miércoles, 22 de marzo de 2017
Mamá
Me pidieron que escribiera un hecho significativo con mamá o papá, pero la verdad es que no puedo elegir a ninguno de los dos, dado que si hablo de uno por consecuencia tendré que hablar del otro. En otra época ambos fueron inseparables y se movían con la delicadeza de una ameba. Pero tengo que decidir y retratar ese momento bisagra, el antes y el después, porque para todo siempre hay un hecho que sentencia quienes fuimos, quienes seremos y en base a qué resultados vamos a ser lo que somos.
No recuerdo cuantos años tenía, sé que era adolescente pero en mi cabeza hay una laguna mental que apaga la tristeza. La depresión es un fantasma que se apodera de las almas rotas, es casi imperceptible y se mete por debajo de la puerta, convive con la persona, desayuna y cena con ella, a veces ni siquiera le dice que coma, prefiere acostarla en la cama y hacerla dormir. Se alimenta de la angustia y crece paulatinamente, hace metástasis, y cuando pudiste notarla no hay brillo en las pupilas, solo dos grandes mares de oscuridad.
Mamá tenía todo eso, nebulosas en los ojos, y el rostro pálido, casi transparente. Se encerraba todo el día en su pieza, y se tapaba con el acolchado, lloraba, dormia, se despertaba, volvía a llorar, el ciclo nunca se cortaba. "Ma, si te hace tan mal separate" le dije. Fue así que comenzaron a desaparecer objetos, ropa, peliculas, libros de historia, la colección de gorras, su presencia, su olor en la almohada, la campera de polar negra que usaba cuando se iba a trabajar. La casa quedó completamente vacía de él. Podría jurar que los colores de las paredes ya no eran los mismos. Ella tampoco era la misma.
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