lunes, 5 de octubre de 2015

Primavera gris



  Me pedí a mi misma abandonar la mera ilusión de encontrar el amor en cada esquina. Me dedique a reírme de a ratos con la esperanza de sanar en mí los pequeños pedazos de mi alma, esparcidos estrategicamente en lugares que poco conozco, y no deseo conocer. Decidí profundizar en mí los recovecos sucios de mis pensamientos, conocer las partes oscuras que coexisten silenciosamente; el esperar que alguien venga a limpiar todo el hollín de mi ser, era practicamente el rol de Rapunzel, mirando al horizonte con el cabello fuera de la ventana, con la expectativa de que un gran principe venga a rescatarme de aquella cueva personal, esa que construí con los años, temerosa a querer, o mejor dicho, quererme.
   Me encontré a mi misma un día de primavera (el cual se asemejaba más a uno de invierno) esperando el micro. Prendí un pucho, el frío glacial acaricio mis mejillas, mi garganta ardio en calor, alce la vista y observe las nubes, la tenue luz gris que bañaba la calle Coronel, y la soledad, esa confidente invisible, me acompañaban. Y no necesite a nadie. Y no quise a nadie más a que a mi misma, y me ame. Sin querer.

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