martes, 24 de enero de 2017

Devendra



  Tenías un corazón tatuado arriba de tu pezón color durazno, y te recuerdo solo en los momentos efímeros de placer y oscuridad, porque ya nada me queda de vos, ni siquiera el amor. De vos me llevo los puchos y las comidas veganas, las películas que compartimos a la mitad, todos los artistas nuevos que me hiciste conocer, las pizzas que comí en tu cama, tu camisa negra de copas (esa misma que use la vez que perdí la virginidad con vos). De vos me llevo los recuerdos de verte bajar los tres escalones a la salida, alumbrado por una luz similar a la de una morgue, con esa gorra que nunca lavaste en todos nuestros meses de relación y tus camisas hawaianas arrugadas. De vos me llevo la textura aterciopelada de tu piel, tus tatuajes que en un momento logre memorizar para así cerrar los ojos y explorarte cuando no estuvieras a mi lado. No hay muchas más cosas, rescato lo sublime porque preferiría no mencionar la rutina en la que ambos caimos por una cuestión de comodidad. No quiero culpables, y a lo sumo si ese es el caso, quisiera sentir por un momento que no todo fue porque yo lo quise finiquitar. Te voy a ver el domingo, por eso te escribo. Voy a un concierto y va a estar tu banda de mierda, con sonido de mierda y cantante de mierda. Pensé en llevarte ese sweater azul que nunca quisiste que te devolviera, pero al mismo tiempo me gustaría quedarmelo y decir: "fue de mi primer novio, me cortó por mensseger, ¿que gracioso no?". Sí... muy gracioso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario