domingo, 1 de mayo de 2016
nublado
- ¿Desde cuándo se rompió la cafetera?
- Siempre estuvo rota
- Antes no estaba así
La verdad es que la cafetera está menos rota que mi corazón, o mis esperanzas, o siquiera las fuerzas que tengo dentro. Mentí con que eras un sol, volví a recordar toda tu violencia, tus gritos, el seseo constante cuando decís algo muy hiriente en voz baja, como una víbora, llena de veneno y odio. Enmascaras ante todos una faceta luminosa, pero aquí, ante los ojos del universo, no haces más que romper cosas.
¿Se puede amar y odiar a un padre? Sí. Se puede tener un nudo en la garganta por todo el dolor que te provoca, y sin embargo morir de ganas de abrazarlo todo un día. Sin embargo el dolor no cesa, el nudo en la garganta no se va y el perdón no se deslizará de mi lengua. No lo puedo perdonar. No puedo perdonar su infidelidad hacía mi madre, porque a pesar de ser problemas de pareja, yo crecí con una mentira. Crecí con una casa, con viajes y bienes materiales, pero crecí cegada.
A veces lloro porque ruego que mi hombre no se parezca jamas a mi padre. Dicen que tu marido es como tu papá, y eso es lo que más miedo me da. Tal vez no me case nunca, tal vez conviva, y pueda sostenerme por mi misma y aportar de igual manera en la casa, pero creo que no quiero firmar un papel que avale ante el estado, cosas que el corazón pregona.
Mirar a los ojos al enemigo, y amarlo, eso es una ambivalencia.
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