentamos en el medio de unos árboles, los cuales parecían haberse levantado a propósito en modo de proteccion. Se apoya el charuto sobre sus labios color cereza - no puedo dejar de mirárselos - lo prende con un fósforos y hace un sumamente sexy; como una estrella de rock prendiendo un cigarro. Le da unas pitadas y me lo pasa, es casi como besarse sin contacto. Cuando siento que  el efecto se apodera de mis sentidos, me recuesto en el césped.

    -¿Cómo te sentís? 
    - Así - se acerca para besarlo lentamente, el apenas se mueve. La campana suena. El momento perfecto de arruina, el valor se desvanece.
      - Hermosa - susurra con sus letales ojos cielo, y muero ante su encanto. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Wonderland



  Había estado esperando este golpe de suerte prácticamente toda mi vida, aún así, sin mucho éxito mantuve incauta mis ganas de brillar. Como si de alguna manera no pudiera evitar apagar esa luminosidad que hay en mí, como si de repente por más de que lo intentase, no hubiese matado al sueño por completo. Lo deje moribundo, o más bien, lo dejaron... porque el pobre e indefenso solo recibió una cantidad innumerable de respuestas negativas hacía su persona. Yo tampoco lo alimente, realmente estaba tratando de que tomara suficiente valor para suicidarse de una vez, y dejarme en paz. Pero ahí estaba, rogándome que lo liberará, susurrándome que él no quería seguir preso en mi celda energética.
  Es fácil ignorar a eso que nos ilusiona, es decir, cuando se sueña con suficiente esfuerzo y se reciben por medio de los interceptores, bastantes no, uno se queda tendido en la superficie de su fuero interno, levitando, escapando de la decepción para con uno mismo. Omití por bastante tiempo que mi destino no estaba basado en una vida normal, y aunque lo supiera, me gustaba esa sensación de aferrarme a la desconformidad; así tenía algo malo por lo cual quejarme y amargarme ¿y todo eso para qué?. Todas las veces que me caí se debieron única y exclusivamente a que yo no me visualice por completo, algunas veces por miedo, otras por subestimarme, ¿acaso no soy lo suficientemente "muchosa" para esta meta?.
>> Sentí vibrar cada una de las energías habitantes en mi cuerpo, como si está vez emanara fuego a través de mis poros, como si se renovara mi ser, con un filtro lleno de esperanza y expectativas. Espere pacientemente, a una señal que había pedido de forma desesperada sin caer en la cuenta del hecho. Pedí un golpe de suerte. Pedí un cambio. Pedí oro solido transformado en sueños, sueños reales y tangibles, como el calor de las cámaras en mis pómulos, Lo deseo tanto que siento que el tiempo es ahora. Pero debo esperar, a ese llamado, a ese "toc, toc", a ese giro de 360º.
   Siempre supe que estaba hecha par algo más transcendental que la rutina, y el paso siguiente era tocar un estudio televisivo. El pie derecho en el suelo de madera balsa, color caqui. La risa nerviosa pero expectante ante un "SI" visible. Tenía todo lo que ellos buscaban, y ellos tenían todo lo que yo quería.
   Mi cuerpo temblaba ante la inmensidad de la idea de poder materializar por fín, mi sueño. Estaba todo a mi alcance, y era real. Completamente real.

   - Me miraban extasiados - Yo no paraba de hablar, estaba nerviosa pero al mismo tiempo tranquila. Sabía que era lo que buscaban. Sabía que había nacido con un fin más grande que el graduarse de la universidad. Sabía que había nacido para cambiar algo en la sociedad, en transgredir, en transformar, en liberar. Sabía que todo esto era enorme, y aún así en mis brazos resultaba pequeño; como el primer paso a mi longeva carrera, como el feto a mis esperanzas, ese que había dejado morir paulatinamente dentro de mi.

   No solo venía la realización personal más grande de su vida, sino también un amor oculto. Uno que paso por desapercibido, y se podría decir que en ambas direcciones.

   Firmá acá, acá, acá, acá, y acá. Aclaración. Documento. 

