lunes, 28 de abril de 2014
M S
Esta pequeña historia comienza como cualquier otro relato de amor, con simplicidades que se avecinan cuando se ve al ser amado que tanto uno desea, con esa aceleración del tempo en el corazón, con cosquillas en el estomago, nervios en la sien, sudoración en las manos y miradas fugaces.
Mía siempre fue una chica especial, desde pequeña ya se notaba su gran personalidad marcada, su soledad notoria y latente solía ser un tema de bromas privadas entre ella y sus amigas ("¿Acaso no te queres casar?", "¿De verdad te gustaría vivir sola con un gato?"). Con el paso de los años se desarrollo como persona, dejando atrás algunos aspectos de la infancia, creciendo poco a poco, madurando más rápido que los demás, de alguna forma siempre tuvo algo que nadie podía tener.
Debo admitir que el paso de la adolescencia en su vida no fue de los más satisfactoria, siempre había algo que faltaba, que sobraba, que molestaba, siempre insatisfecha buscando la quinta pata al gato. Había un secreto inconfesable que guardaba consigo misma, ese miedo a ser juzgada, esas ganas de gritar que censuraba para no alarmar a los demás.
Las relaciones no eran su fuerte, y era besada más veces de noche que de día, buscando en desconocidos amor pasajero, cariño ficticio, levantándose al otro día con el mismo hueco que cargaba consigo hora tras hora, sintiendo que no importaba a cuantas hombres besara porque al llegar el alba volvería a ser una calabaza, la plebeya de la historia, la actriz de reparto en su propia vida.
Había momentos que se desconectaba de si misma porque no aguantaba tener que ser lo que no era. Ignorándose hasta el punto de mentirse a sí misma, así vivía una y otra vez, eludiendo la verdad.
No es fácil reconocerse, muchos llevamos la vida entera buscándonos.
Juraría que cuando ocurrió era el momento indicado, llevaba muchos años diciendo que no, soñando con un sí real. Entonces el amor se presento a salvarla, de una manera tan desinteresada que era hasta extraño creer que de verdad estaba pasando, que por fin todos sus miedos se irían... se desvanecerían con tan solo un beso. No es fácil admitir lo evidente, tampoco confesar un amor, diría que el proceso inicial es bastante vergonzoso e inseguro.
Así fue que Mía se enamoro de Sabrina, sin rodeos, de una forma inocente, sin maldad ni prejuicios. No todas las historias de amor resultan exitosas al principio, pero debo admitir que está si lo es, porque no solo fue reciproca al instante sino que marco en cierta parte ambas almas, ambas vidas, las cuales nunca iban a volver a ser las mismas.
Lucharon por su amor hasta el hartazgo, cansadas de pelear con los demás, amándose en las invisibilidades de la piel, poco a poco, despacito, haciendo un mundo para las dos donde eran inquebrantables, nadie ni nada podía acceder a ese pequeño espacio que habían creado, esa fortaleza compartida, secreta e inifita.
Duele ver como el mundo todavía no acepta que el amor entre ambos sexos no es incorrecto, porque mientras lo sea, ¿Cuál es la equivocación?. En un planeta de imperfectos vivieron sin importar cuánto las juzgaran, su familia, sus amigos o desconocidos, porque a fin de cuentas el amor es universal, accesible y sanador; entonces todas las opiniones e impedimentos dejaron de aparecer, cesaron. Un final feliz comiendo perdices, porque se lo merecen y merecerán, y sí la sociedad no cambia con una opinión, hagamosla cambiar con un verdadero ejemplo de pasión.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario