miércoles, 19 de octubre de 2016
Epistolar
Mariano está de novio con Jazmín, quién actualmente se fue a vivir a Buenos Aires. Él, amante de Tierra del Fuego, decide quedarse en la ciudad, aún así deciden mantener una relación a distancia. Lo singular y extraño de todo esto, es que pactaron únicamente comunicarse por cartas, para así mantener el romanticismo y toda la mítica que conlleva esperar en el correo. Es así, como llega la primera carta.
5 de Septiembre, 2005
Mariano:
Debe ser una tarea muy ardua el amar constantemente la distancia. No nos conocemos, pero tu carta llego a mi puerta por sorpresa. Al principio me alarme, luego, la leí, no pude evitarlo y te pido disculpas por eso. Voy a tomarme el atrevimiento (ya rompí todas las reglas protocolares posibles) y responderte varias cuestiones que le preguntabas a Jazmín, quién por clara deducción, debe ser tu novia.
Buenos Aires es hermoso, mucho más en otoño. Lo lindo de la ciudad es sentarte en un bar que tenga una ventana que de a la calle, esa es mi parte preferida. Para ello primero hay que abrigarse, en lo posible tener una buena bufanda, y pedir un café doble. Para acompañar toda esa secuencia, lo ideal es tener un buen libro, no mencionaré a Cortázar porque perdería todo el encanto y recaería en lo común, pero si se puede, tal vez algún libro de poesía, de algún autor que no tenga nombre y su tapa sea más fea de lo que crees.
Me olvide de presentarme, me llamo Paulina, soy diseñadora gráfica y tengo treinta años. ¿Cuántos años tenes amigo Mariano?. Lamento nuevamente haber interceptado la carta tan romántica y nostálgica que le enviaste a tu enamorada, pero dadas las circunstancias, esto ya esta escrito, y pronto llegara a tu domicilio.
Le preguntaste a Jazmín si sentía sola por las mañanas. Que tramposo de tu parte, ¡seguro querías hacerla llorar en esas líneas! tal vez esperabas que en los versos próximos de su respuesta, te dijera que te extrañaba tanto que no podía respirar. En lo particular, Mariano, yo sí me siento sola, pero por suerte tengo un gato que se llama Elvis, y le gusta mucho el rock and roll y mirarme desayunar.
¿Vos te sentís solo por las mañanas? o mejor dicho, ¿te sentís solo por las noches?. Mariano, te invito a desayunar a Buenos Aires, si es que decidís mantener una relación epistolar conmigo. Podemos hablar de música, literatura y política, podemos hablar de los misterios del universo y porque siempre la ley de murphy se aplica a todas las aristas de la vida. Mariano, que lindo nombre, te dejo mi dirección y le reenvió la carta a tu novia, viva donde viva.
Tal vez luego de esto me contestes, o tal vez estas palabras queden suspendidas en el vacío. Lo único que me deja tranquila es que me anime a escribirte. Tal vez porque me sentía un poco sola, y esta ciudad a veces te devora por completo y te escupe en pedazos. La urbe es más cruel de lo que parece.
Te invito al cine, a alguna muestra de arte, algún museo que no este de moda, no vayamos a ver a Yoko Ono, mejor vamos a alguna muestra underground que hable de todos los tabúes que nosotros no nos animamos a debatir. Te invito un café en la calle Humberto primo y Perú, exactamente San Telmo. Te invito al mercadito de antigüedades para que podamos jugar como niños. Podemos ir a algún toque y tomar cerveza hasta que nos duela la cabeza.
Mariano, te invito a la ciudad de la furia.
Con cariño, tu amiga epistolar, Paulina.
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