   No fue tan difícil como pensaba. Aquella tinta negra había marcado por siempre su futuro.

   Estrechan sus manos, y aunque ella quería dar un aspecto de fortaleza, un pequeño cristal se resbalo. Todos la miraban como gatos risones. Alicia finalmente había encontrado al lugar que debía llegar.

martes, 9 de diciembre de 2014

Ojos almendra



   La acune entre mis brazos como el aviador al principito, despacito, amorosamente. Estábamos en el rincón de su cuarto, sobre la cama. Su cabello negro era lo único que podía ver, aún así la sentía vibrar. Lloraba en silencio porque no quería causar más ruido. No quería que la oyera de nuevo, porque él era capaz de escuchar las palabras fluir de su boca, pero incapaz de descifrarlas a la hora de mirarla a los ojos.
    No sabía que hacer en ese momento. Comprendía su situación desde una pequeña perspectiva,  aún así ponerme en su piel me resultaba abrumador, si uno no puede con sus propias dificultades ¿cómo confrontar con la de los seres queridos?. No soportaba escuchar los sollozos de su alma, porque está ponía blanda a la mía; y en un instante, me ví sumergida en lágrimas, esta vez vibrando al compás. Ella de tristeza, yo de empatía.
    La había lastimado, más allá de lo físico, la había herido; en esa parte profunda de lo que uno desarolla a lo largo de los años, es decir, la relación, el cariño, la amistad... la confianza. ¿Cómo volver a confiar en alguien que no te acepta por completo?
    Ella se reincorpora, quiero limpiarle los pequeños diamantes que se escurren por sus mejillas, pero no me deja. Es muy fuerte, sabe hacerlo por sí sola. Me pone una cara desgarradora pero sé que va a salir adelante. Nos miramos en silencio, en estas instancias no hace falta emitir palabra alguna para entendernos. La vuelvo a abrazar. Quiero transmitirle todo mi cariño, pero en estos momentos se encuentra tan bloqueada que solo es un peso muerto.
    Nos recostamos, mirando el techo color marfil. Hay demasiado silencio, pero las voces de adentro resultan ser inoportunas. Cierra los ojos, esos ojos almendra enmarcados por largas pestañas. La observo morir paulatinamente, pero le agarro la mano. Quiero que sepa que estoy ahí. Quiero que sepa que nunca la voy a abandonar. Que la quiero como es. Que la admiro por como es. Quiero que sepa que aunque sienta que esta vez no va a salir a la superficie, yo voy a estar ahí para celebrar su reincorporación de oxigeno. Quiero que sea feliz, sin esconderse de lo que es.

domingo, 7 de diciembre de 2014

Señor Universo

Querido Universo:

   Estoy sola, tomando maté. Trato de estudiar matemática, pero fracaso en el intento. El estar haciendo otra cosa que no implique razonar números y letras, se vuelve tentador (y así es como termino en el ordenador escribiendo para despejar un poco las x's de mi mente). Entiendo totalmente porque nunca me llamó la atención otra cosa que no se viera relacionada con el arte. Sí bien las ecuaciones tienen un tipo de magia escondida, no hay comparación a la hora de sentir como vibra tu alma con una canción o una película. Así de simple. Me enamore perdidamente del arte.
   A la edad de cuatro años mi abuela me llevo a asistir a una pieza de ballet, acompañada de mi madre. No recuerdo con exactitud todo, pero sí una hermosa puesta en escena, donde las bailarinas revoloteaban sus piernas, mientras todos los colores del vestuario se mimetizaban a la perfección con mis pequeñas pupilas; y salí extasiada de ahí, sintiendo que algo en mi ser se había accionado por completo.
   Luego, a los cinco años mí tío me llevo a ver al cine todas las películas estreno de Disney, y en parte se convirtió en una gran influencia al desarrollar mi personalidad. Mi padrino del arte, como me gusta llamarlo. Me sentaba en sus piernas porque no llegaba al alto de la mesa, y acompañando a mi mano, me enseñaba a dibujar, cómplice de un crayón, sin siquiera saber leer y escribir. Así fue como un gran amante llego a mi vida. No hacía más que dibujar infinidades de figuras sin sentido (comprendiendo que en mi cabeza eran creaciones increíbles). Hojas y hojas llenas de bocetos y colores. Dibujos apilados por años en cajas que mi madre guardaba como lingotes de oro.
     Mi padre, cinéfilo y lector empedernido, transmitió hacía mi persona el cariño a esas dos artes que tanto adoraba.
    En el medio de los seis años, llegando a los siete, yo me encontraba en primer año de la primaria. Era todo maravilloso, aprender a escribir y leer se había tornado una necesidad urgente para mi pequeña personalidad, como si de alguna manera supiera a que estaba destinada.
>> Buscaban voces para el coro de la institución. Recuerdo como un profesor interrumpió la clase preguntando si podía hacernos una audición. Yo apenas sabía unas pocas canciones pero accedí a cantar "Manuelita". Así fue como quede seleccionada, cantando con niños mayores, y abandonándolo previamente porque parecía demasiado serio para mi edad; en ese momento solo quería pasar tiempo con mis amigas.
    A los ocho me mude de provincia, una vida agitada para una niña de mundo. Conocí a mis amigas de la infancia jugando a la mancha, mejor llamado "pilladita", en San Juan. Tuve los mejores años de mi vida. Imaginábamos que eramos espías, y recorríamos el colegio (que en ese entonces parecía enorme).
>> Mi grupo conformado por 6 niñas, incluyéndome, estaba desbordado de arte. Fue así como aprehendí con dos de mis mejores amigas, a amar la lectura. Pasábamos infinidades de recreos en la biblioteca, dibujando y leyendo, como si de alguna manera quisiéramos resguardarnos del tiempo. Por segunda vez me apadrinaron, y conocí el amor a escribir. Sabrina, quién ese entonces era una niña introvertida e inteligente, me transmitió de manera muy pasional su hobbie: Escribir cuentos.
>>No cabe duda de que descubrí por completo un mundo totalmente nuevo. Como las palabras e ideas podían conformar otra realidad. Como los sueños podían plasmarse en papel y parecer reales. Como sentía con fervor cada cosa que describía, cada utopía que imaginaba.
>>Tuve otro amor de pequeña, otra influencia, otra madrina. Martina, quién además de dibujar y compartir mi amor por las hadas, se había convertido en mi socia a la hora de soñar. Tardes infinitas con las manos manchadas de acrílico, hojas y lapices desparramados por los suelos. Recortes de revistas, pegados para luego conertirse en parte de artículos nuestros. Ese es un gran recuerdo clave a la hora de descubrir porque se me paso por la mente convertirme en periodista. Porque además de dedicarme al arte, me apasionaba secretamente lo desconocido, consumida por la fantasía de descubrir cosas maravillosas a la hora de investigar.
     Pasando a otro capítulo de mi vida. Descubrí el amor por la actuación a los once años. Comedia musical para ser más precisa, eso fue suficiente para sembrar en mí, raíces firmes a la hora de pisar un escenario, de ser iluminada por las luces, de sentirme una con lo que interpretaba, de tomarle cariño a ese personaje que fingía ser. Un sinfín de emociones recorrían mi cuerpo la primera vez que me presente (actuando como maléfica), todos reían con mi personaje y me observaban como una especie de heroína. El majestuoso telón bordo enmarcaba lo que sería por siempre uno de mis recuerdos favoritos.
    Pasaron los años y volví a mudarme de provincia, esta vez abandonando por completo la ciudad del arte. Mendoza era mi nuevo destino. ¿Qué actividad había aquí que saciara por completo mi falta de escenario?. Pase años alejada de todo eso que me hacía bien, de todo lo que me relajaba por completo y me hacía ser un poco más yo.
>> Conocí a los catorce años, mi segunda mejor amiga en la provincia; quién compartió conmigo lo que era poder expresarse a través del canto, de manera menos estructurada a diferencia de participar en un coro. Así fue como comencé a asistir a clases particulares, a perfeccionarme, a usar eso como forma de Catarsis los sentimientos ocultos; porque cada vez que me sentía mal sabía que si cantaba las penas se desvanecían. Trate de aprender a tocar el piano y la guitarra sin sacar mucho provecho del asunto. Me quedó el alma grabada a fuego, después de tanto tiempo me había reencontrado conmigo misma, y supe en ese entonces que en alguna vida pasada yo había sido una Golondrina; porque sabía cantar y volaba sin rumbo a diferentes lugares, siempre acompañada con la expectativa de conocer nuevos horizontes.
        Me obsesionaba con fervor y efusión pertenecer al mundo artístico; tanto, que había sufrido el NO rotundo de mi canal preferido de la infancia (16 años. Nunca tuve suficiente inteligencia emocional. Menos en ese entonces que sentía tener un pie adentro de mi fantasía), a la hora de audicionar para un protagonico, el cual nunca fue lanzado al aire (mantendré el nombre de la empresa en anonimato); además de haber sido rechazada cuando intente ser modelo ("Mira esa carita, lastima las caderas" - eso fue todo lo que se necesite para abandonar esa toxicidad que me carcomía el hambre. 14 años). Aún así deje reposar mi sueño de ser una artísta reconocida, en lo profundo de mi ser, muy escondido, pero vivo, y con más ganas de resucitar que nunca.
>> No hay más nada que agregar, a la edad de diecisiete decidí animarme a bailar (y adentrarme por completo en la cultura Hip Hop). A probar eso que por tantos años había quedado pendiente. Era indiscutible que mis ansías por conocer cada recoveco relacionado al arte, se volvían cada vez más agudas.
    Y despacito, todos a mi alrededor me hacían conocer más y más eso que tanto me interesaba, y me dejaba tendida soñando despierta, con poder cumplir de una vez por todas mi deseo de ser lo que de verdad anhelo en esta vida. Pero aquí estoy, una utópica idealista, que no hace más que esperar a que el universo le conceda el deseo que pide cada noche al cerrar los ojos. Igualmente, sigo despejando las x's, y espero que pronto, el destino gire en torno a mi petición.


