jueves, 23 de enero de 2014

Creciendo

  Quisiera creer que no crecí de golpe, que estoy dormida con ocho años soñando con mi adolescencia, que todavia mamá me levanta, me ayuda con las tareas, puedo comer sin engordar, divertirme sanamente y por sobre todo tener la inocencia que un momento uno va perdiendo a lo largo de los años.
Si tuviera una maquina del tiempo me diría tantas cosas, pero más que nada escucharía a mis papas, quienes me decían que no pidiera crecer... tal vez hubiese estado más tiempo jugando que deseando ser mayor; pero acá estoy, en el año limbo, donde todas las decisiones que voy a elegir van a  repercutir a lo largo de mis días, como el decidirme por una carrera, en saber que prioridades darle al último año, en saber si la carrera que estoy apostando es la correcta, en no escuchar a esos "No te pongas de novia antes de Bariloche" etc etc.
   ¿Cual era la necesidad de crecer? Si tuviera que elegir, sería chica por siempre, no por el hecho de que uno elude responsabilidades y cree que el dinero que sus padres sacan del banco es puramente gratis, sino que cuando uno es pequeño tiene 100% de bondad.
Veo día a día como la gente se nutre de malas energías, como el trabajo, el dinero, y todas las metas pendientes en una lista diaria, aburren. No quiero dar consejos porque no soy adulta, pero estoy segura que la clave es nunca perder la esencia, y cuando hablo de la esencia, hablo de ese brillo que aparece en una carcajada genuina, de esa picarda infantil que resurge en el momento que nos conectamos con un recuerdo gracioso, o de esa inocencia que a veces se asoma en alguna charla donde hay asuntos desconocidos, pienso que todos deberíamos llevar un "Principito" en el alma, para no envejecer, no estéticamente, sino espiritualmente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario