Escribir siempre fue unos de mis métodos preferidos a la hora de emplear catarsis; aunque a veces pareciera que las palabras no alcanzan para retratar sentimientos.
Hay muchas cosas que siempre quise comprender, pero a la hora de buscar el porque, desisto. Me doy cuenta que sólo escribí a lo largo de mis días sentimientos grises y oscuros, olvidándome de esos que tanta alegría me dieron.
Es complicado tratar de ver el lado positivo cuando a veces sentís que tocaste fondo, y nada en ese momento te puede salvar, impulsar hacia la superficie.
Evadir la realidad se vuelve un oficio, un arte. Es tan fácil callar a la cabeza, pero tan difícil censurar el corazón.
Estoy de nuevo yendo a un lugar del que estoy cansada de recurrir, pero en cierto modo se volvió un refugio, algo de lo cual tendré que abandonar previamente, porque estas cosas no duran para siempre. O al menos eso dicen.
Me gustaría sentirme menos así, menos esto, menos tanto. Anestesiarme, porque el arte nunca nace de la felicidad.
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