                                                                  - Con amor, una soñadora.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Pordioseras en vía aérea



     Usamos nuestras largas piernas como vehículo, cuando la distancia es corta o la plata no alcanza. Viajamos en bondi (los taxis no existen para nosotras). De noche, solas. Únicamente acompañadas por nuestro ángel de la guarda, o la suerte de ser una nomades protegidas por el universo.
     No nos gusta usar tacos. Fieles amantes de las zapatillas sucias y callejeras. Dejamos en el olvido nuestras épocas de glamour, reemplazando faldas por pantalones. Camisas de gasa por remeras, bolsos por bolsillos y mínimos accesorios para no tener que depender de nuestras pertenencias a la hora del olvido.
      La billetera vacía pide comida, pero esta noche no es su momento. Sacamos apenas los últimos veinticinco pesos que quedaban en ella. Volvemos a ser libres del dinero. Compramos alcohol, el más barato posible. Cortamos una botella de plástico que encontramos tirada en la plaza. No sé de donde adquirimos costumbres tan austeras, pero me gusta, eso nos hace ser un poco más nosotras.
      Nos encontramos volando sobre el pavimento, pitada tras pitada, bebiendo y escapando del tiempo. Desde afuera nos vemos desparejas, cada una tiene su propio mambo; pero adentro es tan armonioso como perfecto.
       Robamos tragos de los hombres. Nos hacemos amigas del barman. Aprovechamos oportunidades para embriagarnos gratis, porque somos así, tacañas y divertidas. Jóvenes y efímeras.
       Resplandecemos a la luz del amanecer como estrellas fugaces, y tenemos los parpados cansados, acompañados de sutiles aureolas moradas. Y sonreímos, con las piernas latiendo al compás de la caminata, y los hombros agachados. En silencio, porque llega a una hora que la compañía no se comparte con palabras, sino con presencia a lo largo de las desoladas calles matutinas.
   >> Volvemos a nuestras casas, nos recostamos (y agradecemos aquello), sin siquiera sacarnos el maquillaje ni la ropa. Y dormimos, conscientes que al despertar, todo lo que vivimos pareció ser un sueño.
 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Insomnio


  Hace días que no puedo dormir, o mejor dicho, descansar. El insomnio me desvela por completo, me come los parpados, me deja sentada en una silla escribiendo sin sentir, desconecta de la realidad, un poco ida, un poco yo, más desnuda y frágil, más sensible y catastrófica. ¿Cuál es la atormentada esencia que me hace ser así? Aún sigo sin abandonar a mis demonios. Esos que hacen de mis noches un infierno negro y caliente, algo parecido a mi habitación este momento.
    Por momentos siento como me besa la divina musa de la inspiración, pero la ignoro, no quiero que me ame cuando yo no la quiero a mi lado. No quiero que me atormente cuando lo único que quiero es descansar de mis recuerdos vacíos y putrefactos. Me recuesto sobre el colchón, las sabanas rosas  están hechas un bollo a los costados de mis largas piernas. Cierro los parpados bruscamente, son las cinco de la mañana y sigo despierta.
>>Un chispazo me hace reaccionar a la defensiva en segundos, veo una luz blanca al costado de la puerta. Tengo miedo, no sé que fue eso pero ya no son hadas para mí. Son fantasmas, mis propios muertos. Mis propios temores, haciéndose notar cuando solo hay oscuridad de por sí.
      Quiero dormir, pero lo único que hago es estar despierta, incluso cuando sueño.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Melancolía



    Borro una y otra vez líneas perfectamente imperfectas. No logro encontrar las palabras adecuadas para hablar de él. Su recuerdo cava profundo en mi ser, es como si de alguna manera absorbiera poco a poco lo que soy.
>>Lo veo, con tanta claridad que asusta, porque no necesito soñar para recordar lo hermoso que es a la luz del sol, y como su iris marrón se torna verde musgo en los días soleados, ni como sus dientes resplandecen cuando se ríe, mientras se achinan sus divinos ojos (y lo amo... muy despacito, porque duele amar tanto a alguien que no se puede tener) .
No puedo evitar extrañar esa forma que tiene de hablar, y lo cómoda que me siento a su lado. Y de repente soy yo, y no me importa si ambos nacimos en mundos diferentes y hablamos diferentes idiomas, porque lo quiero, y tal vez debajo de todas esas escamas, el me quiere a mí. Y el amor en esa pequeña fracción de eternidad resulta un tema tan simple.
    Nos encontramos sentados a las penumbras, apenas puedo ver su rostro iluminado de forma tenue por la luz luna, y sin saber porque, siento paz al mirarlo.
>> Me pregunta como estuve todo este tiempo, mis nuevos proyectos, (aunque en el fondo pareciera no interesarle toda la formalidad de la conversación) pide un pantallazo de mi vida, como si algo nuevo hubiese sucedido desde que nos vimos (exactamente dos años). Me río. No quiero contarle nada, solo quiero abrazarlo, sentir el calor de su cuerpo alrededor de mis brazos, emanando energía, dulce y ardiente magnetismo que hay entre nosotros; aún así, actuó de manera natural, y le cuento cada una de mis tragedias, sin embargo a su lado parecen mínimas expresiones de tristeza, como si de alguna manera apaciguara el dolor que a veces llevo en mí. Curándome, por tan solo unos instantes.
     Camina conmigo por el boulevard. Me despido de él. Sé lo que quiero, pero al mismo tiempo sé que no puedo. Deseo besarlo, tocar sus labios de terciopelo, fundirme en él, como cuando eramos jóvenes e inexpertos, acariciar su pelo, latir en sintonía con su corazón... pero tengo que tocar la tierra una vez más y atenerme a la única realidad que divide de forma indiscutible nuestra relación: La distancia.
     Sé que con cada beso me puedo enamorar más, aunque no sepa con exactitud lo que realmente es el amor, aún así lo siento tan real... cuando lo miro, cuando pienso en él, cuando reímos juntos, cuando lo extraño, y puedo verlo, sin hacer caso a la parte física, sino más allá de eso que se percibe. Veo su alma, y me siento completamente desnuda ante tanta inmensidad espiritual. Y deseo poner punto final a nuestra historia, sin embargo... 
     

lunes, 1 de diciembre de 2014

B A M B I - Introducción.



