jueves, 29 de enero de 2015

Cerebro en off



     Nos besamos en el medio de la acalorada múltitud. Todo estaba normal, perfecto. Me encontraba acompañada del baterista más lindo de la ciudad, disfrutando de buena música, bajo un cielo encapotado de estrellas fundidas en el azul Francia de la noche ¿que más pedir? ¿que más desear? en ese momento me sentia plena a su lado; sin embargo todo se vio desvanecido por la famosa "Palida". Empece a escuchar una canción, la cual no recuerdo el nombre, y por consecuente comencé a adentrarme en ella, hasta el punto de sentir que está traspasaba los poros de mi piel y se mimetizaba directamente con mi alma. Aquel concepto me aterró, el estar teniendo ese contacto sobre natural con la música me dejo aturdida. Quise evitar el hilo de mis pensamientos y dirigi la vista hacia un espectaculo de colores y formas, rodando en una gran pantalla. No es necesario decir que es la peor idea que se me pudo haber ocurrido, porque al quedarme hipnotizada por el corto, comence a llevar esos mismos colores (rojo y azul marino) a las personas. Al pasar el minuto pude observar como todo giraba en espirales y como poco a poco el aire se iba escapando de mí, ¿acaso la muerte se sentía así?.
      Lo miré, tal vez pidiéndole perdón, y le dije que me sentía mal, en el fondo de mi subconsciente sabia lo que me estaba sucediendo. Al principio hizo caso omiso, pero luego al ver que se me cerraban los parpados de manera involuntaria, tomó mi mano. ¡Bum!, primer flaqueada, las piernas se tornaron gelatina y el cerebro se apaga. ¡Bum!, segundo round, me levanta y me siento ida entre sus brazos, puedo percibir todo lo que pasa en mi entorno, pero aún así no puedo reaccionar, no puedo ver a la gente, no puedo escuchar, solo estoy siguiendo su mano. Tercer round, me desmayo entre la innumerable cantidad de personas a mi alrededor. Estoy perdida en un laberinto oscuro. Él me salva, el me lleva hacía las afueras del corazón de la locura.
     Respiro aire, puedo sentirlo, puedo percibir como entra despacito en mí, y va limpiando de a poco toda la oscuridad que conlleva esta terrible y desconocida Palida, la cual se manifiesta sin previo aviso, y te desploma, en tan solo tres jugadas. La situación comienza a esclarecerse, es como si hubiese tenido un par de nubes obstruyendo mi vista, como si de repente una ventisca las ayuntara a todas por completo, devolviendome la claridad de la noche. Salvándome de las ganas de morir.

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