viernes, 4 de julio de 2014

Señales


 Minuto mil trescientos ochenta y seis, por enumerar de alguna manera el tiempo relativo que hay en mi cabeza, porque puede ser que haya pasado exactamente esa cifra, pero al mismo tiempo puede que no, porque hoy estoy pero no estoy, y esa es la clave de mi soledad; estar ausente en un mundo de presentes.
  Me desinspira mi cómoda situación de desconformidad, quejándome sin poder hacer nada al respecto, limitada, no logro encontrar solución a aquello que algunos.. solo algunos, llaman "problemas".
  A veces pienso que todo es producto de mi cabeza, el aislamiento voluntario ayuda a que conspire en mi contra, así soy, mi propia enemiga. Rondan por mi cabeza incertidumbres que no logro persuadir. Tanto silencio se vuelve abrumador, mucho espacio para devanarme los sesos pensando en la nada misma, mucha paz para atormentarse, mucha soledad.
  Señales que se ignoran, señales que nos dibujan el camino correcto y al esquivar la mirada se difuminan con la realidad, se alejan. ¿Cuántas señales son necesarias para aprender a equivocarse?. Cada vez que escribo llego a la misma conclusión, que nunca voy a entender lo que en verdad digo, sino más bien, entro en estado de trance, y al finalizar cada frase me auto-analizo, porque eso es lo que las grandes almas torturadas hacen; escarbar poco a poco en los putrefactos cadáveres que hay en nuestro interior, únicamente con el fín de encontrarse.
   Cada error que realizo me hace más humana, frágil y vulnerable, como si de a poco me quitarán capas, esas que me protegen de la superficie que tanto temo, que tanto lastima. Llego a un extremo de desnudez que atemoriza, ese punto donde no hay quien nos comprenda y resguarde de eso que no conocemos.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario