martes, 19 de diciembre de 2017
primera cita
Son las siete de la tarde y quedamos en juntarnos a las cuatro. Me tomo un micro, me encuentro en un punto de la ciudad que no conozco. Subo a un taxi por cinco cuadras, entiendo que estoy perdida en Buenos Aires. Lo veo del otro lado, todo vestido de negro, excepto por su campera de jean tan de los noventa. Se acerca y me saluda con un beso en la mejilla. Caminamos. El se ata los cordones de su zapatilla derecha. No tengo idea donde estoy y esa es la parte divertida. Lo sigo porque sé que sabe a donde ir.
Nos quedamos en un boulevard de concreto que simula ser una plaza, hay banquitos y la gente de Palermo sale a pasear perros. Él saca de su bolsillo un pica-pica rojo, arma un porro y lo prende con un encendedor amarillo. Se sostiene los rulos con la mano "siempre me quemó el pelo" dice.
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