Una rosa descansa solitaria, yace sobre las aguas templadas de un vaso de vidrio, viste únicamente su color carmesí. Los pétalos de terciopelo se caen con el pasar de las horas, y queda así completamente desnuda, y a pesar de que la luz del sol baña su cuerpo, ella envejece y se destiñe. Se convierte en el claro abismo entre la vida y la muerte, para volver a ser lo que en un momento fue: un principio de algo.
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