miércoles, 21 de febrero de 2018

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    Pasan los minutos y solo quiero bajar a abrirte, verte esperando afuera, los dos separados por una puerta de vidrio grueso y viejo. Rodear mis brazos en tu cuello, como si fuera un ancla que encuentra tierra firme. Abrazarte. Darte un beso, preguntarte como te fue, escuchar la alarma de la puerta del edificio que suena con bronca porque todavía no cerramos.
Sentir como caminas detrás mío, y nos subimos al ascensor. Aprieto un botón y llegamos al sexto piso. Por fin estamos de nuevo en un mismo espacio físico, que puede ser la cocina, el living o mi cama. Me gusta despertarme a tu lado, y ver como la luz se cuela por los huequitos de la persiana. Estamos tan de vacaciones.
 

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