   Es invierno, pero Bambi parece no percibirlo. Lleva puesta una musculosa blanca (sucia de hace dos semanas) y un short una talla más chica de la que suele usar, esta descalza; lo único que hace lucirla como una mujer mayor son sus gafas, cuadradas y blancas, enmarcando el par espectacular de ojos color topacio.
   Desayuna parada al lado de la mesada de la cocina (observa el noticiero donde anuncian sobre un incendio, traga los cereales indiferente y cambia a los Simpson), siente que no tiene tiempo suficiente para disfrutar el sentarse y digerir como se debe. Esta apurada como siempre, es impuntual y de todas maneras aún la siguen perdonando en su trabajo; es tan brillante como catastrófica. Un tornado con delgadas y esbeltas piernas, para ser más precisos.
   Se viste formal a la velocidad de la luz, ni siquiera se peina, no lo necesita, es tan segura de sí misma que podría caminar desnuda por las calles de Madrid y aún así, nadie tendría el valor de juzgarla. Su imponente personalidad causa envidia a la mayoría de las mujeres, al igual que su belleza indiscutible. Es deseada tanto por el sexo masculino, al igual que el femenino (incluyendo a las heterosexuales), nadie puede evitar fantasear con ella.  Aún así, intocable. Y ahí se encuentra su magnetismo.
    Una palabra. 7 letras. Soltera. Edad: 27 años.
    Se encuentra en la cúspide de su carrera laboral, logro comprarse con su ascenso un departamento en la parte céntrica de la ciudad. Se viste con las mejores marcas, solo come en restaurantes y maneja un auto 0 km. En parte los hombres la ven como una amenaza, pero por otro lado se sienten atraídos ante semejante magnate con pechos (obviamente talla 100, operada por el mejor cirujano. El señor Carlos Villalba, no entraré en detalles porque sino pasamos a otra historia).
    Su rutina consiste en lo típico, estar en la oficina 8 horas. De almuerzo ensalada de atún, variando a pollo ahumado con tomates Cherry, o Sushi. Al salir del trabajo va al gimnasio, a veces se da un tiempo para hacerse la manicura, otras solo va a comprar ropa. Jueves por la noche sale con sus amigas de la secundaria (lo cual es un milagro que las haya conservado), y viernes al medio día visita a sus padres en Granada.
     Al volver a casa... Pots, un gato gordo y gris, acostumbrado únicamente a ella, de mal caracter y bastante mimado, la espera sobre el sillón marfil de la sala. Eso es todo, la vida de Bam se resume en una rutina indestructible, totalmente seguida a la perfección.
   
