Miras para atrás, en ese entonces no tenías las arrugas
que hoy en día enmarcan tus ojos como cuadros, sino más bien llevabas dos
brillantes y vibrantes pupilas. Te preguntas en que momento te empezaste a
sentir viejo, pero no lo sabes, porque estabas tan preocupado en ocuparte de
vivir que dejaste escapar esos años de juventud.
Tal vez fuiste libre y
audaz, pero no lo recordas, porque todas tus vivencias se desvanecieron en el infinito
negro nebuloso; y ese aire del que tanto estabas acostumbrado a respirar, se te
escapa, como un ligero suspiro.
No hay cielo ni infierno
al partir, solo espasmódicos lapsos de energía y visiones. >>Estas muerto
y todos lo saben.
Vienen a celebrar en tu nombre energéticas bailarinas con vestidos
estampados de dálmata. Revolotean sus esbeltas piernas, y el encaje blanco de
las voluptuosas enaguas, parece flotar.
El escenario se eleva y
el techo se abre.
Los parpados se abren
violentamente y dan paso a la cegadora luz del hospital.
>> Ahora tenes la certeza de que no hay purgatorio, ni un túnel,
tampoco una voz guiándote, solo esa necesidad interna de aferrarse a la vida, aun
sabiendo que está en algún momento… se acaba.
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