lunes, 16 de febrero de 2015
Wiwo
Cinco chicos se encuentran refugiados en el bunker del tiempo. Una simple habitación amarilla, llena de gritos escritos. Dos mujeres. Tres hombres. Tres con los ojos alegres, dos con los ojos alertas. Ellas son invitadas a volar, ellas aceptan, ellas vuelan a la par, todos vuelan, todos volamos, estamos conectados, estamos pero no estamos, ¿se entiende?.
La música comienza a sonar, llenando de emociones los espacios en blanco. Nos encontramos en una selva amoblada. Ahí no duele el tiempo, flotamos en el espacio. Comprendemos que reír es la única manera de amar, de sobrevivir ante tan inmensa ruta de asfalto gris. Nos gusta ser jóvenes e irracionales, quemarnos la garganta de humo gris, llenarlo de nubes esponjosas, y dejarlo escapar, tal como un suspiro, despacito.
El sol se cuela por el cristal e ilumina la parte trasera del cabello de Nicolas. Su pelo azabache contrasta mejor con la luz de la tarde. Rima va, rima viene. Las carcajas burbujean la traquea como el gas de la coca cola al subir a la superficie del vaso. Estamos sentados como indiecitos, alineados perfectamente los unos con los otros. Y no puedo dejar de amarlos, ni siquiera un segundo.
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