    Es martes por la tarde y se encuentra obligada a permanecer en su casa, esta nevando agresivamente y cancelaron una junta importante sobre los valores de la bolsa.
>> B descansa sobre el edredón blanco de su California King Bed. Al lado de ella, una taza de café negro, importado de Italia. 
Pots salta a la cama y se acomoda al lado de sus costillas, ella lo acaricia. En estos momentos es cuando se arrepiente de muchas decisiones a lo largo de su vida. Una de ellas fue decirle que no a la propuesta de matrimonio de Sebastián, novio de la universidad (tiempo récord en una relación, 3 años). Se podría decir que ambos estuvieron enamorados, pero como en la mayoría de los noviazgos, siempre hay uno que ama más, y en este caso, esa no era ella. 
    Mantendré la identidad del verdadero nombre de Bambi solo por el simple hecho de que ella me mataría si ustedes la llegaran a reconocer. 
     ¿De donde proviene su apodo? Bueno... podemos decir, volviendo al tema de su noviazgo, que el día que ella descubrió su poder sobre los hombres, fue con Gian Luca. 
       >> Abril de 2012. Enviaron a una representante de la empresa a Italia, tenían que cerrar un contrato millonario, y nadie mejor que la mujer más joven y destacada de la firma. Los ejecutivos conocían el potencial de dicha chica, era joven, audaz y capaz de convertir una corbata en moño. Así fue como en menos de dos horas, accedieron a vender la mitad de sus acciones a la dulce B. Con su voz suave y delicada, fue indiscutible que varios pretendientes se sumaran a su lista; aún así ella juraba serle fiel a su novio. 
       Finalizado el día todos querían llevarla a conocer la ciudad (falsa amabilidad que pudo desenmascarar perfectamente). Le dijo a todos que no, que tenía una amiga en la ciudad y había prometido cenar con ella. Poco a poco la lista de hombres fue desvaneciéndose. Eso le causo un cierto alivio, si había sido capaz de rechazar a esa cantidad sorprendente de admiradores, podría enfrentarse a cualquier cosa. 
      La hora bordeaba las 22:30. Sebastián la llamo para tener noticias sobre ella, hablaron 10 minutos y cortaron. Consiguió mesa en un pequeño y encantador restaurante. Sobraba una silla. Pidió pizza, la cual resulto ser  una explosión de sabores en sus papilas gustativas.Deseaba que su novio pudiera compartir ese momento con ella.

       - Discúlpame, ¿esta ocupando este lugar?
       - No - Respondió rápidamente sin siquiera mirar al que preguntaba.
       - Perfecto - Exclamó.

    Un hombre de tez dorada, la cual únicamente posee un surfista, se sentó en la silla. Ella lo mira sorprendida.

       - Veo que te gusto la pizza - Señala el plato vació y sucio - vamos a pedir el postre ¿te parece Bambina? 
       
    B estalla en carcajadas, aquella situación bordeaba entre lo fantástico y lo bizarro. Aún así prosiguió intrigada:

      - ¿Cómo te llamas "Bambino"? - pregunta en tono burlesco. 
      - Eso no es algo importante por ahora, solo quiero invitarte el postre  y confesarte que me quede atónito con tu presentación de hoy. 
      - ¿Qué?
      - Sorpresa - extiende su mano - Gian Luca Barbera, ejecutivo principal de Forks Agency. 

   De repente se ruboriza, pero luego le dirige una mirada furtiva. Hasta en la hora de la cena se encontraba rodeada de asuntos laborales.

      - Un gusto - aprieta su mano con más fuerza de la que debería - no quiero ser grosera, pero estoy cansada y en este momento quiero estar en paz, sola. 
     - Tranquila, no hablaremos sobre trabajo esta noche - levanta el dedo indice de la mano derecha - ¡Mozo, por favor, el postre de hoy! - el joven asiente y se pierde de vista ante ambos. 

     Un esplendido tiramisú se posa sobre la vista de B. Duda en aceptarlo hasta que cae en la cuenta de que ya había probado un bocado, y sería de muy mala educación rechazarlo en ese momento. 
Aquel hombre era encantador, dientes perfectos, cejas gruesas y castañas. Sus grandes ojos negros parecían contener a la propia galaxia de por sí, además de estar acompañados por unas arqueadas y largas pestañas.
      Se quedo observando una pareja de ancianos cenando, y comenzó a soñar despierta...con dejar de ser la chica tipo. 
>>Deseaba ser un desastre, tal como siempre había anhelado, pero nunca se daba el lujo de experimentar. Promedio 9,50 en su preparatoria. Las universidades le ofrecían becas por su destacada trayectoria. Correcta, católica, educada. Dejo de ser virgen con Sebastián y aunque le costo mucho librarse de la carga de no llegar casta al matrimonio, seguía siendo una mujer admirable (o eso decía el resto); pero en ese momento quería agradarse a sí misma, ser egoísta, tal vez él no lo sabría, tal vez lo que se le pasaba por la cabeza podía morir en Italia...

