miércoles, 26 de marzo de 2014

Complejo emoción

 La vida es como una gran casa, se construye de pilares, si estos no son fuertes la estructura se derrumba, y así comienza de nuevo un proceso de restauración, hasta que la casa se convierte en un hogar, y el hogar en una vivienda; más bien una vivienda de nuestras propias emociones.
 El espacio esta dividido en habitaciones ¿Se imaginan si la envidia y el amor estuvieran juntos? Probablemente su convivencia se convertiría en una guerra, no dejarían dormir a los demás habitantes en paz, es así que cada uno descansa en su espacio, y solo sale cuando desea, o cuando la situación lo demanda.
 Me pasó muchas veces en construir grandes torres para el techo de mi casa, aquella protección de chapa y tejas que serviría de coraza, solo por si alguien quería pispear adentro. Mala mía. No siempre resultan duraderos nuestros brazos, esos que nos salvarían de cualquier mirada ajena. ¡Plaf! Otra vez la casa se derrumba. Algunos cuartitos quedaron ilesos, el señor rencor no deja de quejarse que lo levantaron de la siesta, se encuentra muy molesto; tristeza solo llora porque se quedo sin ventana, y ella ama los amaneceres tanto como la melancolía. "Tenemos que reconstruir esto" dijo optimismo, pero como siempre su fiel archi enemigo lo tira abajo "No va a funcionar, dalo por hecho, siempre te hacen caso a vos y ¡mira como terminamos!" Exclamó con tanta furia que despertó a pereza, quien yacía sobre los escombros sin haber sentido el mayor impacto de la tragedia.
 Mientras tanto, la lucha interna de emociones agobiaban a su dueño, el monopolizador de todo ese barrio de chusmerio y chistes. Esa misma tarde decidió que era momento de evacuar a todos, nadie ayudaba en nada, no le hacían ningún bien, así que los echo... pero se olvidó de alguien, ese alguien dormía en el sótano, no molestaba, tampoco lloraba o cantaba, solo se mantenía en la oscuridad para ahorrar energías. Don soledad, un viejo inquilino que pocas veces había sido visto en público,a él le gustaba mantener su figura a la par del misterio.
Pasaron los días y varios propietarios querían volver a sus hogares, hacían pancartas, bullicio, algunos balazos al viento se escuchaban, pero nada funcionaba, la entrada al complejo estaba clausurada. Horas. Días. Meses. Don soledad paseaba de aquí para allá con su tacita de café, mientras que exteriormente el dueño sufría de una gran depresión.
 Un día de aquellos la muerte fue a visitar al respetado soledad, sin previo aviso irrumpió en el ambiente tranquilo de aquel sentimiento. "Vengo a llevarte" finiquitó la parca, "En tus sueños" contrarresto el hombre.  Una incansable discusión hizo que su dueño llegara al punto de optar por el dulce filo de una navaja. Días después apareció en el hospital.
 Blanco. Blanco. Blanco. Solo podía percibir ese color. Soledad se había ido luego de aceptar un pacto con la calaca. Ambas sensaciones abandonaron tierra firme.
 El lugar por dentro era un desastre, escombros, suciedad, pedazos rotos de cosas rotas que en algún momento tuvieron un significado, todo ahí era desilusión y olvido. Esperanza fue la primera en ser voluntaria al proyecto, comenzó poco a poco a enmendar piezas quebradas, luego positivismo limpiaba los rincones; así fue como el complejo volvió a tener habitantes, de forma paulatina pero sencilla.
 El dueño estaba a gusto con su nuevo hogar pero aún así sentía la falta de alguien. El amor. Quien lo había abandonado una fría noche de enero: "Hace tanto que no pasas por acá, las cosas cambiaron, te lo aseguro" Suplico al ver que por fin le había atendido el teléfono.

- Hola... - Dijo de nuevo con las valijas en mano.

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