viernes, 30 de diciembre de 2016
Que mal que hace fumar
PARTE 1
Esa noche me embriague de expectativas ante la esperanza de verte atravesar la puerta principal. Luego de dos horas di por hecho que no ibas a aparecer, así mismo me olvide de que te estaba esperando, sin embargo apareciste antes de que tocara tu artista favorito y mis piernas comenzaron a temblar. Necesitaba un cigarrillo, algo que me distrajera del asunto, aunque era imposible disociar el cuerpo y los pensamientos que circulaban por mi mente.
La terraza era pequeña y tus ojos nunca se encontraron con los míos. En mi cabeza idee veinticinco formas de hablarte: "¿tenes fuego?" me parecía la más simple, pero si me decías que no te iba a responder gracias para luego girar el torso y seguir mi camino. Pense en ponerme a tu lado, de causalidad, pero ese día había organizado todos los movimientos que haría a tu alrededor y no quería sobrepasarme del plan.
Bailabas al compás de un acorde oxidado y eléctrico, tu cabello lacio flotaba en el aire cada vez que balanceabas tu cabeza, izquierda-derecha, con una energía exorbitante. Camisa floreada, pantalón y zapatillas negras, tus tobillos al aire, tu corte taza, tus labios y ese porro que te ofrecieron, el humo que se disipa al ser expulsado de tus pulmones, tu mano y una birra, tu rostro calmo ante la música, y yo del otro lado, en el túnel equivocado del pogo (en los pogos siempre se hacen túneles, y esos mismos túneles te llevan a alguien).
PARTE 2 Estoy en una fiesta con mis amigos, la muerte de un año se avecina y es tiempo de mutar de piel. Bailo sin parar toda la noche y te vuelvo a encontrar entre la multitud, esta vez si estoy en el tunel correcto. Desplegas tu hermosa sonrisa y achinas los ojos, a estas instancias dudo quien de los dos esta más borracho. Mis amigos me mandan a comprar un trago y yo accedo unicamente porque te veo zigzaguear a la barra. Me apoyo en ella y espero a que me atiendan. Estas a mi lado y por un segundo mi corazón palpita a una velocidad alucinante. Trato de no mirarte porque no quiero que veas que me gustas tanto como imaginas. Aún así el que pregunta "¿tenes fuego?" sos vos, y esta vez sí te miro, y me sumerjo en esas lagunas topacio, iluminadas por el amanecer. Meto la mano en el bolsillo y te entrego un Mini Bic verde manzana, del mismo color que las flores de la camisa que tenías la primera vez que te conocí. Te prendes un pucho y sonreís: - Hola.
- Hola. Extendes la mano y el suave tacto de tu palma con la mia nos descarga una electricidad acumulada por quien sabe cuantas vidas. Sonrio, me olvide que trago iba a comprar, pero la confusión de tenerte cerca resulta encantadora: - Te quiero besar. - Yo también - confieso. - Vamos a un lugar secreto.
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