De repente empece a amar esas zapatillas de el que detestaba, comencé a amar la forma en la que se veía con su campera de cuero, y su jean gris. La forma en la que enciende un cigarrillo y parece no saber que se ve espectacularmente bien. Como su mano prolijamente en mi cintura, parece haberse creado específicamente para mi.
Amo ese espacio nebuloso, de aire caliente, que respiramos cuando atolondradamente nos besamos en la oscuridad. La galaxia que existe entre la yema de sus dedos y mi piel. La cristalina transpiración de su cuerpo junto al mío. Sus manos recorriendo cada recoveco de mi ser.
Estoy enamorada de la calma que emanan nuestras almas. Puedo sentir la comodidad del silencio recorriendo la pequeña habitación, atormentada de ropa, toda tirada por el suelo.
Sus ojos infinitos que me miran más allá de las pupilas. Luz de sol que ilumina su rostro adormecido. Nos besamos. Limón. Amarillo. Lo amo. Nunca ame tanto a alguien como a el.
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