miércoles, 21 de diciembre de 2016

Hernan no duerme



 


    Una vez más te encontras entre la dualidad de ser o no ser. O mejor dicho dicho “ser lo que queres” o “no ser lo que soñas”, porque para ser lo que uno desea debe tirar por la borda muchas cosas, es un salto al vacío, el impulso y la misma gravedad darán por finiquitado aquel acto ciego ante el deseo; sin embargo no ser lo que soñamos puede ser un poco menos violento, ¿cuánta gente es lo que no es no es?, luego de convivir con la frustración resulta una compañía cálida:

  - Siempre quise ser jugador de futbol, viste. En el barrio los pibes me habían apodado el Maradona de outlet. Sé que suena burlón… y compararme con ese chabón es pretencioso, pero realmente era un pibito con todas para ganar.
 - ¿Y qué pasó?
 - Tal vez lo que les pasa a todos. Las vicisitudes de la vida, el tener que sobrevivir, trabajar de cosas que no te gustan para pagar un alquiler, la comida o tus propios placeres.
- ¿Y no crees que estas a tiempo?
- No querido, a mí el tiempo se me fue hace años.

   Hernán trabaja de repositor en una Supermercado Chino. Vive a dos cuadras del obelisco, pero se va en bici al laburo. Tiene 26 años, un perro que se llama “Chico” y una novia que vive en Belgrano. Los jueves se junta con Alfonso, un conocido de la facultad que se convirtió en su mejor amigo.  Para él, tomar una birra y charlar de lo miserables que podemos llegar a ser, le resulta terapéutico.
   Hace unos días fue a la casa de sus padres. Luego del asado y el helado, comenzó a revolver sus antiguas pertenencias en el cuarto empolvado de su adolescencia. Encontró una caja llena de recuerdos, medallas de su club, fotos con amigos en cumpleaños, un osito que le había regalado Jimena (su novia a los quince años), y así, millones de disparadores que lograron corromper por completo su estabilidad. Hernán hace años que no sueña con nada, eso lo hizo sentirse un poco abatido, un simple obrero de una gran cadena capitalista.
   Después de verse a sí mismo en la adolescencia, y comparándose con su “Hernán del futuro”, pudo dilucidar el trayecto apático que recorrió para llegar a su actual empleo. En realidad había dejado de estudiar diseño gráfico, porque no se sentía lo suficientemente creativo, y tenía la visión de recorrer Europa, ahorrando con un mal empleo. Las cosas nunca salen como Hernán las desea, y poco a poco sus ganas de viajar se fueron transparentando con el cansancio de la monotonía, hasta convertirse en una delgada proyección de sí mismo.

  Una vez más son las cinco de la mañana y el insomnio se convierte en el tercero en discordia:

     - Hernán,  ¿podes dormir o aunque sea bajarle el volumen a la televisión?
     - Ninguna de las dos.
     - ¿Qué te pasa?
     - Creo que hace años vivo por inercia.
-   ¿Y eso no te deja dormir?
-     No, mejor dicho no me deja soñar.

 

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