     - ¿Qué ocurre? Estas perdida - Aquella aterciopelada voz interrumpió por completo el hilo de sus pensamientos.
     - Llévame a tu apartamento - Escupió de modo tan robotico, que casi sonó a una orden. 
     - ¡Otra sorpresa! Ahora si que estoy encantado - Sonrió como el gato de Alicia en el país de las maravillas, exhibiendo su blanca dentadura, al igual que un juego de domino...  lo que sigue es obvio, pero ahí finaliza un crudo episodio de la metamorfosis de Bambi. 

Olvido



  Considero al hombre un total experto en la represión de malos recuerdos. Por consecuente el ser humano no olvida, en realidad acumula todo lo que le molesta en un recoveco de si mismo, y ahí esta, la ignorancia al dolor, de forma totalmente intencional.
  Me gustaría fingir que todo esto que digo es una completa locura, pero vivo a veces en carne propia el olvido voluntario a situaciones traumaticas, es decir, no recuerdo con total definición la primera vez que me rompieron el corazón; solamente tengo lapsos del momento. Me gustaría entender la fragilidad que poseemos a la hora de ser lastimados.
  Uno va por el mundo pensando en el por venir, sin notar que a veces estamos rotos por dentro y ni lo sentimos, ¿y todo esto, por qué? ¿por qué ignoramos al dolor de manera tan cotidiana?.
Hay una brecha invisible entre la ruptura de un corazón, no lo vemos, pero se encuentra trizado, y a veces su recuperación dura meses, pero en otros casos duele toda la vida.
  Rescato que aprendemos a convivir con el dolor, a hacer caso omiso a el ensordecedor grito de él, a ignorar cuanto pesa esté en el pecho, cuando duele cuando un recuerdo olvidado agolpa nuestros sentidos, cuanto extrañamos el poder tocar y tener al lado a esa persona; esa única persona en el mundo y toda la galaxia, que nos hace sentir infinitos, dichosos, plenos y amados.
  >> Debo admitir que con el pasar de los años confundí compañía con amor, y otras veces amor con compañía. Rompí varios corazones de manera inofensiva e inocente, y hago un mea culpa al respecto, pero no me hago cargo de las piezas rotas que hay en mí. No me hago cargo del dolor que siento hondo, parecido al de una neumonia, pero sin síntomas de muerte acechando. Y quisiera en este momento ignorar como siempre lo hice, el hecho de que estoy quebrada emocionalmente, pero la verdad me sofoca hasta el punto de la asfixia, y me deja indefensa ante el crudo mundo real.
   ¿Cómo puede ser que el dolor de un corazón no se olvida? 

Bichos



   Estoy en la cocina, acompañada del un silencio abismal que me rodea. Hay una luz fosforescente sobre el lavaplatos, se podría decir que estos son datos normales,  nada  extraño, en fin, a lo que voy es un caso que me llama la atención por completo; dos bichos.
   Estos se encuentran alrededor del foco, admirándola, quietos, tranquilos. Me pregunto si ellos saben que esa luz no es más que una ilusión óptica, tal vez están ahí buscando calor, tal vez les llamo la atención su luminosidad. Hay un montón de probabilidades de que los pequeños caigan muertos ante el contacto con ella, pero desconocen ese hecho. Aún así, son felices, adorando algo que solamente les traerá el deceso.
    Veo la situación desde otra perspectiva, me imagino a un humano alrededor de algo que adora, vicios en realidad. La codicia de siempre querer tener más, de acumular grandes cantidades de dinero; este podría ser un fiel ejemplo de como admiramos algo que solo atrae problemas, porque en alguna manera nos beneficia, y en otra parte debemos ser esclavos de él para poder seguir manteniendo un standar de vida.
    Esos bichos indefensos somos nosotros, cegados ante el poder, embobados con la belleza inocua de cosas inservibles.
    ¿Cuántas veces nos vimos así? Y nadie nos advirtió sobre el hecho de que morimos cada día ante la hermosura plástica de la sociedad. Quisiera decir que poseemos la suficiente autarquia para no depender de lo que nos venden, para hacernos valer por nosotros mismos... pero en realidad, no somos más que indefensos insectos encandilados artificialmente por la realidad.