jueves, 8 de junio de 2017

esto lo escribí cuando tenía novio pero ya no lo amaba



   Se juntan a las once de la noche, cocinan, ven televisión, se besan y garchan, tras realizar el acto se separan, ella duerme por su lado y él también. Lo que verdaderamente ocurre es que la cama tiene una temperatura de tres grados bajo cero, y a pesar de la compañía, el colchón es un pedazo de hielo que flota en el océano. Los besos, las caricias, abrazos y lágrimas, se disipan ante la paulatina implosión del desamor. Los cimientos se desmoronan, el tic tac del reloj sigue marcando, y los días avanzan violentamente. Los labios se besan, las manos se tocan, pero están lejos. Hubiese deseado que la última vez fuera como las primeras: apasionadas, tiernas, delicadas y fuertes, donde jadeabamos y nos decíamos al oído que nos amabamos con tal intensidad que las piernas parecían gelatina, y el corazón bombeaba melodiosamente.
   

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