A veces cuando se me pasa el micro, pienso en todas las coincidencias y casualidades que debieron ocurrir para que yo lo perdiera ante mis ojos. Una de las primeras teorías es que tal vez no debía tomarme ese, sino que debía esperar al siguiente en donde te subías vos. Lo sé, llegar tarde tiene su consecuencia, pero no vale la tristeza cuando se me viene a la mente, el cruzarme con tus ojos. Aún así sigo esperando existir en tu mundo. Saludarnos con un beso en la mejilla, y que la mano en el hombro se vaya transformando en una tocadita de cintura.
Te sueño, esa es la razón exacta de que vivas en mis pensamientos. Espero todos los días cruzarme con vos para cerciorar de que sos real, de que no te imagine, de que en verdad estas hecho de carne y hueso, y tenes sentimientos, gustos y miedos, tal como yo.
Es absurdo pero el sentir que estas cerca me pone nerviosa. El saber que tus ojos se voltearon para mirar los míos, es una de las consecuencias más hermosas que pude haber experimentado jamás.
Y estoy enamorada, no de una utopía, tampoco de una idealización. Estoy enamorada de la expectativa de conocerte, y saber que eso puede desembocar en una verdadera historia de amor, que vengo esperando hace años. Y en estas instancias, vos sos el indicado. Y careciendo de pruebas y fundamentos, te elijo, y se que vos me elegís a mi, apostando más a la suerte que a la certeza.
Por divina coincidencia, perdí el micro, y me cruce con la suerte de tus pupilas. Nos toco viajar, juntos, por quién sabe cuantas eternidades.
Tu mano y la mía, tus ojos, tu respiración cerca, una mirada tierna que se convierte en hábito, los puchos compartidos, las canciones cantadas, y en el fondo de eso, dos locos que se aman como si el mundo no existiera. Y esa fue la suerte de perderme en el viaje, y encontrarte como pasajero.
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