miércoles, 26 de noviembre de 2014

Carta de un muerto a un difunto


  La llave conoce su lugar perfectamente, sabe que con dos vueltas abre la cerradura; sabe que esa cerradura abre la puerta de tu casa, lo que en realidad no sabe es cuanto no deseas que esa llave sea  la correcta, sino más bien, que falle, porque hoy no queres volver. 

      Los borceguís se ensucian con la propia mierda que hay en la zona, pero no te importa, estas acostumbrado al ambiente. Llevas el arma al costado de tu pecho, aferrada en dirección al horizonte, tal vez buscando algo a través del cielo gris.
      El suelo esta perfectamente perimetrado, conoces cada recoveco de memoria, sabes las próximas jugadas, pero aún así siempre terminas desprevenido. Carmesí. El aire se te escapa de los pulmones, sentís arena en la garganta, y sabes que llego tu hora.
      Sentís el frío en la sien, y es reconfortante de alguna manera. Esas voces que tanto te atormentan por fin se van a callar. La mano te tiembla, pero los dedos no, y sabes, sabes muy bien, que en realidad esa es la única manera de activar el gatillo.

       >>Ya no podes llamarlo "hogar", porque eso solo ocurre cuando te sentís a gusto en tu propia casa.
        Nadie entiende porque lo hiciste, porque no avisaste. Tus padres se desvelan por las noches tratando de comprender que hicieron mal, cuando fue el momento que gritaste en silencio y ellos no te escucharon, cuando fue que cediste ante la soledad y te dejaste consumir por tus miedos. Hay muchas preguntas, pero mamá y papá solo van a descansar el día de su muerte; porque los mataste cuando el plomo te pulverizo.
       Quieren rezar por vos, pero no entienden que después del apagón todo termino. No es por pesimista, ni realista, es solo por pura experiencia;  morí miles de veces y sé que seguido a esto no hay más que polvo y oscuridad. Igualmente de un muerto a otro muerto, si yo tuviera la valentía tuya... apretaría el gatillo. 

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