martes, 18 de octubre de 2016
Volví de las tinieblas, y acá estoy.
Acá estoy de nuevo, me animo a escribir, a escribirme, me animo a sentenciarme con mis frías palabras, me animo a decirme todo lo que pienso pero no quiero admitir. Acá estoy, otra vez, desnuda ante las palabras que guardo en mi inconsciente, ese mismo donde puedo acceder cada vez que mis dedos se conectan con mis pensamientos flotantes, vagos y transparentes como un fantasma.
Soy la sucesión de todas las cosas que me pasan, soy la causante, soy el problema y soy la solución. Soy la piel que a veces rechazo y soy la misma que me acuna, y me cuida, de este mundo, de esta vida que duele y sangra. No escribo, cada vez que vengo a este lugar afloran mil sentimientos negros y grises, y tristes, de esos mismos colores que intento anular una y otra vez, pero lo juro, a veces vivo en un día nublado constante. A veces mi visión se obnubila ante las lagrimas que golpean mis parpados, furiosos, como olas en una tormenta, y recuerdo que estoy aquí momentáneamente, es así que me consume una angustia avasalladora, como si me recordara constantemente que estoy aquí para vivir y morir, tan simple como eso. ¿Cuándo desapareceré? ¿cuántas veces morí esta semana?
Acá estoy de nuevo, pensando que me tendré que ir de esta ciudad, de mis calles, de mis amigos, pensando que a veces huyo de todo lo que me hace bien buscando otra cosa, otra explicación. Me pregunto si estoy haciendo lo correcto, y lloro, lloro tanto que los días no alcanzan. Necesito 50 horas en un día para llorar tranquila, y acostarme en la cama, y sentir que el cuerpo pesa tanto como un lingote de oro. Sentirme enferma, decaída, sin ganas de salir de casa o de interactuar, sentir que tengo mil y un responsabilidades y que a pesar de ello, no soy responsable de mi misma, de mis acciones, de mis sentimientos. Acá estoy, escupiendo versos, letras, veneno mental. Si me lees, hacelo con cuidado, a veces las almas más torturadas son las mas encantadoras. Acá estoy, escapando de cualquier indicio de amor en el exterior. Acá estoy, esa es la única afirmación. Acá estoy. Viva. Yendo a la facultad en micro, mirando la ventana sucia y llena de gotas, esas mismas que se forman cuando me siento desdichada y vacía. Acá estoy, abrazame.
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