jueves, 13 de septiembre de 2018

22



  Me dí cuenta que amo mi cumpleaños, la sensación, el sentir que todo el mundo direcciona un segundo de su día en decirme que me quiere y que me desea lo mejor. Es un momento donde me siento agradecida por la cantidad de amor que recibo.
El problema fue ayer, cuando habíamos quedado en almorzar, y yo me retrasé porque estuve en una esquina esperando a que se llevaran a un tipo que había estado convulsionando en la calle. Cuando llegaste yo te dije "estoy retrasada", y creí que no iba a ser escándalo. Que lo ibas a entender, pero te quedaste sentado lejos de mí, sin hablarme y con esa cara de orto que odio tanto cuando las cosas te molestan.
Había estado cocinando barritas de tofú porque me las habías pedido días atrás, y yo creí que era una buena idea hacer un puré de calabaza para variar de nuestro menú cotidiano. Pero las cosas no salieron bien y yo pegue un portazo. Nunca me había enojado con vos de verdad. Te grité, te dije que eras un egoísta, que te odiaba. Vos me recriminaste que yo no hablo, que podría haberte dicho cuando venías que estaba retrasada, así no te hacías una idea de lo que podía ser. Que tenías en mente otra cosa, venir, comer en 20 minutos, coger y salir a está reunión que teníamos. Porque sumado a todo esto, teníamos que encontrarnos con una mujer para ver un salón.
Me abrazaste y yo te dije que mi cumpleaños era mi día especial, que no se le hace a nadie eso, que no se le arruina el cumpleaños a una persona. Yo que esperaba que fuera mejor, viniste y me hiciste llorar el día entero.
Lloré en el subte, porque además me dijiste que había sido un pollito mojado con un tipo al que llamé para que fuera nuestro main sponsor. Porque estamos queriendo hacer un evento pero solo siento que corremos detrás de algo que no aparece. Sigo frustrada y dolida.
Lloré en la calle mientras caminábamos y me decías que lo hiciera más rápido, y yo te decía "por eso te dije que nos tomáramos un taxi". "No nos vamos a tomar un taxi por ocho cuadras", pero yo camino lento, te respondí. Seguí llorando hasta después de que termino la reunión, y nos sentamos en un café, y me dijiste que me amabas y que no habías entendido que me gustaba mi cumpleaños.
Cuando me fui a cursar llore en el bondi.
Dicen que el amor es todo menos dolor. ¿Entonces por qué me duele?
En el departamento, mi tío había decorado el living con globos y un cartel que decía feliz cumpleaños. "El sí te conoce" me dijiste, y vi en tus ojos que estabas arrepentido por todo lo que había pasado.
Antes de tomarme el bondi me dijiste "creo que esto nos va a servir para saber comunicarnos mejor". Ojalá todo eso no hubiese pasado el día de mi cumpleaños.
A la noche comimos risotto, tomamos vino y escuchamos música. Tal vez mi tio no lo sepa nunca, pero me salvó el cumpleaños.
Vos me trajiste la torta con la velita prendida.
Creo que fue tu manera de hacerte cargo y pedir perdón.
Ahora me queda a mí olvidar todo, como siempre lo hice con las cosas que duelen.

No hay comentarios:

Publicar un comentario