jueves, 8 de junio de 2017
Luna llena en sagitario
Hoy es uno de esos días donde mi corazón es un torbellino de aire seco y árido. No hay mucho por decir, tampoco por sentir. Me recuesto en la oscuridad y miro la vida de los demás, todas tan interesantes por internet, tan dinámicos, llenos de filtros y boomerangs. Un momento en Instagram tiene veinticuatro horas de vigencia. Un día entero para existir y luego desaparecer, así de frágil es la realidad.
Almuerzo sola y a pesar de salar en exceso el brocoli, esté no tiene sabor. Los colores de la habitación son fríos aunque la estufa este encendida. Una luz blanca alumbra el living del departamento, me siento a comer con la televisión encendida. Los sonidos circundantes hacen que me sienta menos sola. Mastico indiferente, tomo agua, veo tres capítulos seguidos de Girls. Sigo sola. Me siento sola. No me acostumbro a estar conmigo misma. Tener demasiado tiempo libre puede causar estragos emocionales.
En otra época de mi vida me vi rodeada de personas que me hacían compañía pero no me respetaban. Hablaban encima de lo que decía, y para no herir mi pequeño ego, terminaba las frases aunque ya nadie me estuviera escuchando. Cada escena de ninguneo quedó grabada en mi cabeza. A veces, cuando estoy hablando, tiendo a sorprenderme si me prestan atención. Me acostumbre por dos años a hablar para rellenar, como ahora, que pongo Girls al máximo para sentir voces en la habitación.
El sin sabor de crecer es un mareo constante. Nauseas y hambre. No tengo un plan y la ansiedad me aniquila las neuronas. No sé que voy a hacer al final de toda esta búsqueda. Leí por ahí que buscarse es alejarse también de nosotros mismos. Es como vivir la vida de alguien más, pero por alguna extraña razón, sabes que es la tuya. Me extraño. Extraño mi brillo, mis ganas de abrazar el mundo. Hoy soy ese tipo de personas que odio: las que no se encuentran.
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