domingo, 26 de enero de 2014

Efímeros recuerdo de un verano

    Lo conocí en otra realidad. Punto. Punto, punto. No sé como comenzar, diría más bien que lo conocí cuando lo necesitaba, aunque en realidad yo no sabía eso, más bien lo descubrí cuando lo perdí, a la vuelta de mis vacaciones veraniegas.
   Siempre traté de escribir sobre esto pero nunca daba resultado, no sé si es porque no puedo describir perfectamente cada sensación que experimente en su momento, o porque bloqueo varios recuerdos que hoy (en esta realidad) se encuentran muy lejanos. Nunca comprendí como un amor tan efímero podía doler tanto; los dos sabíamos que eso que "teníamos" se iba a acabar, ya sea por la distancia, por la edad o por cualquier otro factor x que se interpusiera entre nosotros.
  Sea cual sea, la magia que hace enamorarse dos personas en verano puede ser eterna, y así fue como dos veranos seguidos lo amé, lo amé con tal locura y devoción que aquel amor, puro, inocente y prematuro, marco mi alma por siempre.
  Aquellos dos veranos me enseñaron cosas que tal vez hoy no recuerdo para proteger mi frágil memoria, y mi adolorido corazón, pero restando eso, aprendí mucho, y hasta hoy recuerdo con dulzura y nostalgia aquello que un momento me hizo sentir plena, más bien, una persona totalmente amada.
Las personas se pueden enamorar un montón de veces (o eso creen) pero si hay algo de lo que yo no dudo, es que siempre nos enamoramos diferente, es por esa misma razón que aquel amor de verano fue único en toda su extensión, y al mismo tiempo finito.
No podía no darle importancia a un hecho tan importante en mi vida, así que si en algún momento, por coincidencias de la vida, terminas acá, leyendo esto, solo quería darte las gracias... por amarme.

                                                                                                                                                          G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario