miércoles, 2 de septiembre de 2015

PEVA



   Los días huelen a pino, y se siente el verdor flotando en el aire. Cuatro amigas se juran amor eterno, y graban en sus pieles una muestra de cariño. Duele, tinta, color, negro, sangre. Hay Fernet. Hay eternidad y juventud. Hay dinero y belleza prematura, ideales frescos y despiertos, ganas de querer estirar lo que en un momento pareció ser más que un instante. Y ahí están, cuatro, que se prometen todo sin decirse nada... hasta el momento que les miras la piel, cual cicatriz, dibujada y duradera.
   Miro para atrás con nostalgia, los recuerdos bombardean mi cabeza, y de repente extraño esa simpleza. Esa manera de ver la vida un poco más fácil y ligera, sin preocupaciones, ni distracciones. Nos avisaron, nos repitieron una y otra vez que no pidiéramos crecer, pero a veces la intriga puede al tiempo, y nos adelantamos a él. Truchamos documentos, nos maquillamos en exceso y usamos nuestras tácticas de coqueteo, todo para aparentar más edad, para entrar a eso que no nos dejan ver, y que dentro de unos años, será algo cotidiano. Y quemas fuerte todo lo que debías vivir, al punto de respirar lentamente las última cenizas que solían llamarse tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario