sábado, 5 de julio de 2014
Soledad de aquellas
Lo ves, tiene la mandíbula tensa y la mirada perdida, hasta ese momento que te observa con aquellos ojos negros y vacíos, inspeccionando cada parte de tu ser, martilleando tus sentidos. Se acerca, esta vez te sonríe, aún así estas tensa, impaciente. Sabes lo que queres, él también. Sin cruzar palabra alguna apoya su mano en tu mejilla, como una especie de permiso, un lenguaje que apenas ustedes dos comprenden. Se acerca despacio pero seguro, y te besa. Ambos mundos colisionan. Tu lengua baila al compás de la suya. Nunca nadie te beso así.
Se siente bien encajar con alguien a la primera vez, la química entre dos completos desconocidos, buscando enloquecidamente eso que apodado "amor", conocido como cariño, bueno... más bien, un mito entre tantos otros.
Todo va de maravilla, por un momento sentís que de verdad te aman, que de verdad se aman, como si se conocieran, como si ese momento fuera real.
Al otro día te levantas con más ganas de olvidar que de seguir, porque no importa que tan amada te hayas sentido la noche anterior, al abrir los ojos siempre vuelve el mismo sentimiento de soledad, el cual te impulso a actuar de tal manera; sin importar que tanto se hayan besado esa noche, no sabes su nombre, ni su canción preferida, tampoco su cumpleaños.
Tus parpados ceden ante el cansancio, pero esta vez el mareo le gana a la voluntad, estas mareada, atontada. No distinguís si las ganas de vomitar provienen de la resaca o de la propia angustia de no estar conforme con tu situación actual. Pasan las horas ¿Cuánto puede durar esta tortura? No lo sabes, porque no mediste lo que tomabas. Esa noche no eras vos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario